Testimonios Selectos Tomo 1

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Dignidad del trabajo

Dispuso Dios que los seres por él creados hubiesen de trabajar. De esto depende su dicha. En los vastos dominios de la creación del Señor, nadie había de ser zángano. Nuestra dicha aumenta y nuestras facultades se fortalecen cuando nos ocupamos en labores útiles. 1TS 74.1

La actividad acrecienta la fuerza. En el universo de Dios reina perfecta armonía. Los seres celestiales están en constante actividad; y el Señor Jesús nos dió a todos ejemplo en la obra de su vida. Andaba “haciendo bienes.” Dios ha establecido la ley de obediente acción. Todas las cosas creadas ejecutan callada pero incesantemente la obra que les fué señalada. El océano está en continuo movimiento. La naciente hierba que hoy es y mañana es arrojada en el horno, cumple su encargo vistiendo de hermosura los campos. Las hojas se mueven sin que mano alguna las toque. El sol, la luna y las estrellas cumplen útil y gloriosamente su misión. 1TS 74.2

A toda hora funciona el mecanismo del cuerpo. Día tras día late el corazón, haciendo su regular y señalada tarea e impeliendo incesantemente el carmíneo flujo por todas las partes del cuerpo. Se ve que la acción predomina en toda la maquinaria viviente. Y el hombre, con su mente y cuerpo creados a semejanza de Dios, debe estar activo para desempeñar la labor que tiene señalada. No ha de estar ocioso. La ociosidad es pecado. 1TS 74.3