La Historia de la Redención

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La transfiguración

La fe de los discípulos se fortaleció muchísimo en ocasión de la transfiguración, cuando se les permitió contemplar la gloria de Cristo y escuchar la voz del cielo que daba testimonio de su carácter divino. Dios decidió dar a los seguidores de Jesús una prueba contundente de que era el Mesías prometido, para que cuando vinieran el amargo pesar y la desilusión de la crucifixión no perdieran por completo su confianza. En el momento de la transfiguración el Señor envió a Moisés y a Elías para que hablaran con Jesús con respecto a sus sufrimientos y su muerte. En lugar de elegir a los ángeles para que conversaran con su Hijo, Dios envió a los que habían pasado por las vicisitudes de la tierra. HR 212.2

Elías había andado con Dios. Su obra había sido penosa y difícil, porque el Señor había reprendido los pecados de Israel por su intermedio. Era un profeta de Dios; no obstante, se vio obligado a huir de lugar en lugar para salvar su vida. Sus propios connacionales lo perseguían como si fuera una bestia feroz, para destruirlo. Pero Dios trasladó a Elías. Los ángeles lo llevaron en gloria y en triunfo hasta el cielo. HR 212.3

Moisés fue más grande que todo otro hombre que haya vivido antes que él. Fue grandemente honrado por Dios, y tuvo el privilegio de hablar con el Señor cara a cara, como alguien cuando habla con su amigo. Se le permitió ver la luz resplandeciente y la excelente gloria que rodean al Padre. El Señor libró por medio de Moisés a los hijos de Israel de la esclavitud egipcia. Fue intermediario entre Dios y su pueblo, y a menudo se interpuso a la ira de Dios. Cuando el enojo del Señor se encendió grandemente contra Israel por su incredulidad, sus murmuraciones y sus graves pecados, el amor de Moisés por ellos fue sometido a prueba. Dios le propuso destruirlos y hacer de él una poderosa nación. Moisés manifestó su amor por Israel al suplicar fervorosamente en su favor. En su angustia oró a Dios para que desviara su fiero enojo y perdonara a Israel, o eliminara su nombre de su libro. HR 212.4

Moisés pasó por la muerte, pero Miguel descendió y le dio vida antes que su cuerpo viera corrupción. Satanás trató de retener ese cuerpo, pretendiendo que le pertenecía; pero Miguel lo resucitó y lo llevó al cielo. El enemigo se quejó amargamente contra Dios, acusándolo de injusto al permitir que le fuera arrebatada su presa; pero Cristo no reprendió a su adversario, a pesar de que el siervo de Dios había caído como resultado de sus tentaciones. Mansamente remitió el caso a su Padre: “El Señor te reprenda”. Judas 9. HR 213.1

Jesús dijo a sus discípulos que había entre ellos algunos que no pasarían por la muerte hasta que vieran que el reino de Dios descendía con poder. Esta promesa se cumplió en ocasión de la transfiguración. El rostro de Jesús estaba transformado y resplandecía como el sol. Su túnica era blanca y fulguraba. Moisés estaba allí para representar a los que serían levantados de entre los muertos en ocasión de la aparición de Jesús. Y Elías, que fue trasladado sin pasar por la muerte, representaba a los que serán transformados en inmortales cuando Cristo venga por segunda vez y sean trasladados al cielo sin pasar por la muerte. Los discípulos contemplaron con asombro y temor la excelsa majestad de Jesús y la nube que los envolvió, y escucharon la voz de Dios que con majestad terrible exclamó: “Este es mi Hijo amado: Oídle”. HR 213.2