Mensajes Selectos Tomo 2

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Lecciones aprendidas durante los meses de sufrimiento

He estado soportando una gran prueba a causa del dolor, el sufrimiento y la impotencia; pero con esto he obtenido una preciosa experiencia más valiosa que el oro para mí. Cuando me convencí de que debía abandonar mis planes de visitar las iglesias de Australia y Nueva Zelandia, me pregunté seriamente si acaso había sido mi deber salir de los Estados Unidos para venir a este país lejano. Mis sufrimientos eran agudos. Pasé muchas noches insomnes repasando nuestra experiencia desde que salimos de Europa para los Estados Unidos, y esto ha constituido un motivo constante de ansiedad y de sufrimiento, y ha sido una carga gravosa. Luego me dije: ¿Qué significa todo esto? 2MS 275.4

Repasé cuidadosamente la historia de los años recientes y la obra que el Señor me pidió que realizase. El no me falló ni una sola vez, y con frecuencia se manifestó a mí en forma notable, y vi que no tenía nada de qué quejarme, sino que en lugar de eso poseía preciosas cosas que corrían como hilos de oro a través de mi experiencia. El Señor comprendía mejor que yo las cosas que necesitaba, y sentí que me estaba atrayendo muy cerca de sí, y que debía tener cuidado de no dictar a Dios lo que debía hacer conmigo. Esta falta de resignación a mi suerte se dio al comienzo de mis sufrimientos e impotencias, pero no pasó mucho tiempo hasta que sentí que mi aflicción formaba parte del plan de Dios. Descubrí que al estar medio acostada y medio sentada podía colocarme en una posición en la que podía utilizar mis manos estropeadas, y aunque sufría mucho dolor pude escribir bastante. Desde que llegué a este país, he escrito 1.600 páginas de este tamaño. 2MS 276.1

“Sé a quién he creído”

En los nueve meses pasados, durante muchas noches no pude dormir sino dos horas, y algunas veces me veía rodeada de tinieblas; pero en esas ocasiones oraba, y obtenía un dulce confortamiento al acercarme a Dios. Se cumplieron para mí estas promesas: “Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros” (Santiago 4:8); “Porque vendrá el enemigo como río, mas el Espíritu de Jehová levantará bandera contra él”. Isaías 59:19. La luz del Señor me iluminó por completo. Jesús estuvo confortadoramente cerca, y encontré que era suficiente la gracia que me había sido dada, porque mi alma se afirmó en Dios, y tributé abundantes alabanzas a Aquel que me amó y se entregó a sí mismo por mí. Pude decir llena de contentamiento: “Yo sé a quién he creído”. 2 Timoteo 1:12. “Fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar”. 1 Corintios 10:13. Con la ayuda de Jesús he llegado a ser más que vencedora, y he mantenido el terreno ganado. 2MS 276.2

No puedo leer cuál es el propósito de Dios en mi aflicción, pero él sabe qué es lo mejor, y le encomendaré mi alma, mi cuerpo y mi espíritu porque él es mi fiel Creador. “Porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día”. 2 Timoteo 1:12. Si educásemos y preparásemos nuestras almas para tener más fe, más amor, una mayor paciencia y una confianza más perfecta en nuestro Padre celestial, sé que tendríamos más paz y felicidad cada día a medida que pasamos por los conflictos de esta vida. 2MS 277.1

Al Señor no le agrada que nos alejemos de los brazos de Jesús a causa de nuestra impaciencia y nuestra zozobra. Es necesario que haya más espera y vigilancia serenas. Pensamos que no vamos por el camino correcto, a menos que tengamos la sensación de ello, de modo que persistimos en contemplarnos interiormente en busca de alguna señal que cuadre a la ocasión; pero no debemos confiar en nuestros sentimientos sino en nuestra fe. 2MS 277.2

Andad por fe

Una vez que hemos cumplido con la Palabra escrita, según nuestro mejor conocimiento, debemos andar por fe, ya sea que experimentemos una satisfacción especial o no. Deshonramos a Dios cuando mostramos que no confiamos en él después de habernos dado tales evidencias maravillosas de su gran amor manifestado al dar a su Hijo unigénito Jesús para que muriera en nuestro lugar, a fin de que creyésemos en él, que afirmásemos nuestras esperanzas en él, y confiásemos en su Palabra sin una sombra de duda. 2MS 277.3

Seguid contemplando a Jesús, continuad orando con fe silenciosa, proseguid apoderándoos de su fuerza, ya sea que experimentéis algún sentimiento o no. Seguid avanzando sin vacilación, como si cada oración ofrecida hubiese sido colocada en el trono de Dios y contestada por Aquel cuyas promesas nunca fallan. Proseguid adelante, cantando y entonando melodías a Dios en vuestros corazones, aunque os encontréis deprimidos por una sensación de peso y de tristeza. Os digo como alguien que sabe, que la luz vendrá, que tendremos gozo y que la niebla y las nubes serán rechazadas. Y así pasaremos del poder opresivo de las sombras y las tinieblas al sol brillante de su presencia. 2MS 278.1

