La Historia de la Redención

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Preparándose para salir al encuentro del señor

Con inefable anhelo los que habían recibido el mensaje aguardaban la venida de su Salvador. El tiempo cuando lo esperaban ya estaba cerca. Se aproximaron a esa hora con calma y solemnidad. Descansaron en dulce comunión con Dios, como un anticipo de la paz que gozarían en el glorioso porvenir. Ninguno de los que experimentó esa esperanza y esa confianza podrá olvidar esas preciosas horas de espera. En la mayor parte de los casos los negocios mundanales fueron puestos a un lado por algunas semanas. Los creyentes examinaron cuidadosamente cada pensamiento y cada emoción de sus corazones como si estuvieran en sus lechos de muerte y en pocas horas debieran cerrar los ojos a las escenas terrenales. No se hicieron “vestidos de ascensión”, pero todos sintieron la necesidad de gozar de una evidencia interna de que estaban preparados para encontrarse con su Salvador; sus vestiduras blancas eran la pureza del alma y los caracteres limpios de pecado gracias a la sangre expiatoria de Cristo. HR 379.3

Dios quiso probar a su pueblo. Su mano ocultó un error en el cómputo de los períodos proféticos. Los adventistas no lo descubrieron, ni tampoco lo hicieron sus más instruidos oponentes. Estos decían: “El cálculo de los períodos proféticos es correcto. Un gran acontecimiento está a punto de ocurrir, pero no es lo que el señor Miller predice; es la conversión del mundo, y no el segundo advenimiento de Cristo”. HR 380.1

El momento de la expectativa pasó, y Cristo no apareció para liberar a su pueblo. Los que con fe sincera y amor esperaron a su Salvador sufrieron una amarga desilusión. Pero el Señor había cumplido su propósito: había probado los corazones de los que profesaban esperar su venida. Muchos entre ellos habían actuado por un motivo que no era más elevado que el temor. Su profesión de fe no había afectado ni sus corazones ni sus vidas. Cuando el acontecimiento esperado no ocurrió, declararon que no estaban chasqueados; nunca habían creído que Cristo pudiera venir. Fueron los primeros en reírse de la pena de los verdaderos creyentes. HR 380.2

Pero Jesús y toda la hueste celestial consideró con amor y simpatía a los probados aunque decepcionados fieles. Si se hubiera podido descorrer el velo que separa el mundo visible del invisible, habrían visto a los ángeles aproximándose a esas almas perseverantes para protegerlas de los dardos de Satanás. HR 381.1