La Educación Cristiana

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La belleza de la sencillez

Los niños más atrayentes son naturales y sin afectación. No es prudente dar atención especial a los niños, y repetir delante de ellos sus dichos ingeniosos. No debe estimularse su vanidad alabando su aspecto, sus palabras o sus acciones. Tampoco debe vestírseles de una manera costosa o vistosa. Esto estimularía en ellos el orgullo y despertaría la envidia en el corazón de sus compañeros. Enseñad a los niños que el verdadero adorno no es exterior. “El adorno de las cuales no sea exterior con encrespamiento del cabello, y atavío de oro, ni en compostura de ropas; sino el hombre del corazón que está encubierto, en incorruptible ornato de espíritu agradable y pacífico, lo cual es de grande estima delante de Dios”. 1 Pedro 3:3, 4. ... ECR 170.2

Debe educarse a los pequeñuelos en la sencillez infantil. Debe enseñárseles a contentarse con los deberes y servicios pequeños, y con los placeres y los incidentes naturales a sus años. La infancia corresponde a la hoja de la parábola, y la hoja tiene una belleza propia peculiar. Los niños no han de ser forzados a una madurez precoz, sino que deben conservar todo el tiempo posible la frescura y la gracia de sus primeros años. ECR 170.3