Si manifestáramos más nuestra fe, si nos regocijáramos más en las bendiciones que ahora tenemos—la gran misericordia, la paciencia y el amor de Dios—cada día tendríamos más fuerza. ¿No poseen acaso las preciosas palabras pronunciadas por Cristo, el Príncipe de Dios, una seguridad y un poder que deberían ejercer gran influencia en nosotros, para hacernos creer que nuestro Padre celestial está más deseoso de dar su Espíritu Santo a quienes se lo piden de lo que los padres están para conceder buenas dádivas a sus hijos? 2MS 278.2

Deberíamos dedicarnos cada día a Dios y creer que él acepta el sacrificio, sin examinar si acaso poseemos ese grado de sentimiento que pensamos debe corresponder con nuestra fe. El sentimiento y la fe son tan diferentes como lejano está el oriente del occidente. La fe no depende del sentimiento. Debemos implorar fervientemente a Dios y con fe, haya o no sentimiento, y luego debemos vivir de acuerdo con nuestras oraciones. La palabra de Dios constituye nuestra seguridad y evidencia, de modo que después de haber pedido debemos creer sin dudar. Te alabo, oh Dios, te alabo. No me has fallado en el cumplimiento de tu palabra. Te has manifestado a mí y soy tuya para hacer tu voluntad. 2MS 278.3

Velad tan fielmente como lo hizo Abrahán para que los cuervos o las aves de presa no se posen sobre vuestros sacrificios u ofrendas a Dios. Hay que cuidar cada pensamiento de duda, de tal modo que no salga a la luz del día por haberlo expresado. La luz siempre se aleja de las palabras que honran a los poderes de las tinieblas. La vida de nuestro Señor resucitado debería manifestarse diariamente en nosotros. 2MS 279.1

El camino al cielo es estrecho e incómodo

¿Cómo es el camino que nos lleva al cielo? ¿Es un camino lleno de conveniencias invitadoras? No, sino que es un sendero estrecho y aparentemente incómodo; es un camino donde hay conflictos, pruebas, tribulaciones y sufrimientos. Nuestro Capitán, Jesucristo, no nos ha ocultado nada concerniente a las batallas que debemos pelear. Despliega el mapa delante de nosotros y nos muestra el camino. Nos dice: “Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán”. Lucas 13:24. “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella”. Mateo 7:13. “En el mundo tendréis aflicción”. Juan 16:33. El apóstol se hace eco de las palabras de Cristo: “Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios”. Hechos 14:22. Bien, ¿es el aspecto desanimador el que debemos mantener delante de los ojos de la mente?... 2MS 279.2

Reunid todas las promesas

Este es Jesús, la vida de toda gracia, la vida de toda promesa, la vida de todo rito y la vida de toda bendición. Jesús es la sustancia, la gloria, la fragancia y la vida misma. “El que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”. Juan 8:12. Por lo tanto, el camino real que se ha dado a los redimidos para que anden por él no constituye tinieblas desanimadoras. Si no fuera por Jesús, nuestro peregrinaje verdaderamente sería solitario y doloroso. El dice: “No os dejaré huérfanos”. Juan 14:18. Por lo tanto reunamos todas las preciosas promesas. Repitámoslas durante el día y meditemos en ellas durante la noche, y estemos gozosos. 2MS 279.3

“En aquel día dirás: Cantaré a ti, oh Jehová; pues aunque te enojaste contra mí, tu indignación se apartó, y me has consolado. He aquí Dios es salvación mía; me aseguraré y no temeré; porque mi fortaleza y mi canción es Jah Jehová, quien ha sido salvación para mí. Sacaréis con gozo aguas de las fuentes de la salvación. Y diréis en aquel día: Cantad a Jehová, aclamad su nombre, haced célebres en los pueblos sus obras, recordad que su nombre es engrandecido. Cantad salmos a Jehová, porque ha hecho cosas magníficas; sea sabido esto por toda la tierra. Regocíjate y canta, oh moradora de Sion; porque grande es en medio de ti el Santo de Israel”. Isaías 12:1-6. 2MS 280.1

¿No es éste en verdad un camino real por donde viajamos, establecido para que anden los redimidos del Señor? ¿Podría habérseles proporcionado una senda mejor? ¿Un camino mejor? ¡No! ¡No! Por lo tanto practiquemos la instrucción dada. Veamos a nuestro Salvador como nuestro refugio, como nuestro escudo en la mano derecha para defendernos de los dardos de Satanás. 2MS 280.2

Nos asaltarán las tentaciones, y nos oprimirán las preocupaciones y las tinieblas. Cuando el corazón y la carne están listos para flaquear, ¿quién nos rodea con sus brazos eternos? ¿Quién pone en práctica la preciosa promesa? ¿Quién nos hace recordar palabras de seguridad y esperanza? ¿La gracia de quién se da en abundancia a los que la piden con sinceridad y verdad? ¿Quién es el que nos imputa su justicia y nos salva del pecado? ¿La luz de quién rechaza la niebla y la bruma, y nos coloca en la luz de su presencia? ¿Quién sino Jesús? Entonces amadlo y alabadlo. “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!” Filipenses 4:4. ¿Es Jesús actualmente un Salvador viviente? “Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios”. Colosenses 3:1. Resucitamos con Cristo. Cristo es nuestra vida. Mediante su misericordia y su amor benévolo se declara que somos un pueblo escogido, adoptado, perdonado y justificado. Por lo tanto ensalzad al Señor.—Carta 7, 1892. 2MS 280.3