En los Lugares Celestiales

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Un mensaje a los jóvenes, 29 de julio

Os he escrito a vosotros, jóvenes, porque sois fuertes, y la palabra de Dios permanece en vosotros, y habéis vencido al maligno. 1 Juan 2:14. ELC 219.1

Los niños y jóvenes, con sus frescos talentos, energías y ánimo, y su rápida disposición para recibir las impresiones, son amados de Dios, y él desea ponerlos en armonía con los agentes divinos... Nuestros hijos están, por así decirlo, en la línea divisoria de los caminos. Por todas partes las tentaciones del mundo al egoísmo y la complacencia propia los llaman a salir del sendero señalado para los redimidos del Señor. El que sus vidas sean una bendición o una maldición depende de la elección que hagan... Pertenecen a Cristo. Son la posesión adquirida por su sangre, el objeto de su amor. Viven porque él los guarda con su poder. Su tiempo, su fuerza, sus capacidades son suyos, para que se desarrollen, se preparen y se usen para él... ELC 219.2

Jóvenes y señoritas, acopiad conocimiento... Seguid tendiendo a alturas cada vez mayores. Lo que tiene valor ahora es la habilidad de ejercitar al máximo las facultades de la mente y del cuerpo, manteniendo a la vista las realidades eternas. Buscad al Señor con todo fervor para que lleguéis a ser cada vez más refinados, más cultivados espiritualmente. Entonces tendréis el mejor diploma que alguien pueda poseer: la aprobación de Dios. ELC 219.3

Sean grandes o pequeños vuestros talentos, recordad que lo que tenéis no es vuestro sino que solamente os ha sido confiado. Así Dios os está probando, dándoos una oportunidad de mostrar vuestra fidelidad... A él pertenecen las facultades de vuestro cuerpo, de vuestra mente y de vuestra alma, y para él debéis usarlas. Vuestro tiempo, vuestra influencia, vuestras habilidades, vuestro talento—de todo ello habéis de dar cuenta al que todo lo da... ELC 219.4

Con semejante ejército de obreros como el que nuestros jóvenes, bien preparados, podría proporcionar, ¡cuán pronto se proclamaría al mundo el mensaje de un Salvador crucificado, resucitado y próximo a venir!—The Review and Herald, 16 de mayo de 1912. ELC 219.5