La Oración

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Nehemías

Los corazones de los que defienden esta causa deben llenarse del espíritu de Jesús. Solamente el Gran Médico puede aplicar el bálsamo de Galaad. Lean estos hombres el libro de Nehemías con corazones humildes tocados por el Espíritu Santo, y sus falsas ideas serán modificadas, se verán principios correctos, y el actual orden de cosas cambiará. Nehemías oró al Señor por ayuda, y Dios escuchó su plegaria. El Señor obró en los reyes paganos para que vinieran en su ayuda. Cuando sus enemigos trabajaron celosamente contra él, el Señor empleó a reyes para realizar su propósito, y contestar las muchas oraciones que ascendían a él en procura de la ayuda que tanto necesitaban.—Testimonios para los Ministros, 201, 202. Or 178.3

La oración fortalecía la fe y valentía de Nehemías

Mediante mensajeros de Judea, el patriota hebreo había sabido que habían llegado días de prueba para Jerusalén, la ciudad escogida. Los desterrados que habían regresado sufrían aflicción y oprobio. Se habían reedificado el templo y porciones de la ciudad; pero la obra de restauración se veía estorbada, los servicios del templo eran perturbados, y el pueblo mantenido en constante alarma por el hecho de que las murallas de la ciudad permanecían mayormente en ruinas. Or 179.1

Abrumado de pesar, Nehemías no podía comer ni beber. Confiesa: “Lloré, y enlutéme por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos”. Fielmente, confesó sus pecados y los pecados de su pueblo. Rogó a Dios que sostuviese la causa de Israel, que devolviese a su pueblo valor y fuerza y le ayudase a edificar los lugares asolados de Judá. Or 179.2

Mientras Nehemías oraba, se fortalecieron su fe y su valor. Se le ocurrieron santos argumentos. Señaló el deshonor que recaería sobre Dios si su pueblo, que ahora se había vuelto hacia él, fuese dejado en la debilidad y opresión; e insistió en que el Señor cumpliese su promesa: “Si os volviereis a mí, y guardareis mis mandamientos y los hiciereis, aun cuando estuvieren tus desterrados en las partes más lejanas debajo del cielo, de allí los recogeré y los traeré al lugar que escogí para hacer habitar allí mi Nombre”. Nehemías 1:9 (VM); véase Deuteronomio 4:29-31. Esta promesa había sido dada a los hijos de Israel por intermedio de Moisés antes que entrasen en Canaán; y había subsistido sin cambio a través de los siglos. El pueblo de Dios se había tornado ahora a él con arrepentimiento y fe, y esta promesa no fallaría. Or 179.3

Con frecuencia había derramado Nehemías su alma en favor de su pueblo. Pero mientras oraba esta vez, se formó un propósito santo en su espíritu. Resolvió que si lograra el consentimiento del rey y la ayuda necesaria para conseguir herramientas y material, emprendería él mismo la tarea de reedificar las murallas de Jerusalén y de restaurar la fuerza nacional de Israel. Pidió al Señor que le hiciese obtener el favor del rey, a fin de poder cumplir ese plan. Suplicó: “Concede hoy próspero éxito a tu siervo, y dale gracia delante de aquel varón”. Or 179.4

Durante cuatro meses Nehemías aguardó una oportunidad favorable para presentar su petición al rey. Mientras tanto, aunque su corazón estaba apesadumbrado, se esforzó por conducirse animosamente en la presencia real. En aquellas salas adornadas con lujo y esplendor, todos debían aparentar alegría y felicidad. La angustia no debía echar su sombra sobre el rostro de ningún acompañante de la realeza. Pero mientras Nehemías se hallaba retraído, oculto de los ojos humanos, muchas eran las oraciones, las confesiones y las lágrimas que Dios y los ángeles oían y veían.—La Historia de Profetas y Reyes, 464, 465. Or 180.1

Nehemías reconoció su pecado personal en sus oraciones

No solo dijo Nehemías que Israel había pecado. Arrepentido, reconoció que él y la casa de su padre habían pecado. “Nos hemos corrompido contra ti”, dice, colocándose entre los que habían deshonrado a Dios al no permanecer firmemente de parte de la verdad... Or 180.2

