Elena G. de White en Europa

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De Escandinavia a Suiza

A través de Alemania

Cuando Elena G. de White y sus acompañantes dejaron Noruega contemplaron uno de los espectáculos más grandiosos de la naturaleza: Un ocaso en el norte. La Sra. de White amaba la belleza del mundo natural. A su juicio, la naturaleza era el segundo libro de Dios. El esplendor del espectáculo la sobrecogió. EGWE 143.1

“Tuvimos el privilegio de contemplar la más gloriosa puesta de sol. El lenguaje no basta para describir su belleza. Los últimos rayos del sol, de plata y oro, púrpura, ámbar y carmesí, compartieron sus glorias a través del cielo, haciéndose cada vez más brillantes y elevándose más y más en los cielos, hasta que pareció que las puertas de la ciudad celestial se entreabrían y destellos de su gloria interior resplandecían a través de ellas. Durante dos horas el magnífico esplendor continuó iluminando el frío cielo del norte. Parecía un cuadro pintado por el Artista Maestro en el lienzo cambiante de los cielos. Se asemejaba a la sonrisa de Dios sobre todos los hogares terrenales, sobre las llanuras rodeadas de peñascos, las montañas escabrosas y los bosques solitarios que debíamos atravesar en nuestro viaje. EGWE 143.2

“Angeles de misericordia parecían susurrar: ‘Mirad. Esta gloria es apenas un destello de la luz que fluye del trono de Dios. No viváis sólo para esta tierra. Levantad los ojos, y contemplad por fe las mansiones del hogar celestial’. Para mí, esta escena era semejante al arco de la promesa hecha a Noé, y me permitió aferrarme a la seguridad del inmutable amor divino, y contemplar el puerto de descanso que aguarda al obrero fiel. Desde aquel preciso momento, tuve la convicción de que Dios nos concedía esta señal de su amor para animarnos. Mientras tenga memoria, jamás olvidaré esa visión de la belleza, y el consuelo y la paz que me brindaron”.—Historical Sketches of the Foreign Missions of the Seventh Day Adventist, 220, 221. EGWE 143.3

Pero ella y la Srta. McEnterfer no disfrutaron mucho tiempo de escenas tranquilas, como la de la gloriosa puesta de sol en Escandinavia. En Goteborg, Suecia, abordaron un pequeño barco de pasajeros e iniciaron el cruce del canal que los llevó en seis horas a Dinamarca. EGWE 144.1