Elena G. de White en Europa

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Evidencias del diluvio

“Los hombres pueden buscar, en las resquebrajaduras de la superficie terrestre, las evidencias del diluvio. Ellos se creen más sabios que Dios, demasiado sabios como para obedecer su ley, guardar sus mandamientos y obedecer los estatutos y los preceptos de Jehová. Las riquezas de la tierra, que Dios les ha concedido, no los conducen a la obediencia sino que los alejan de ella, porque han abusado de los selectos favores concedidos por el Cielo y han transformado las bendiciones divinas en objetos de separación entre ellos y Dios. Y, como consecuencia del hecho de que su naturaleza se volvió satánica en lugar de divina, el Señor envió el diluvio sobre el mundo antiguo, el cual destruyó los fundamentos del gran abismo. EGWE 207.2

“La arcilla, el barro y las conchillas que Dios esparció en las profundidades del mar, volvieron a la superficie y fueron arrojadas de un lado a otro, mientras que las convulsiones producidas por el fuego y el diluvio, los terremotos y los volcanes, sepultaron los ricos tesoros de oro, plata y piedras preciosas lejos de la vista y del alcance del hombre. Las montañas encierran vastos tesoros. Podemos aprender lecciones del libro de la naturaleza... EGWE 208.1

“Vemos en el rostro quebrado de la naturaleza, en las hendiduras de las rocas, en las montañas y en los precipicios, las marcas que nos hablan del gran mal que se ha hecho. Ellas revelan que los hombres han abusado de los dones divinos y han olvidado al Creador; y que el Señor, afligido, castigó a los impíos transgresores de su ley, lo cual produjo como resultado los efectos que observamos en la creación. Las tormentas braman con destructiva violencia. El hombre, las bestias y las propiedades sufren daños. Debido a que el hombre sigue transgrediendo la ley de Dios, él les retira su protección. El hambre, los maremotos y la pestilencia que anda al mediodía, se suceden porque el hombre ha olvidado a su Creador. El pecado, la plaga del pecado, mutila y desfigura a nuestro mundo; y la creación agonizante gime bajo la iniquidad de sus habitantes. Dios nos ha dado talentos a fin de que los cultivemos y los mejores para su gloria y para la eternidad”.—Manuscrito 62, 1886. EGWE 208.2

La Sra. de White pensó también en los santos que se levantarían en la mañana de la resurrección, en medio de las rocas y las cuevas dispersas en esas majestuosas montañas. EGWE 208.3

“Aquí han perecido mártires, y estos lugares jamás revelarán el sagrado cometido que les fue confiado hasta que el Dador de la vida los llame... Murieron en el exilio, algunos por inanición, otros bajo la cruel mano del hombre. Caminaron con Dios, y seguirán caminando con él, vestidos con ropas blancas, porque son hallados dignos”.—Manuscrito 62, 1885. EGWE 208.4

El viaje fue inolvidable para la mensajera de Dios. Y, gracias a las notas registradas en su diario, ha sido posible repetir aquí su experiencia para que millares de personas también puedan disfrutar de ella. EGWE 209.1