La Historia de la Redención

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Detención y juicio de los apóstoles

La predicación de la resurrección de Cristo y que por medio de su muerte y resurrección finalmente todos los muertos saldrían de sus tumbas, conmovió profundamente a los saduceos. Creyeron que su doctrina favorita estaba en peligro y que su reputación había sido puesta en tela de juicio. Algunos de los funcionarios del templo y el capitán de la guardia de ese recinto eran saduceos. El capitán, con la ayuda de algunos saduceos, detuvo a los dos apóstoles y los puso en la cárcel puesto que era demasiado tarde para que sus casos fueran considerados esa noche. HR 260.2

Al día siguiente Anás y Caifás, con otros dignatarios del templo, se reunieron para juzgar a los prisioneros, que les fueron traídos a su presencia. En esa misma estancia, y en presencia de esos mismos hombres, Pedro había negado vergonzosamente a su Señor. Todo ello apareció nítidamente en su memoria mientras el discípulo comparecía para hacer frente a su propio juicio. Ahora tenía la oportunidad de redimir la malvada cobardía de entonces. HR 260.3

El grupo que se hallaba allí presente recordó la parte que había desempeñado Pedro en el juicio de su Maestro, y se alegró con el pensamiento de que podrían intimidarlo con amenazas de prisión y muerte. Pero el hombre que había negado a Cristo en la hora de su mayor necesidad era el discípulo impulsivo y confiado en sí mismo, muy distinto del Pedro que se encontraba ahora frente al Sanedrín para ser examinado ese día. Se había convertido; desconfiaba de sí mismo y ya no era más el orgulloso fanfarrón de otrora. Estaba lleno del Espíritu Santo y por medio de su poder había llegado a ser firme como una roca, valiente aunque modesto al magnificar a Cristo. Estaba listo para hacer desaparecer la mancha de su apostasía al honrar el nombre que una vez había negado. HR 261.1