La Historia de la Redención

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En el jardín

Vi a Jesús en el jardín con sus discípulos. Con profundo pesar les suplicó que velaran y oraran, para que no cayera en tentación. Sabía que su fe sería probada y que sus esperanzas resultarían fallidas, y que necesitarían toda la fortaleza que pudieran lograr como resultado de una estricta vigilia y la ferviente oración. Con fuertes clamores y llantos Jesús oraba: “Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”. Lucas 22:42. El Hijo de Dios oraba con agonía. Grandes gotas de sangre se agolpaban sobre su rostro y caían en tierra. Los ángeles se reunían en ese lugar, testigos de la escena, pero sólo a uno se comisionó para que fuera y fortaleciera al Hijo de Dios en su angustia. No había gozo en el cielo. Los ángeles depusieron sus coronas y dejaron sus arpas, y contemplaron con profundo interés y en silencio a Jesús. Querían rodear al Hijo de Dios, pero el comandante de los ángeles no lo permitió, para que al contemplar la traición de que sería objeto Cristo no se decidieran a librarlo; porque el plan había sido trazado, y se tenía que cumplir. HR 217.1

Después de orar Jesús se acercó a sus discípulos, pero éstos estaban durmiendo. En esa hora tremenda no gozaba de la simpatía ni de las oraciones ni siquiera de sus discípulos. Pedro, tan celoso poco tiempo antes, dormía profundamente. Jesús le recordó sus declaraciones terminantes y le dijo: “¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora?” Mateo 26:40. Tres veces el Hijo de Dios oró con agonía. HR 218.1