La Educación Cristiana

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Se necesita a los jóvenes para los lugares difíciles

No podemos restar a nuestros campos principales la influencia de los ministros de edad madura y ancianos, y enviarlos a campos lejanos para empeñarse en una obra para la cual no están preparados y para la cual ningún caudal de preparación podría adaptarlos. Los hombres así enviados dejan vacantes que los obreros inexpertos no pueden suplir. ECR 478.1

Pero la iglesia puede preguntar si a los jóvenes se les pueden confiar las graves responsabilidades que entraña el establecer y dirigir una misión en el extranjero. Contesto que Dios quiso que, en nuestros colegios y por tratar en el trabajo con hombres de experiencia, se preparasen para prestar un servicio útil en diversos departamentos de esta causa. Debemos manifestar confianza en nuestros jóvenes. Debieran ser “pioneros” en toda empresa que signifique trabajo y sacrificio, mientras que los recargados siervos de Cristo deben ser apreciados como consejeros, para estimular y beneficiar a los que asestan los golpes más fuertes para Dios. La Providencia puso en temprana edad a estos padres experimentados en posiciones de responsabilidad y prueba, cuando sus facultades físicas e intelectuales no estaban plenamente desarrolladas. La magnitud del cometido a ellos confiado despertó sus energías, y su labor activa en la obra contribuyó a su desarrollo físico y mental. ECR 478.2

Se necesitan jóvenes. Dios los llama para los campos misioneros. Por estar comparativamente libres de cuidados y responsabilidades, se encuentran más favorablemente situados para dedicarse a la obra que aquellos que deben proveer educación y sostén a una gran familia. Además, los jóvenes pueden adaptarse más fácilmente a nuevos climas y nuevas sociedades, y pueden soportar mejor los inconvenientes y las penurias. Con tacto y perseverancia, alcanzarán a la gente en su ambiente. ECR 478.3

La fuerza se obtiene por el ejercicio. Todos los que hacen uso de la capacidad que Dios les ha dado, podrán en crecida medida dedicarla a su servicio. Los que no hacen nada en la causa de Dios, dejarán de crecer en gracia y en el conocimiento de la verdad. Un hombre que, acostándose, se negara a ejercitar sus miembros, no tardaría en perder la facultad de usarlos. Así también el cristiano que no quiera ejercitar las facultades que Dios le ha dado, no sólo deja de crecer en Cristo, sino que pierde la fuerza que ya tenía; y viene a ser un paralítico espiritual. Los que, con amor hacia Dios y sus semejantes, se esfuerzan por ayudar a otros, son los que llegan a ser establecidos, fortalecidos y arraigados en la verdad. El verdadero cristiano trabaja para Dios, no por impulso, sino por principio; no un día ni un mes, sino durante toda su vida. ... ECR 479.1

El Maestro pide obreros evangélicos; ¿quién responderá? No todos los que entran en el ejército han de ser generales, capitanes, sargentos ni aun cabos. No todos tienen la carga y la responsabilidad de los dirigentes. Hay duro trabajo de otras clases que hacer. Algunos deben cavar trincheras y erigir fortificaciones; otros han de hacer de centinelas, o llevar mensajes. Aunque hay tan sólo pocos oficiales, se requieren muchos soldados para formar las filas de un ejército; sin embargo el éxito de éste depende de la fidelidad de cada soldado. La cobardía o traición de un solo hombre puede producir un desastre para el ejército entero. ... ECR 479.2

El que dió “a cada uno su obra” (Marcos 13:34), según su capacidad, no dejará sin recompensa el cumplimiento fiel del deber. Cada acto de lealtad y fe será coronado con señales especiales del favor y aprobación de Dios. A cada obrero se hace esta promesa: “Irá andando y llorando el que lleva la preciosa simiente; mas volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas”. Salmos 126:6.—Testimonies for the Church 5:390-395. ECR 479.3

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Una familiaridad con los idiomas de las diferentes naciones es de ayuda en la obra misionera. El comprender las costumbres de los que vivían en tiempos bíblicos, como también el lugar y tiempo en que se produjeron los acontecimientos, es un conocimiento práctico, porque ayuda a presentar con claridad las figuras de la Biblia y a recalcar las lecciones de Cristo. ECR 480.1