Hijos e Hijas de Dios

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Se nos dará vida eterna, 26 de diciembre

El que venciere, no sufrirá daño de la segunda muerte. Apocalipsis 2:11. HHD 369.1

“Porque la paga del pecado es muerte: mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”. Mientras la vida es la heredad de los justos, la muerte es la porción de los impíos. Moisés declaró a Israel: “Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal”. La muerte de la cual se habla en este pasaje no es aquella a la que fue condenado Adán, pues toda la humanidad sufre la penalidad de su transgresión. Es “la muerte segunda”, puesta en contraste con la vida eterna. HHD 369.2

A consecuencia del pecado de Adán, la muerte pasó a toda la raza humana. Todos descienden igualmente a la tumba. Y debido a las disposiciones del plan de salvación, todos saldrán de los sepulcros. “Ha de haber resurrección de los muertos, así de justos como de injustos”. “Porque así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados”. Pero queda sentada una distinción entre las dos clases que serán resucitadas. “Todos los que están en los sepulcros oirán su voz [del Hijo del hombre]; y los que hicieron bien, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron mal a resurrección de condenación”. Los que hayan sido “tenidos por dignos” de resucitar para vida son llamados “dichosos y santos”. “Sobre los tales la segunda muerte no tiene poder”. Pero los que no hayan asegurado para sí el perdón, por medio del arrepentimiento y de la fe, recibirán el castigo señalado a la transgresión: “la paga del pecado”.—Seguridad y Paz en el Conflicto de los Siglos, 599, 600. HHD 369.3

Y toda la hueste de los redimidos, ancianos y jóvenes, grandes y pequeños, deponen sus coronas resplandecientes a los pies de su Redentor, y se postran en adoración ante él, y adoran a Aquel que vive para siempre jamás. La hermosa tierra nueva, con toda su gloria, es la eterna herencia de los santos.—Primeros Escritos, 295. HHD 369.4