En los Lugares Celestiales

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De la desesperación a la esperanza y el gozo, 30 de enero

El Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo. Romanos 15:13. ELC 38.1

Si Jesús no hubiera muerto como nuestro sacrificio y no hubiera resucitado, nunca hubiéramos conocido la paz, nunca hubiéramos sentido gozo, sino tan sólo habríamos experimentado los horrores de la oscuridad y las aflicciones de la desesperación. Por lo tanto, sólo la alabanza y gratitud sean el lenguaje de nuestro corazón. Toda nuestra vida hemos sido participantes de sus beneficios celestiales, recipientes de las bendiciones de su expiación sin par. Por lo tanto, es imposible que concibamos la degradada e impotente condición ... de la cual nos ha levantado Cristo. Cuando sintamos los dolores, las aflicciones y los desamparos a que estamos sometidos, ningún pensamiento de murmuración deshonre a nuestro Redentor... ELC 38.2

El lenguaje del alma debiera ser de gozo y gratitud. Si algunos tienen capítulos oscuros en su vida, sepúltenlos. No se mantenga viva esa historia mediante la repetición... Cultivad tan sólo aquellos pensamientos y sentimientos que produzcan gratitud y alabanza... ELC 38.3

Os suplico que nunca profiráis una palabra de queja, sino que alberguéis sentimientos de agradecimiento y gratitud. Al proceder así, aprenderéis a producir melodías en vuestro corazón. Entretejed en vuestra experiencia como urdimbre y trama las áureas hebras de gratitud. Contemplad la tierra mejor, donde nunca se derraman lágrimas, donde nunca se experimentan las tentaciones y pruebas, donde no se conocen pérdidas ni reproches, donde todo es paz, gozo y felicidad. Aquí puede espaciarse ampliamente vuestra imaginación. Esos pensamientos os harán pensar más en el cielo, os dotarán de vigor celestial, satisfarán vuestra alma sedienta con ríos de aguas vivas, y pondrán sobre vuestro corazón el sello de la imagen divina. Os llenarán con gozo y esperanza al creer, y habitarán con vosotros para siempre como un consolador.—Manuscrito 9, 1883. ELC 38.4