Testimonios Selectos Tomo 2

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Capítulo 5—Tentación y caída

Satanás asume forma de serpiente y entra en el Edén

La serpiente era un hermoso animal con alas, y al volar por los aires tenía brillante aspecto, como de oro bruñido. No andaba por el suelo, sino que iba de un lado a otro por los aires y comía frutas lo mismo que el hombre. Satanás se infundió en la serpiente, y posándose en el árbol del conocimiento comenzó tranquilamente a comer del fruto. 2TS 31.1

Sin darse cuenta se había apartado Eva de su esposo al practicar sus tareas, y al notar que la serpiente estaba comiendo de la fruta prohibida, receló la posibilidad de un peligro; pero se creyó segura aunque no había permanecido cerca de su esposo. Creyó tener sabiduría para conocer el mal si se acercara y fuerza para arrostrarlo. El ángel la había amonestado que no lo hiciera. No tardó Eva en contemplar con curiosidad mezclada de admiración el fruto del árbol prohibido. Vió que era muy apacible, y se preguntaba porqué les habría prohibido Dios comerlo. Aquella era la ocasión favorable para Satanás, quien se dirigió a Eva, y como si le adivinara el pensamiento, exclamó: “¿Con que Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?”1 Así habló Satanás con halagadoras palabras y armoniosa voz a la asombrada Eva, quien se había sorprendido al oir hablar a una serpiente. Alabó la hermosura y el donaire de Eva, en cuyos oídos sonaron agradablemente aquellas lisonjas. Pero estaba admirada, porque sabía que Dios no había otorgado a la serpiente el don de la palabra. 2TS 31.2

Se avivó con ello la curiosidad de Eva. En vez de huir de aquel paraje, se detuvo a escuchar cómo hablaba una serpiente, sin ocurrírsele que bien podía ser aquel enemigo caído quien se valía de la serpiente como de un medio de comunicación. Quien hablaba era Satanás, no la serpiente. Eva quedó seducida, lisonjeada e infatuada. Si se le hubiera aparecido un imponente personaje en figura semejante a la de los ángeles y parecido a ella, seguramente se hubiera puesto en guardia. 2TS 31.3

Pero aquella extraña voz debiera haberla movido a irse en seguida al lado de Adán para preguntarle quién podía ser el ser que tan desenvueltamente le hablaba. Sin embargo, entró en conversación con la serpiente, respondiendo así a su insinuación: “Del fruto de los árboles del huerto comemos; mas del fruto del árbol que está en medio del huerto, dijo Dios: No comeréis de él ni le tocaréis, porque no muráis.” La serpiente respondió: “No moriréis; mas sabe Dios que el día que comiereis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como dioses, sabiendo el bien y el mal.”2 2TS 32.1

Satanás quería inculcar la idea de que si Adán y Eva comían del árbol prohibido, recibirían un conocimiento más noble y superior al adquirido hasta entonces. Tal ha sido la obra realizada por Satanás con gran éxito desde su caída: inducir a los hombres a escrutar los secretos del Altísimo, sin satisfacerse con lo que Dios ha revelado ni obedecer fielmente lo que ha prescripto. El plan de Satanás es inducir a los hombres a desobedecer los mandamientos de Dios y hacerles creer después que entran en un maravilloso campo de conocimiento. Pero ello es pura suposición y miserable engaño. Al no comprender lo que Dios ha revelado, los hombres menosprecian sus explícitos mandamientos, aspiran a una sabiduría independiente de Dios y se esfuerzan por descifrar lo que le plugo a Dios substraer del conocimiento de los mortales. Se ensoberbecen con sus ideas de progreso y se cargan de su vana filosofía; pero en cuanto al verdadero conocimiento van a tientas en las tinieblas de media noche. Siempre están estudiando, sin poder llegar nunca a conocer la verdad. 2TS 32.2

