Hijos e Hijas de Dios

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Perfectos como Cristo, 27 de mayo

Y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen. Hebreos 5:9. HHD 156.1

Nuestro Salvador mantuvo la verdadera relación de un ser humano como hijo de Dios. Somos hijos e hijas de Dios. A fin de saber cómo podemos comportarnos con circunspección, debemos seguir a Cristo por donde nos conduzca. Durante treinta años vivió la vida de un hombre perfecto, en armonía con la más elevada norma de perfección.—Carta 69, 1857. HHD 156.2

Nuestra obra consiste en luchar para obtener en nuestra esfera de acción la perfección que Cristo logró en esta tierra en todo aspecto de su carácter.—Medical Ministry, 253. HHD 156.3

Para avanzar sin tropezar, debemos tener la seguridad de que una Mano todopoderosa nos sostendrá, y que una infinita misericordia se ejercerá hacia nosotros si caemos. Sólo Dios puede oír en todo momento nuestro clamor por ayuda. HHD 156.4

Es un pensamiento solemne el que la remoción de una sola salvaguardia de la conciencia, el dejar de cumplir una sola buena resolución, la formación de un solo hábito malo, puede dar como resultado no solamente nuestra propia ruina, sino la ruina de aquellos que han puesto su confianza en nosotros. Nuestra única seguridad consiste en seguir las pisadas del Maestro por donde él nos conduzca, confiar sin vacilaciones en la protección del que dice: “Sígueme”. Nuestra constante oración debiera ser: “Sustenta mis pasos en tus caminos, porque mis pies no resbalen”.—The Signs of the Times, 28 de julio de 1881. HHD 156.5

El Hijo de Dios era intachable. Debemos tratar de alcanzar esa perfección, y vencer como él venció, si queremos sentarnos alguna vez a su diestra.—Testimonies for the Church 3:336. HHD 156.6