La Educación Cristiana

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Capítulo 24—La cooperación entre el hogar y la escuela

En la escuela del hogar es donde nuestros niños han de prepararse para asistir a la escuela de la iglesia. Los padres deben recordar esto constantemente y, como maestros del hogar, deben consagrar a Dios toda facultad de su ser, a fin de que puedan desempeñar su alta y santa misión. La instrucción diligente y fiel que se dé en el hogar es la mejor preparación que los niños puedan recibir para la vida escolar. Los padres prudentes ayudarán a sus hijos a comprender que tanto en la vida escolar como en el hogar, han de esforzarse por agradar, y honrar a Dios. ECR 193.1

A fin de proteger a sus hijos contra las influencias contaminadoras, los padres deben instruirlos en los principios de la pureza. Los niños que en el hogar adquieren hábitos de obediencia y de dominio propio, tendrán poca dificultad en su vida escolar, y escaparán a muchas de las tentaciones que asedian a los jóvenes. Los padres deben enseñar a sus hijos a ser fieles a Dios en todas las circunstancias y lugares. Deben rodearlos de influencias que tenderán a fortalecer el carácter. Con una educación tal, los niños, cuando vayan a la escuela, no serán causa de perturbación y ansiedad. Apoyarán a sus maestros y serán un ejemplo y estímulo para sus condiscípulos. ECR 193.2