La Oración

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La oración logra más por la ganancia de las almas que las meras palabras

Satanás está en vuestro camino. Es un adversario artero, y el espíritu maligno con que tropezáis en vuestro trabajo es inspirado por él. Aquellos a quienes él dirige se hacen eco de sus palabras. Si se pudiera descorrer el velo que cubre sus ojos, los que trabajan de esta suerte verían a Satanás ejerciendo todas sus artes para ganarlos para sí desviándolos de la verdad. En la tarea de rescatar almas de sus engaños, se realizará mucho más por medio de la oración humilde hecha con el espíritu de Cristo que utilizando muchas palabras sin oración.—El Colportor Evangélico, 113. Or 55.1

Dios está llamando a jóvenes modestos, silenciosos, de mente sobria, y hombres de edad madura bien equilibrados en sus principios, que puedan orar y también hablar, que se pongan en pie delante de los de más edad y traten con respeto a las canas. Or 55.2

La causa de Dios está sufriendo por falta de obreros que tengan comprensión y poder mental. Hermanos y hermanas, el Señor os ha bendecido con facultades intelectuales capaces de vasto desarrollo. Cultivad vuestros talentos con fervor perseverante. Educad y disciplinad la mente por el estudio, la observación y la reflexión. No podéis encontraros con la mente de Dios a menos que pongáis en uso toda facultad. Las capacidades mentales se fortalecerán y desarrollarán si salís a trabajar con el temor de Dios, con humildad, y con una ferviente oración. Un propósito resuelto realizará milagros. Sed cristianos abiertos, firmes y decididos. Exaltad a Jesús, hablad con amor, referid su poder, y así permitiréis que vuestra luz brille sobre el mundo.—Notas Biográficas de Elena G. de White, 303. Or 55.3

Es más necesario orar que cantar. Comenzad a orar por las almas; aproximaos a Cristo, colocaos más cerca de su costado sangrante. Permitid que un espíritu humilde y sereno adorne vuestras vidas, y haced que vuestras peticiones fervientes, sinceras y humildes asciendan hacia Dios en busca de sabiduría, para tener éxito en la salvación no solo de vuestra propia alma, sino también de otras almas. Orad más de lo que cantáis. ¿Acaso no tenéis más necesidad de orar que de cantar? Jóvenes y señoritas, Dios os pide que salgáis a trabajar para él. Cambiad radicalmente vuestro comportamiento. Podéis realizar una obra que no pueden hacer los que ministran en palabra y doctrina. Podéis alcanzar a una clase de personas sobre la que el ministro no puede ejercer influencia.—Testimonios para la Iglesia 1:449. Or 56.1

Oremos fervorosamente en beneficio de quienes deseamos visitar, llevándolos con fe viviente, uno a uno, ante la presencia de Dios.—Consejos sobre Mayordomía Cristiana, 198. Or 56.2

Debieran trabajar entre los humildes, los pobres y los oprimidos. Debiéramos orar por y con los desvalidos que no tienen fuerza de voluntad para controlar los apetitos que las pasiones han degradado. Debe realizarse un esfuerzo fervoroso y perseverante para la salvación de las personas en cuyos corazones se ha despertado el interés.—Consejos sobre la Salud, 388. Or 56.3