La Historia de la Redención

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La columna de fuego

“Y partieron de Sucot y acamparon en Etam, a la entrada del desierto. Y Jehová iba delante de ellos de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarles, a fin de que anduviesen de día y de noche. Nunca se apartó de delante del pueblo la columna de nube de día, ni de noche la columna de fuego”. HR 125.1

El Señor sabía que los filisteos se opondrían a que pasaran por su tierra. Dirían: “Huyeron de sus amos en Egipto”, y les harían guerra. Por lo tanto, al enviarlos por el camino del mar, se reveló como un Dios compasivo y criterioso. El Altísimo informó a Moisés que Faraón los perseguiría, y los dirigió al lugar exacto donde deberían acampar ante el mar. Le dijo que sería honrado ante Faraón y todo su ejército. HR 125.2

Después que los hebreos estuvieron fuera de Egipto algunos días, los egipcios dijeron a Faraón que sus esclavos habían huido y que nunca más regresarían para servirlo. Y se lamentaron por haberles permitido salir de Egipto. Era una pérdida muy grande para ellos el no contar más con sus servicios, y se arrepintieron de haberles permitido salir. A pesar de todo lo que habían sufrido por los castigos de Dios, estaban tan endurecidos por causa de su permanente rebelión, que decidieron perseguir a los hijos de Israel para llevarlos a la fuerza nuevamente a Egipto. El rey encabezó un gran ejército y seiscientos carros y los persiguió, y los alcanzó cuando estaban acampados junto al mar. HR 125.3

“Y cuando Faraón se hubo acercado, los hijos de Israel alzaron sus ojos, y he aquí que los egipcios venían tras ellos; por lo que los hijos de Israel temieron en gran manera, y clamaron a Jehová. Y dijeron a Moisés: ¿No había sepulcros en Egipto, que nos has sacado para que muramos en el desierto? ¿Por qué has hecho así con nosotros, que nos has sacado de Egipto? ¿No es esto lo que te hablamos en Egipto, diciendo: Déjanos servir a los egipcios? Porque mejor nos fuera servir a los egipcios, que morir nosotros en el desierto. Y Moisés dijo al pueblo: No temáis; estad firmes, y ved la salvación que Jehová hará hoy con vosotros; porque los egipcios que hoy habéis visto, nunca más para siempre los veréis. Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos”. HR 125.4

¡Cuán pronto perdieron los israelitas su confianza en Dios! Habían visto todos los castigos que lanzó sobre Egipto para convencer al rey de que dejara salir a Israel, pero cuando su confianza en Dios fue sometida a prueba murmuraron a pesar de que habían visto las evidencias de su poder en su maravillosa liberación. En vez de confiar en Dios en su momento de necesidad, murmuraron ante el fiel Moisés, recordándole las expresiones de incredulidad que habían formulado en Egipto. Lo acusaron de ser la causa de todas sus dificultades. El los animó a confiar en Dios y a refrenar sus expresiones de incredulidad, y que vieran lo que el Señor haría en favor de ellos. Moisés oró fervientemente al Señor para que librara a su pueblo escogido. HR 126.1