Elena G. de White en Europa

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Los dos primeros concilios europeos

Entre el 14 y 17 de septiembre de 1882 se realizó el primer concilio misionero europeo, en Basilea. Esta reunión ayudó a desarrollar unidad y cohesión entre los mensajeros de Dios que trabajaban en tres territorios diferentes: Gran Bretaña, Escandinavia y Suiza. En el libro Historical Sketches se informan los alcances de esa reunión: EGWE 62.2

“Por ser ésta la primera reunión en su género, se dedicó más a la consulta y la comparación de las labores realizadas en el pasado que a recomendar planes para el trabajo futuro. Al adoptar estatutos se formó una organización permanente: Como presidente se eligió al pastor J. N. Andrews; secretario, el pastor A. A. John; y tesorero Carlos M. Andrews. Aunque la cuestión de la relación que existiría entre esta organización y las diversas partes de la obra en Europa quedó a cargo de las recomendaciones de la Asociación General, los beneficios prácticos que se obtuvieron en esta primera asamblea fueron tan evidentes que se recomendó allí mismo que, a partir de ese momento, se realizaran esas asambleas por lo menos una vez al año” (pág. 109). EGWE 62.3

Debido a la extrema debilidad del pastor J. N. Andrews y a su muerte ulterior, se pospuso el segundo concilio europeo que estaba planeado para octubre de 1883. Se fijó una nueva fecha para esta segunda reunión, del 28 de mayo al 1 de junio de 1884 en Basilea, la cual coincidió con el fin de la visita de G. I. Butler a las tres misiones europeas. En esa ocasión la representación enviada por las misiones fue mucho más numerosa; hubo delegados de Italia y también de Rumania. EGWE 62.4

El concilio de 1884 adoptó ciertas recomendaciones, que incluían un nombre oficial: “El Concilio Europeo de las Misiones Adventistas del Séptimo Día”, y la designación de una comisión general ejecutiva, de tres miembros, formada por hermanos escogidos de las tres misiones. Esto permitiría aplicar a la obra por realizar el mejor criterio de todos los misioneros, y haría que todos se sintieran responsables del progreso de la causa común. EGWE 63.1

Conviene notar que este arreglo no creó una superestructura de “división” o de “unión”, ni requirió un grupo de obreros nuevos o un nuevo presupuesto. Sencillamente, reunió a los presidentes de las misiones locales en una comisión tripartita que debía supervisar la obra en general en Europa. De este modo, la Asociación General podía tratar directamente con esta comisión todos los asuntos importantes de la obra en expansión, y Europa podía contar con una voz en las sesiones de la Asociación General. EGWE 63.2

El énfasis que se dio a la necesidad de que cada territorio tuviera su representante, a fin de “unificar la obra” en Europa, refleja los rasgos más definidos y sobresalientes de la forma representativa que emplea la organización para administrar la iglesia. A pesar de que esta feliz idea de una representación completa alcanzó su culminación en la sesión de la Asociación General celebrada en Battle Creek en 1901, la idea básica se manifestó y fue aceptada en los comienzos de la obra en Europa. EGWE 63.3

Desde los primeros días de la Iglesia Adventista, aun antes que se organizara la Asociación General en 1863, los mensajes del espíritu de profecía repetían que se* debía mantener el orden y usar procedimientos ordenados al desarrollar un sólido gobierno eclesiástico.—Véase Primeros Escritos, 97. EGWE 63.4

Y ahora vemos que el instrumento usado por Dios estaba presente en Europa, para facilitar el progreso de un testimonio evangelizador e institucional poderoso en el continente. EGWE 64.1

Elena G. de White estuvo también presente en el Tercer Concilio Misionero Europeo en Basilea, y sus predicaciones y consejos ejercieron una fuerte influencia en la organización de la iglesia en Europa y contribuyeron a una rápida difusión de la verdad divina. EGWE 64.2