Elena G. de White en Europa

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Se derrite el hielo de la indiferencia

Pero la Sra. de White tenia preocupaciones mucho más importantes que el protegerse de los resfríos. Trabajó duramente para derretir el hielo de la indiferencia que afectaba tanto a los obreros como a los laicos de la iglesia de Cristiania. Expresó sus pensamientos en las las siguientes palabras: EGWE 139.3

“Dios exhorta a los obreros de esta misión a alcanzar una norma más elevada y santa. Cristianía es un punto importante en nuestros campos misioneros; es el gran centro de la obra para el pueblo escandinavo. Desde este lugar se despachan las publicaciones y los obreros salen a proclamar los mandamientos de Dios, y es de la mayor importancia que esta iglesia ejerza la influencia debida, tanto por precepto como por ejemplo. No se debe establecer una norma tan baja que los que acepten la verdad transgredan los mandamientos al tiempo que profesan obedecerlos... Si este pueblo amolda su vida a las normas bíblicas, habrá ciertamente una luz en el mundo, y una ciudad asentada sobre un monte”.—Historical Sketches of the Foreign Missions of the Seventh Day Adventist, 218, 219. EGWE 139.4

Todas las noches, durante la segunda semana que pasó en esa ciudad, predicó fervientemente y celebró reuniones de testimonio. Algunos retrocedieron “como si dudaran”, indica su diario, pero otros testificaron que “se sentían desdichados y preocupados y deseaban volver a la verdad”.—Manuscrito 27, 1885. EGWE 140.1

Al principio la sierva del Señor se despertaba a las tres de la mañana, demasiado preocupada como para seguir durmiendo. Al resumir luego su experiencia, escribió lo siguiente: EGWE 140.2

“Durante las reuniones, el querido Salvador estuvo muy cerca de nosotros repetidas veces. Se inició una buena obra. Varias veces invitamos a los presentes a pasar al frente para orar, y hubo una respuesta rápida y espontánea. Se hicieron confesiones fervientes y sinceras. Varios de los presentes, desanimados, habían apostatado por causa del espíritu acusador y por la falta de amor a Dios y a los hermanos, manifestados hasta entonces. Humildemente confesaron que habían estado errados al permitir que se debilitara su fe en Dios y en la verdad. Algunos habían transgredido el sábado por temor a no poder suplir las necesidades de su familia. Otros reconocieron que habían cedido a un espíritu de crítica y murmuración. Muchos declararon que jamás habían comprendido como ahora la importancia de la verdad y la influencia que ésta debe ejercer sobre la vida y el carácter. No pocos testificaron agradecidos que habían recibido bendiciones de Dios como nunca antes”.—Historical Sketches of the Foreign Missions of the Seventh Day Adventist, 218. EGWE 140.3

Mientras tanto, Guillermo White, Matteson y Oyen trazaban planes para la casa editora. El martes 10 de noviembre llegó una carta de la Review and Herald Publishing Company en Battle Creek, negando algunos pedidos que se habían hecho en beneficio de la Casa Editora de Cristianía. Durante tres semanas Guillermo White tuvo la convicción de que debía ir al congreso de la Asociación General que estaba por comenzar en Battle Creek. Hasta cierto punto, él conocía ahora los problemas de Europa y podía hablar en las reuniones de la junta y en el congreso. EGWE 141.1

En principio, cuando presentó esta propuesta, la Sra. de White se opuso, pero al día siguiente escribió que después “de considerar cuidadosa y calmadamente el asunto”, había cambiado de idea. EGWE 141.2

“Pensé que él podría servir mejor a la causa de Dios y especialmente a su obra en estos campos misioneros si va a Norteamérica para que la Asociación General conozca por sus propios labios las necesidades de la causa, tanto en lo que respecta a obreros como a dinero, en lugar de leer los mismos argumentos en una carta. Ahora creo que está bien que Guillermo White vaya, aunque lo extrañaré mucho al igual que sus consejos, que parecen ser casi imprescindibles aquí en este momento”.—Manuscrito 27, 1885. EGWE 141.3

Fue así como el viernes 13 de noviembre, Guillermo White partió de Cristianía. Sabía que no podría llegar a la reunión de apertura del congreso * que tendría lugar cinco días después en Battle Creek. Pero aunque llegaría con una semana de atraso, las necesidades de la causa en Europa lo impulsaron a intentar el viaje. EGWE 141.4

El sábado fue otro día importante en Christiania, el último que la Sra. de White pasaría en esa iglesia. “El salón estaba repleto—escribió—, y esperamos que se hayan producido impresiones profundas”.—Ibid. EGWE 141.5

El lunes de mañana a las 5.45, el grupo de viajeros llegó a la estación para inciar el viaje de regreso a Basilea. Los matrimonios Hansen, Olsen y Oyen, además de varias otras personas, se habían reunido para despedirlos. EGWE 142.1

“¿Volveremos a encontrarnos en esta vida—se preguntó Elena G. de White cuando el tren arrancó lentamente—o no nos veremos más hasta el día del juicio? Morir es algo solemne, y vivir es más solemne aún”.—Ibid. EGWE 142.2