Elena G. de White en Europa

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La asociación Suiza

Una de las primeras de Europa

El Jueves 10 de septiembre, los obreros y miembros laicos de la iglesia comenzaron a llegar a Basilea para el congreso de la Asociación Suiza que se iniciaría esa tarde. Un antiguo amigo de Elena G. de White, Daniel T. Bourdeau, llegó con un grupo de creyentes franceses. Ella los saludó cordialmente y mantuvo una agradable entrevista con Bourdeau y su pequeña familia. EGWE 65.1

Estaban presentes su esposa Marion, y sus hijas Paciencia—una adolescente de quince años llena de energías—y Agustina, de diez años. Elena G. de White conocía a la familia Bourdeau desde la época en que estuvo radicada en Bourdeauville, al norte de Vermont, cuando su casa era un importante puesto de avanzada adventista. EGWE 65.2

El hermano de Daniel, A. C. Bourdeau, fue el primer miembro de la familia que aceptó el mensaje del tercer ángel. Cuando lo hizo, Daniel pensó que estaba loco al guardar el sábado en lugar del domingo. Orgulloso por la beca bíblica que había obtenido en un seminario bautista del Canadá, Daniel se dedicó a probar, por medio de las Escrituras, que su hermano estaba equivocado. Durante ese proceso, por supuesto, descubrió precisamente lo contrario, y se vio obligado a admitir que la Biblia favorecía el día de reposo adventista; a pesar de ello, no pudo aceptar todavía que las visiones de la Sra. de White fueran auténticas. Entonces se realizó una importante reunión en Puente Buck, Nueva York, en 1857. Daniel estaba presente, y durante la reunión Elena G. de White recibió una visión. Los fenómenos físicos que caracterizaron sus primeras visiones, uno de los cuales era la ausencia de respiración (véase Daniel 10:17, 18) se hicieron presentes en esa ocasión. EGWE 65.3

Jaime White, que estaba allí, invitó a pasar al frente a las personas que dudaban para que comprobaran por sí mismas. Explicó que cuando la Sra. de White estaba en visión, se abstraía por completo de todo lo que la rodeaba, y dio oportunidad a cualquiera de los presentes para que la examinara. Esa fue la oportunidad de Bourdeau. Obtuvo permiso del pastor White, y con un espíritu de reverencia y decoro, después de comprobar que no había señales externas de respiración, recurrió a un extraño procedimiento. Más tarde dio el siguiente testimonio: EGWE 66.1

“Puse mi mano sobre su boca, oprimiéndole las fosas nasales entre mis dedos pulgar e índice, de modo que, aunque ella lo deseara, le era imposible exhalar o inhalar aire. La mantuve sujeta de este modo con la mano durante unos diez minutos, el tiempo suficiente como para que se asfixiara en circunstancias normales; pero esta prueba no le afectó en lo más mínimo” (Declaración de D. T. Bourdeau, del 4 de febrero de 1891, citada en The Great Second Advent Movement (El gran movimiento adventista), por J. N. Loughborough, pág. 210). EGWE 66.2

Bourdeau confesó que después de este incidente* jamás volvió a dudar del origen divino de las visiones de la Sra. de White. Durante el Concilio Europeo que se celebró al poco tiempo, la confianza de Bourdeau fue sometida a una severa prueba, pero se mantuvo inalterable. Y jamás la perdió. EGWE 66.3