Consejos Sobre la Obra de la Escuela Sabatica

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Elevemos a Cristo

El Evangelio es el poder y la sabiduría de Dios, si aquellos que dicen ser cristianos lo representan correctamente. Cristo crucificado por nuestros pecados es el pensamiento que debe humillar en su propia estima a toda alma delante de Dios. Cristo resucitado de los muertos, ascendido al cielo y actuando como nuestro intercesor viviente en la presencia de Dios, es la ciencia de la salvación que necesitamos aprender y enseñar a los niños y jóvenes. Cristo dijo: “Yo me santifico a mí mismo; para que también ellos sean santificados.” Esta es la obra que incumbe siempre a todo maestro. No debe hacerse un trabajo descuidado en esto, porque aun la obra de educar a los niños en la escuela diaria necesita mucho de la gracia de Cristo y dominio propio. Aquellos que por naturaleza son irritables, fáciles de provocar, y que han estado acostumbrados a criticar y pensar mal, deberían buscarse alguna otra clase de trabajo que no reproduzca en los niños y en los jóvenes ninguno de sus desagradables rasgos de carácter, porque ellos han costado demasiado. El cielo ve en el niño al hombre o la mujer no desarrollados aún, dotados de capacidades y poderes que, guiados y desarrollados correctamente, con sabiduría celestial, llegarán a ser los medios humanos por los cuales obrarán las influencias divinas, para que colaboren con Dios. Las palabras ásperas y la continua censura aturden al niño, pero jamás lo reforman. Retened esa palabra impaciente; someted vuestro propio espíritu al dominio de Jesucristo; entonces aprenderéis a compadeceros de aquellos que llegan a estar bajo vuestra influencia, y a simpatizar con ellos.—Testimonies on Sabbath-School Work, 87, 88. COES 138.1