Testimonios para la Iglesia, Tomo 7

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En el campo

Mientras asistía a la reunión campestre de Los Ángeles, en agosto de 1901, en las visiones de la noche me hallaba presente en una reunión de junta. Se estudiaba la cuestión del establecimiento de un sanatorio en el Sur de California. Algunos sostenían que este sanatorio debía construirse en la ciudad de Los Angeles y puntualizaron las objeciones a establecerlo fuera de la ciudad. Otros presentaron las ventajas de localizarlo en el campo. 7TPI 85.1

Entre nosotros había Uno que presentó este asunto muy claramente y con la mayor sencillez. Nos dijo que establecer el sanatorio dentro de los límites de la ciudad sería un error. Un sanatorio debería poseer la ventaja de tener tierras abundantes, para que los inválidos puedan trabajar al aire libre. El trabajo al aire libre es de un valor incalculable para los pacientes nerviosos, pesimistas y débiles. Al usar el rastrillo, el azadón y la pala, hallarán alivio para muchos de sus males. La inactividad es la causa de muchas enfermedades. 7TPI 85.2

La vida al aire libre es buena para el cuerpo y la mente. Es la medicina que Dios ha diseñado para la restauración de la salud. El aire puro, el agua limpia, la luz del sol, y los hermosos parajes naturales son sus medios para devolverle la salud al enfermo, en armonía con la naturaleza. El acto de recostarse a la luz del sol o bajo la sombra de los árboles es más valioso que la plata y el oro para el enfermo. 7TPI 85.3

En el campo nuestros sanatorios pueden estar rodeados de árboles y flores, de huertos y viñedos. Aquí los médicos y las enfermeras pueden sacar fácilmente de la naturaleza lecciones que enseñan acerca de Dios. Conduzcan ellos a sus pacientes hacia Aquel cuya mano creó los elevados árboles, el alfombrado pasto y las flores hermosas, y anímenlos a ver en cada brote que surje y en cada capullo que se abre una expresión del amor divino hacia sus hijos. 7TPI 85.4

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Es la expresa voluntad de Dios que nuestros sanatorios se establezcan tan lejos de las ciudades como sea prudente. En la medida de lo posible estas instituciones deberían situarse en lugares tranquilos y apartados, donde se tenga la oportunidad de instruir a los pacientes acerca del amor de Dios y del hogar edénico de nuestros primeros padres, que será devuelto a los seres humanos gracias al sacrificio de Cristo. 7TPI 85.5

En los esfuerzos que se realicen para restaurar la salud de los enfermos se deberán utilizar las cosas hermosas de la creación del Señor. Las actividades tales como la observación de las flores, la recolección de frutas maduras, y escuchar los cantos felices de las aves, producen un efecto peculiarmente beneficioso sobre el sistema nervioso. De la vida al aire libre, hombres y mujeres y niños experimentan el deseo de ser puros y sin mancha. Mediante las influencias de las propiedades reanimadoras y vivificantes de los grandes recursos medicinales de la naturaleza, se fortalecen las funciones del cuerpo, se despierta el intelecto, se aviva la imaginación, cobra vida el espíritu y la mente se prepara para apreciar la hermosura de la Palabra de Dios. 7TPI 86.1

Los enfermos recobran la salud cuando estas circunstancias se combinan con la influencia de un tratamiento cuidadoso y de una alimentación sana. El paso débil recupera su elasticidad. El ojo recobra su brillantez. El desesperanzado vuelve a tener esperanza. El semblante, abatido hasta hace poco, luce ahora una expresión de regocijo. El sonido quejumbroso de la voz se ve reemplazado por un tono de contentamiento. Ahora las palabras expresan la convicción de que “Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones”. Salmos 46:1. Se ha vuelto brillante la esperanza nublada del cristiano. Se ha recuperado la fe. Y se oyen las palabras: “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento”. “Engrandece mi alma al Señor; y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador”. “El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas” Salmos 23:4; Lucas 1:46-47; Isaías 40:29. La mente se vigoriza al reconocer que es la bondad de Dios la que provee estas bendiciones. Al ver que sus dones son apreciados, Dios está muy cerca y se muestra complacido. 7TPI 86.2

Cuando se creó la tierra, era santa y hermosa. Dios declaró que era buena en gran manera. Cada flor, cada arbusto y cada árbol, respondían al propósito de su Creador. Había hermosura en todo lo que podían observar los ojos y su contemplación llenaba la mente con los pensamientos del amor de Dios. Al inducir al hombre a pecar, Satanás abrigaba la esperanza de contrarrestar la corriente del amor divino que fluía hacia la raza humana; sin embargo, en lugar de lograrlo, su obra no hizo más que poner en evidencia manifestaciones nuevas y más profundas de la misericordia y la bondad de Dios. 7TPI 86.3

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Nunca fue el propósito de Dios que sus hijos vivieran amontonados en las ciudades, apiñados en apartamentos y buhardillas. Al comienzo colocó a nuestros primeros padres en un jardín, en medio de preciosos paisajes y de los sonidos atractivos de la naturaleza, y esos son los mismos paisajes y sonidos en los cuales anhela que el hombre se regocije todavía hoy. Mientras más nos acerquemos a andar en armonía con el plan original de Dios, más favorable será nuestra posición para recobrar la salud y preservarla. 7TPI 87.1