Nehemías se humilló ante Dios y le dio la gloria debida a su nombre. Así también lo hizo Daniel en Babilonia. Estudiemos las oraciones de estos hombres. Nos enseñan que debemos humillarnos, pero que nunca hemos de borrar la línea de demarcación entre el pueblo observador de los mandamientos de Dios y los que no respetan su ley.—Comentario Bíblico Adventista 3:1154. Or 180.3

Nehemías oró seguro de que Dios cumpliría sus promesas

Aferrándose firmemente de la promesa divina, Nehemías depositaba sus peticiones ante el estrado de la misericordia celestial para que Dios sostuviera la causa de su pueblo arrepentido, le restaurara su fortaleza y edificara sus lugares asolados. Dios había cumplido sus amenazas cuando su pueblo se separó de él; lo había esparcido entre las naciones, de acuerdo con su Palabra. Y en ese mismo hecho Nehemías hallaba la seguridad de que él sería igualmente fiel en cumplir sus promesas.—Comentario Bíblico Adventista 3:1154. Or 180.4

Nehemías oraba de acuerdo a las necesidades del momento

La mención de la condición en que estaba Jerusalén despertó la simpatía del monarca sin evocar sus prejuicios. Otra pregunta dio a Nehemías la oportunidad que aguardaba desde hacía mucho: “¿Qué cosa pides?” Pero el varón de Dios no se atrevía a responder antes de haber solicitado la dirección de Uno mayor que Artajerjes. Tenía un cometido sagrado que cumplir, para el cual necesitaba ayuda del rey; y comprendía que mucho dependía de que presentase el asunto en forma que obtuviese su aprobación y su auxilio. Dice él: “Entonces oré al Dios de los cielos”. En esa breve oración, Nehemías se acercó a la presencia del Rey de reyes, y ganó para sí un poder que puede desviar los corazones como se desvían las aguas de los ríos.—La Historia de Profetas y Reyes, 466. Or 181.1

Las oraciones de Nehemías corroboradas por su firmeza de propósito

Hay necesidad de [muchos] Nehemías en la iglesia hoy: hombres que puedan no solo orar y predicar, sino hombres cuyas oraciones y sermones estén corroborados por un propósito firme y anhelante.—Conflicto y Valor, 264. Or 181.2

Como Nehemías, podemos orar en todo momento y lugar

La facultad de orar como oró Nehemías en el momento de su necesidad es un recurso del cual dispone el cristiano en circunstancias en que otras formas de oración pueden resultar imposibles. Los que trabajan en las tareas de la vida, apremiados y casi abrumados de perplejidad, pueden elevar a Dios una petición para ser guiados divinamente. Cuando los que viajan, por mar o por tierra, se ven amenazados por algún grave peligro, pueden entregarse así a la protección del cielo. En momentos de dificultad o peligro repentino, el corazón puede clamar por ayuda a Aquel que se ha comprometido a acudir en auxilio de sus fieles creyentes cuando quiera que le invoquen. En toda circunstancia y condición, el alma cargada de pesar y cuidados, o fieramente asaltada por la tentación, puede hallar seguridad, apoyo y socorro en el amor y el poder inagotables de un Dios que guarda su pacto. Or 181.3

En aquel breve momento de oración al Rey de reyes, Nehemías cobró valor para exponer a Artajerjes su deseo de quedar por un tiempo libre de sus deberes en la corte; y solicitó autoridad para edificar los lugares asolados de Jerusalén, para hacer de ella nuevamente una ciudad fuerte y defendida. De esta petición dependían resultados portentosos para la nación judaica. “Y—explica Nehemías—otorgómelo el rey, según la benéfica mano de Jehová sobre mí”.—La Historia de Profetas y Reyes, 466, 467. Or 182.1

Dios, en su providencia, no permite que conozcamos el fin desde el principio, sino que nos da la luz de su Palabra para guiarnos mientras avanzamos, y nos ordena que mantengamos la mente fija en Jesús. Doquiera estemos, cualquiera sea nuestra ocupación, debemos elevar el corazón a Dios en oración. Or 182.2