No era la voluntad de Dios que la inocente pareja conociese el mal. Les había dado generosamente el bien, y retraído el mal. Eva creyó que tenía razón la serpiente, y escuchó la rotunda afirmación que achacaba a Dios una mentira, diciendo: “No moriréis; mas sabe Dios que el día que comiereis de él serán abiertos vuestros ojos, y seréis como dioses, sabiendo el bien y el mal.” Satanás insinuó descaradamente que Dios los había engañado para que no fueran iguales a él en conocimiento. Dios había dicho: Si comiereis, moriréis. La serpiente decía: Si comiereis, no moriréis. 2TS 33.1

El tentador aseguró a Eva que tan pronto como probara la fruta, recibiría un nuevo y superior conocimiento que la igualaría con Dios. Además le llamó la atención hacia lo que él mismo hacía. Comía libremente del árbol, cuyo fruto no sólo no era nocivo sino por el contrario delicioso y placentero. Le dijo que Dios les había prohibido comerlo y aun tocarlo a causa de sus maravillosas propiedades para infundir sabiduría y poder. Añadió que si él había alcanzado el don de la palabra era por haber comido del fruto del árbol prohibido, e insinuó que Dios no llevaría adelante su amenaza, pues sólo la había hecho con objeto de intimidarlos para privarlos de tan alto bien. Asimismo les dijo que no podrían morir, pues ¿no habían comido acaso del árbol que perpetuaba la inmortalidad? Terminó diciendo que Dios los estaba engañando para que no alcanzasen una mayor felicidad y más excelsa dicha. El tentador arrancó la fruta del árbol y se la ofreció a Eva, quien la tomó. ¿Ves?—dijo el tentador,—se os prohibió hasta tocar la fruta porque no murierais.—Y añadió que no tendría mayor sentimiento de mal y muerte por comer del fruto que por tocarlo. Eva se sintió muy alentada porque no experimentaba las inmediatas manifestaciones del desagrado de Dios, y creyó que el tentador hablaba prudente y verídica-mente. Comió del fruto y le supo a deleite, pues tenía un sabor exquisito, y le pareció sentir en todo su ser los maravillosos efectos del fruto. 2TS 33.2

Después, con su propia mano arrancó el fruto del árbol y volvió a comer, figurándose que sentía el vivificador poder de una nueva y elevada existencia como resultado de la influencia excitante del fruto prohibido. Dominada por un extraño e insólito frenesí, fuése en busca de su esposo con las manos llenas del fruto prohibido. Le refirió el razonado discurso de la serpiente, y quiso llevarle en seguida al árbol del conocimiento, diciéndole que ella había comido del fruto, y en vez de sentir indicios de muerte había experimentado una placentera y deleitosa influencia. Tan pronto como Eva hubo desobedecido, se convirtió en un poderoso medio para ocasionar la caída de su esposo. 2TS 34.1

Vi que el semblante de Adán se cubría de tristeza. Quedó espantado y atónito. Parecía que batallaban encontrados afectos en su ánimo. Le dijo a Eva que tenía la seguridad de que todo aquello era obra del enemigo contra el cual se los había amonestado, y que siendo así, ella moriría. Respondió Eva que no sentía la menor molestia, sino más bien una placentera sensación, por lo que le invitó a que también comiese. 2TS 34.2

Comprendía muy bien Adán que su compañera había quebrantado la única prohibición que les fuera impuesta en prueba de su amor y fidelidad. Arguyó Eva que la serpiente había dicho que no morirían, y así debía ser la verdad, por cuanto no notaba ninguna señal del desagrado de Dios, sino una placentera influencia como la que a su parecer sentían los ángeles. Adán se lamentó de que Eva se hubiese separado de su lado; pero ya estaba hecho el mal y no tenía más remedio que perder la compañera a quien tanto había amado. ¿Cómo podría soportar esta pérdida? Amaba vehementemente a Eva, y en extremo desalentado resolvió compartir su suerte. Razonó que Eva era parte de sí mismo, y que si ella había de morir, él moriría con ella, porque no le era posible soportar el pensamiento de la separación. No tuvo la necesaria fe en su misericordioso y benévolo Creador. No pensó que si Dios le había formado del polvo de la tierra dándole un hermoso cuerpo viviente, y había creado a Eva para que fuese su compañera, podría subsanar la falta de ella. Con todo, ¿no podrían ser verídicas las palabras de aquella sabia serpiente? Eva estaba delante de él, tan hermosa y en apariencia tan inocente como antes de aquel acto de desobediencia. El fruto que había comido parecía haber intensificado su amor hacia él, pues le demostraba más cariño que antes de la desobediencia y no veía en ella señal ninguna de muerte. Le había hablado de la dichosa influencia del fruto, de su ardiente amor por él, así que resolvió arrostrar las consecuencias. Tomó el fruto, lo comió ávidamente, y como Eva, no experimentó inmediatamente sus perniciosos efectos. 2TS 34.3

