Testimonios para los Ministros

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Serenidad y consideración

14 de enero de 1894

El Señor pronto obrará con mayor poder entre nosotros, pero existe el peligro de permitir que nuestros impulsos nos lleven adonde el Señor no quiere que vayamos. No debemos dar un solo paso que luego necesitemos desandar. Debemos actuar con seriedad y prudencia, sin usar expresiones grandilocuentes ni dejarnos llevar por desbordes sentimentales. Debemos pensar con serenidad y trabajar sin excitación, porque habrá quienes se exciten fácilmente; estas personas se entusiasmarán con expresiones imprudentes y emitirán declaraciones extremas para crear excitación, contrarrestando precisamente la obra que Dios quisiera hacer. Hay personas que siempre están listas para escaparse por alguna tangente, que se entusiasman por alguna cosa extraña, llamativa y nueva; pero Dios quiere que todos actuemos con serenidad y consideración, eligiendo palabras que estén en armonía con la sustanciosa verdad para este tiempo, la que debe ser presentada a la consideración de la mente tan libre como sea posible de lo emocional, aun conservando el fervor y la solemnidad que le corresponden. Debemos precavernos contra los extremos, y guardarnos de animar a aquellos que quisieran estar en el fuego o en el agua. TM 227.1

Os ruego que eliminéis de vuestras enseñanzas toda extravagancia, todo aquello de lo cual pudieran aferrarse las mentes desequilibradas y los que carecen de experiencia para realizar acciones descabelladas, propias de personas inmaduras. Es necesario que extreméis el cuidado en cada una de vuestras declaraciones, no sea que encaminéis a alguien por una senda equivocada, creando una confusión que sólo podrá ser resuelta a costa de ingente y penosa labor, desviando de esta manera de su cauce la fuerza y el trabajo de los obreros hacia actividades que no es el propósito de Dios que realicen. Una sola veta de fanatismo en nuestras filas cerrará muchas puertas de acceso a los más sanos principios de la verdad. TM 228.1

¡Cuánto cuidado debe tener cada obrero de no precipitarse delante del Maestro, sino de seguir el camino que él abre! ¡Cuánto se regocijarían los enemigos de nuestra fe si pudieran echar mano de alguna declaración hecha por nuestros hermanos que deba ser retractada! Debemos actuar con discreción y cordura, porque en esto consiste nuestra fuerza; entonces Dios podrá obrar con nosotros, por nosotros y en nuestro favor... ¡Cuánto se alegraría Satanás si pudiera introducirse en medio de este pueblo y desorganizar la obra precisamente ahora cuando es esencial una organización cabal, la que será el mayor poder para impedir el surgimiento de movimientos espurios, y refutar pretensiones que no se basan en la Palabra de Dios! Necesitamos sostener las cuerdas en forma pareja, para que no se quebrante el sistema de regulación y orden. De esta manera no se dará ocasión a elementos desordenados para dominar la obra en este tiempo. Vivimos en una época cuando el orden, el método y la unidad de acción son esenciales, y la verdad debe ser el vínculo que nos una con fuertes lazos para que no se manifieste ningún esfuerzo desordenado entre los obreros. Si aparecen manifestaciones de desorden, debemos tener claro discernimiento para diferenciar entre lo espurio y lo genuino. No se proclame mensaje alguno sin someterlo a un cuidadoso examen de cada jota y tilde. TM 228.2

Evitad los asuntos secundarios

Mi alma está muy agobiada porque sé lo que nos espera. Los que no tengan una relación cotidiana y viviente con Dios se verán expuestos a todo engaño concebible. No se deben considerar en nuestra obra asuntos secundarios, a menos que las ideas sostenidas hayan sido cuidadosamente examinadas, y se tenga seguridad acerca de su fuente de origen. Los ángeles de Satanás son sabios para hacer el mal y son ellos los que originan aquello que algunos pretenderán que es luz adicional, que proclamarán como cosa nueva y maravillosa; aunque en algunos aspectos el mensaje sea verdadero, estará mezclado con invenciones humanas y enseñará como doctrinas mandamientos de hombres. Si alguna vez hubo un tiempo para velar y orar con verdadero fervor, es ahora. Puede haber cosas que puedan ser consideradas como ciertas y que aparenten ser buenas, pero necesitan ser cuidadosamente consideradas con mucha oración, pues son engañosas maquinaciones del enemigo para conducir a las almas por una senda que corre tan cerca de la senda de la verdad que apenas podrá ser distinguida de la que conduce a la santidad y al cielo. Pero el ojo de la fe puede discernir que lleva una dirección divergente del camino recto, aun cuando sea en forma casi imperceptible. Al principio puede pensarse que es positivamente recta, pero después de un tiempo se ve que se aparta mucho de la senda segura, que conduce a la santidad y al cielo. Hermanos míos, os amonesto que hagáis sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino.* TM 229.1