Esto es ser constantes en la oración. No necesitamos esperar hasta que podamos arrodillarnos antes de que oremos. En una ocasión, cuando Nehemías se presentó ante el rey, este le preguntó por qué parecía tan triste y qué pedido tenía para presentarle. Pero Nehemías no se atrevió a responder inmediatamente. Estaban en juego importantes intereses. La suerte de una nación dependía de la impresión que entonces se hiciera en la mente del monarca, y en ese mismo instante Nehemías elevó una oración al Dios del cielo antes de atreverse a responder al rey. El resultado fue que obtuvo todo lo que pidió o aun deseó.—Comentario Bíblico Adventista 3:1154. Or 182.3

No hay tiempo o lugar en que sea impropio orar a Dios. No hay nada que pueda impedirnos elevar nuestro corazón en ferviente oración. En medio de las multitudes y del afán de nuestros negocios, podemos ofrecer a Dios nuestras peticiones e implorar la divina dirección, como lo hizo Nehemías cuando hizo la petición delante del rey Artajerjes. En dondequiera que estemos podemos estar en comunión con él. Debemos tener abierta continuamente la puerta del corazón, e invitar siempre a Jesús a venir y morar en el alma como huésped celestial. Or 182.4

Aunque estemos rodeados de una atmósfera corrompida y manchada, no necesitamos respirar sus miasmas, antes bien podemos vivir en la atmósfera limpia del cielo. Podemos cerrar la entrada a toda imaginación impura y a todo pensamiento perverso, elevando el alma a Dios mediante la oración sincera. Aquellos cuyo corazón esté abierto para recibir el apoyo y la bendición de Dios, andarán en una atmósfera más santa que la del mundo y tendrán constante comunión con el cielo.—El Camino a Cristo, 99. Or 183.1

Nehemías oró fervientemente toda la noche

En secreto y silencio, Nehemías completó su gira de inspección de los muros. Declara: “Y no sabían los magistrados dónde yo había ido, ni qué había hecho; ni hasta entonces lo había yo declarado a los judíos y sacerdotes, ni a los nobles y magistrados, ni a los demás que hacían la obra”. En su dolorosa gira no quería él llamar la atención ni de sus amigos ni de sus adversarios, para no crear ninguna excitación, y para que no se pusieran en circulación informes que pudieran derrotar o por lo menos obstaculizar su obra. Nehemías dedicó el resto de la noche a la oración; por la mañana debía hacer un esfuerzo ferviente para levantar y unir a sus desalentados y divididos compatriotas.—Servicio Cristiano Eficaz, 217. Or 183.2

El éxito de Nehemías demuestra el poder de la oración

En su obra, Esdras y Nehemías se humillaron delante de Dios, confesaron sus pecados y los del pueblo, y pidieron perdón como si ellos mismos hubiesen sido los culpables. Con paciencia trabajaron, oraron y sufrieron. Lo que más dificultó su obra no fue la franca hostilidad de los paganos, sino la oposición secreta de los que se decían sus amigos, quienes, al prestar su influencia al servicio del mal, multiplicaba por diez la carga de los siervos de Dios. Esos traidores proveían a los enemigos del Señor material para que guerreasen contra su pueblo. Sus malas pasiones y voluntades rebeldes estaban siempre en pugna con los claros requerimientos de Dios. Or 183.3

El éxito que acompañó los esfuerzos de Nehemías revela lo que lograrán la oración, la fe y la acción sabia y enérgica. Nehemías no era sacerdote ni profeta, ni pretendía título alguno. Fue un reformador suscitado para un tiempo importante. Se propuso poner a su pueblo en armonía con Dios. Inspirado por su gran propósito, dedicó a lograrlo toda la energía de su ser. Una integridad elevada e inflexible distinguió sus esfuerzos. Al verse frente al mal y a la oposición a lo recto, asumió una actitud tan resuelta que el pueblo fue incitado a trabajar con renovado celo y valor. No podía menos que reconocer la lealtad, el patriotismo y el profundo amor a Dios que animaban a Nehemías, y al notar todo esto, el pueblo estaba dispuesto a seguirlo adónde lo guiaba.—La Historia de Profetas y Reyes, 498, 499. Or 184.1