Fe y Obras

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El engaño y la trampa de Satanás

Muchos han tomado la posición de que no pueden pecar porque están santificados, pero ésta es una trampa engañosa del maligno. Hay un constante peligro de caer en pecado, porque Cristo nos ha amonestado a velar y orar para que no caigamos en tentación. Si somos conscientes de la debilidad del yo, no nos confiaremos en nosotros mismos ni seremos indiferentes al peligro, sino que sentiremos la necesidad de acudir a la Fuente de nuestra fortaleza: Jesús, nuestra justicia. Hemos de allegarnos con arrepentimiento y contrición, con una desesperada sensación de nuestra propia debilidad finita, y aprender que debemos acudir diariamente a los méritos de la sangre de Cristo, a fin de que lleguemos a ser vasos apropiados para el uso del Maestro. FO 87.3

Mientras así dependemos de Dios no seremos hallados en guerra contra la verdad, sino que siempre estaremos habilitados para ponernos de parte de la justicia. Debemos aferrarnos a la enseñanza de la Biblia y no seguir las costumbres y tradiciones del mundo, los dichos y hechos de los hombres. FO 88.1

Cuando surgen errores y son enseñados como verdad bíblica, los que están conectados con Cristo no confiarán en lo que dice el ministro, sino que -como los nobles bereanos- escudriñarán cada día las Escrituras para ver si estas cosas son así. Al descubrir cuál es la palabra del Señor, se pondrán de parte de la verdad. Oirán la voz del verdadero Pastor, que dice: “Este es el camino, andad en él”. De esa manera serán instruidos para hacer de la Biblia su consejero, y no oirán ni seguirán la voz de un extraño. FO 88.2