Eva se había creído capaz de discernir entre lo justo y lo injusto. La lisonjera esperanza de alcanzar un superior estado de conocimiento la había inducido a ver en la serpiente una amiga especial muy interesada en su bienestar. Si hubiese ido en busca de su esposo y hubiesen referido ambos a su Hacedor las palabras de la serpiente, se hubieran librado al punto de su astuta tentación. El Señor no quería que investigaran acerca del fruto del árbol del conocimiento, porque con ello se expondrían a Satanás enmascarado. Sabía que estarían perfectamente seguros si no tocaban ese fruto. 2TS 35.1

Dios instruyó a nuestros primeros padres respecto al árbol del conocimiento, y fueron completamente enterados de la caída de Satanás y del peligro de escuchar sus insinuaciones. No les quitó la posibilidad de comer del fruto prohibido. Los hizo agentes morales libres para creer en su palabra y obedecer sus mandamientos, o creer al tentador, desobedecer y morir. Adán y Eva comieron del fruto prohibido, y la gran sabiduría que con ello adquirieron fué el conocimiento del pecado y la conciencia de su culpabilidad. Pronto se desvaneció el velo de luz que los envolvía, y al perderlo y sentirse culpables, invadióles un estremecimiento y quisieron cubrir sus desnudos cuerpos. 2TS 36.1

Nuestros primeros padres prefirieron dar crédito a las palabras de la que suponían serpiente, la cual no había dado muestras de amor hacia ellos ni hecho nada en su beneficio ni por su felicidad, mientras que Dios les había dado cuanto necesitaban para su sustento y recreo. Todo aquello en que se posaba su vista era abundancia y belleza. Sin embargo, Eva se dejó engañar por la serpiente, creyendo que se les privaba de algo que la haría tan sabia como Dios. En vez de creer y confiar en Dios, desconfió bajamente de su bondad y acogió las palabras de Satanás. 2TS 36.2

Después de la transgresión, se figuró Adán de momento que se elevaba a una existencia nueva y superior; pero no tardó en aterrorizarle la idea de su transgresión. El aire, cuya temperatura había sido hasta entonces constantemente benigna, les daba escalofríos. La culpable pareja tenía conciencia del pecado. Temía el porvenir y experimentaba un sentimiento de necesidad, una desnudez del alma. Parecía haberse apartado de ellos el dulce amor, la paz, la dichosa y constante felicidad, y en su lugar, sentían una falta de algo que hasta entonces no habían experimentado. Por primera vez fijaron su atención en lo externo. No habían estado vestidos, sino envueltos en luz como los ángeles celestes. Esa luz que los aureolaba se había desvanecido. Para mitigar el sentimiento de deficiencia y desnudez que experimentaban, trataron de buscar con qué cubrir sus cuerpos, porque, ¿cómo podrían arrostrar desnudos la vista de Dios y de los ángeles? 2TS 36.3

Su crimen se les aparecía ahora en su verdadera magnitud. La transgresión del expreso mandato de Dios tomaba más claro carácter. Adán vituperaba la locura de Eva por apartarse de su lado y dejarse engañar por la serpiente. Se lisonjeaban ambos de que Dios, que les había dado todo lo necesario para su felicidad, excusaría su desobediencia en mérito del grande amor que les tenía, y que después de todo no sería tan terrible su castigo. 2TS 37.1

Satanás se regocijaba en su triunfo. Había inducido a la mujer a desagradar a Dios, poner en duda su sabiduría y tratar de inquirir sus omniscientes planes. Y por medio de la mujer había logrado también la caída de Adán, que movido de su amor a Eva había desobedecido el mandato de Dios, perdiéndose con ella. 2TS 37.2

