La Edificación del Carácter

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El testigo de Dios no fue silenciado

Acá podemos ver cuán duro se vuelve el corazón cuando obstinadamente se opone a los propósitos de Dios. Los adversarios de la iglesia estaban determinados a mantener su orgullo y poder ante el pueblo. Por decreto del emperador, Juan fue desterrado a la isla de Patmos, condenado, como él nos dice, “por causa de la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo”. Apocalipsis 1:9. ECFP 69.3

Pero los enemigos de Cristo fracasaron completamente en su propósito de silenciar al fiel testigo del Señor. Desde su lugar de exilio resuena la voz del apóstol, alcanzando aun hasta el fin del tiempo, para proclamar las más emocionantes verdades que alguna vez fueron presentadas a los mortales. ECFP 70.1

Patmos, una isla desierta y rocosa del mar Egeo, había sido elegida por el gobierno romano como un lugar de destierro para los criminales. Pero para el siervo de Dios, esta tenebrosa residencia resultó ser la puerta del cielo. El fue aislado de las bulliciosas escenas de la vida y del trabajo activo como evangelista; pero no fue excluido de la presencia de Dios. En su desolado hogar podía comulgar con el Rey de reyes, y estudiar más estrechamente las manifestaciones del poder divino en el libro de la naturaleza y en las páginas de la inspiración. Se deleitaba en meditar en la gran obra de la creación, y en glorificar el poder del Arquitecto divino. En los primeros años sus ojos habían sido alegrados por el panorama de colinas cubiertas de bosques, verdes valles, y llanuras fructíferas; y en todas las hermosuras de la naturaleza se había deleitado en descubrir la sabiduría y el poder del Creador. Ahora se hallaba rodeado de escenas que para muchos parecerían sombrías y carentes de interés. Pero para Juan era de otra manera. El podía leer las más importantes lecciones en las rocas agrestes y desoladas, los misterios del grande abismo, y las glorias del firmamento. Para él, todo llevaba la impresión del poder de Dios, y declaraba su gloria. ECFP 70.2