Hijos e Hijas de Dios

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En el bautismo, 6 de mayo

Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Mateo 3:16, 17. HHD 135.1

Jesús fue nuestro ejemplo en todo lo que se refiere a la vida y a la piedad. Fue bautizado en el Jordán, en la forma en que deben serlo los que se allegan a él. Los ángeles celestiales estaban observando con intenso interés la escena del bautismo del Salvador, y si los ojos de los que estaban mirando hubieran sido abiertos, habrían visto la hueste celestial rodeando al Hijo de Dios mientras se arrodillaba a la orilla del Jordán. El Señor había prometido a Juan darle una señal por la cual pudiera conocer quién era el Mesías, y al salir Jesús del agua, se dio la prometida señal, porque vio los cielos abiertos, y el Espíritu de Dios, a semejanza de una paloma de oro bruñido, que se posaba sobre la cabeza de Cristo, y una voz del cielo que decía: “Este es mi Hijo amado, en el cual tengo contentamiento”... Jesús, el Redentor del mundo, había abierto el camino para que el más pecador, el más necesitado y el más oprimido y despreciado, pudiera hallar acceso al Padre, pudiera tener un hogar en las mansiones que Jesús ha ido a preparar para aquellos que le aman.—The Youth’s Instructor, 23 de junio de 1892. HHD 135.2

Los que se han levantado con Cristo para andar en novedad de vida, son los elegidos de Dios. Son santos frente al Señor, y él los reconoce como sus amados. Como tales, están bajo el solemne pacto de distinguirse manifestando humildad de mente. Deben revestirse del manto de justicia.—Carta 32, 1907. HHD 135.3