La Historia de la Redención

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Un ángel visita a Cornelio

Mientras Cornelio se encontraba orando, Dios envió un mensajero celestial que lo llamó por su nombre. El centurión se asustó, pero se dio cuenta de que se trataba de un ángel enviado por Dios para instruirlo, y dijo: “¿Qué es, Señor? Y le dijo: Tus oraciones y tus limosnas han subido para memoria delante de Dios. Envía, pues, ahora hombres a Jope, y haz venir a Simón, el que tiene por sobrenombre Pedro. Este posa en casa de cierto Simón curtidor, que tiene su casa junto al mar; él te dirá lo que es necesario que hagas”. HR 296.2

Nuevamente el Señor puso de manifiesto su consideración por el ministerio evangélico y por su iglesia organizada. No era el ángel quien debía relatar la historia de la cruz a Cornelio. Un hombre, sujeto a las mismas debilidades y tentaciones, debía instruirlo con respecto al Salvador crucificado, resucitado y ascendido al cielo. El mensajero celestial fue enviado con el expreso propósito de poner a Cornelio en contacto con el ministro de Dios, quien había de enseñarle, juntamente con su casa, cómo se podía salvar. HR 296.3

Cornelio obedeció alegremente esta comunicación, y envió mensajeros en seguida para que buscaran a Pedro, de acuerdo con las indicaciones del ángel. Lo detallado de estas instrucciones, en las cuales incluso se mencionó la ocupación del hombre en cuya casa moraba Pedro, pone en evidencia que el Cielo conoce la historia y las actividades de los hombres en todos los aspectos de la vida. Dios está enterado del trabajo diario del humilde labrador, como asimismo de lo que hace el rey en el trono. Y le son conocidos la avaricia, la crueldad, los crímenes secretos y el egoísmo de los hombres, como asimismo sus buenas obras, su caridad, su generosidad y su bondad. Nada está oculto a la vista de Dios. HR 297.1