La noticia de la caída del hombre se difundió por el cielo y enmudecieron las arpas. Los ángeles se despojaron tristemente de sus coronas. Todo el cielo estaba conmovido. Los ángeles deploraban la ruin ingratitud del hombre en pago de los abundantes beneficios que Dios le había otorgado. Hubo consejo para decidir qué debía hacerse con la culpable pareja. Temían los ángeles que Adán y Eva alargaran la mano y comieran del árbol de vida, perpetuando así una existencia de pecado. 2TS 37.3

El Señor visitó a Adán y Eva para informarlos de los resultados de su desobediencia. Al advertir que se acercaba la majestad de Dios, trataron de ocultarse de su vista, en la que se complacían cuando eran inocentes. “Y llamó Jehová Dios al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y escondíme. Y díjole: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses?”3 2TS 38.1

Esto preguntó el Señor, no porque no lo supiera, sino para condenación de la culpable pareja. ¿Cómo tuviste miedo y vergüenza? Adán reconoció su transgresión, no porque estuviera arrepentido de su desobediencia, sino para echarle la culpa a Dios, diciendo: “La mujer que me diste por compañera me dió del árbol, y yo comí.” Entonces le dijo Dios a la mujer: “¿Qué es lo que has hecho?” Eva respondió: “La serpiente me engañó, y comí.” 2TS 38.2

El Señor, entonces, le dijo a la serpiente: “Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás y polvo comerás todos los días de tu vida.” Así como la serpiente había sido exaltada sobre todas las bestias del campo, debía ser degradada bajo todas ellas, y detestada por el hombre, con motivo de haber sido el medio de que Satanás se había valido para obrar. “Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por amor de ti; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida; espinos y cardos te producirá, y comerás hierba del campo; en el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra.”4 2TS 38.3

Dios maldijo la tierra a causa del pecado de Adán y Eva por haber comido del árbol del conocimiento, y declaró: “Con dolor comerás de ella todos los días de tu vida.” Dios les había proporcionado el bien, privándolos del mal. Ahora declaraba que comerían con dolor, esto es, que estarían relacionados con el mal todos los días de su vida. 2TS 39.1

Desde entonces había de estar afligido el género humano por las tentaciones de Satanás. Quedaba Adán sujeto a una vida de perpetua fatiga y ansiedad, en vez de las dichosas y placenteras labores que hasta allí había disfrutado. Quedaban sometidos al desengaño, el dolor, la pena y finalmente a la muerte y desintegración. Estaban formados del polvo de la tierra y al polvo de la tierra debían volver. 2TS 39.2

Se les dijo que habían de perder su edénica morada. Habían cedido al engaño de Satanás, creyendo en sus palabras y dando por cierto que Dios pudiese mentir. Con su transgresión habían abierto a Satanás el camino para llegar más fácilmente hasta ellos y por lo mismo no era prudente que permaneciesen en el huerto del Edén, pues en su estado de culpa podían acercarse al árbol de vida y perpetuar una existencia de pecado. Suplicaron que se les permitiese permanecer en el Edén, aunque reconocían haber perdido todo derecho a disfrutar de aquella felicidad. Prometieron que en lo sucesivo obedecerían implícitamente a Dios. Se les respondió que en su caída de la inocencia a la culpa, no habían adquirido fortaleza, sino mucha debilidad. No habían conservado su integridad mientras estaban en santa y dichosa inocencia, por lo que mucha menos fortaleza tendrían para permanecer fieles en estado de culpa consciente. Quedaron embargados por intensísima angustia y remordimiento. Ahora veían que la paga del pecado era la muerte. 2TS 39.3

Se enviaron ángeles para que inmediatamente guardaran el camino que conducía al árbol de vida. El estudiado plan de Satanás era que Adán y Eva desobedecieran a Dios, mereciesen su enojo, y luego comieran del árbol de vida para perpetuar así la existencia del pecado. Pero fueron los santos ángeles a interceptarles el camino del árbol de vida. Alrededor de estos ángeles relumbraban por todos lados rayos de luz que parecían flamígeras espadas. 2TS 40.1