La Educación Cristiana

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Capítulo 5—La educación superior

La expresión “educación superior” ha de considerarse desde un punto de vista diferente del que ha sido vista por los estudiantes de ciencias. La oración de Cristo a su Padre está llena de eterna verdad. “Estas cosas habló Jesús, y levantados los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora es llegada; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti; como le has dado la potestad de toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste. Esta empero es la vida eterna: que te conozcan el solo Dios verdadero, y a Jesucristo, al cual has enviado”. “Porque el que Dios envió, las palabras de Dios habla: porque no da Dios el Espíritu por medida. El Padre ama al Hijo, y todas las cosas dió en su mano. El que cree en el Hijo, tiene vida eterna; mas el que es incrédulo al Hijo, no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él”. El poder y alma de la verdadera educación es un conocimiento de Dios y de Jesucristo, a quien él ha enviado. “El temor de Jehová es el principio de la sabiduría”. EC 52.1

De Jesús está escrito: “Y el niño crecía, y fortalecíase, y se henchía de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él. ... Y Jesús crecía en sabiduría, y en edad, y en gracia para con Dios y los hombres”. El conocimiento de Dios constituirá una clase de conocimiento que será tan duradero como la eternidad. Aprender y ejecutar las obras de Cristo es obtener una educación verdadera. Aunque el Espíritu Santo movía la mente de Cristo de modo que pudo decir a sus padres: “¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me conviene estar?” no obstante, trabajó de carpintero como un hijo obediente. Puso de manifiesto que tenía un conocimiento de su obra como Hijo de Dios y, sin embargo, no exaltó su carácter divino. No dió como razón para eludir la carga de los cuidados temporales el hecho de que fuese divino, sino que estuvo sujeto a sus padres. Era el Señor de los mandamientos y sin embargo, fué obediente a todas sus exigencias, dejando así un ejemplo de obediencia para la infancia, la juventud y la virilidad. EC 52.2

Si la mente se pone a la tarea de estudiar la Biblia para obtener información mejorará la facultad de razonar. Sometida al estudio de las Escrituras, la mente se ensanchará y adquirirá un equilibrio más uniforme que si se ocupara en la obtención de información general de los libros que se usan y que no tienen relación con la Biblia. Ningún conocimiento es tan firme, consistente y vasto en sus alcances como el obtenido del estudio de la Palabra de Dios. Es la base de todo verdadero conocimiento. La Biblia se parece a un manantial: cuanto más miráis en su interior, tanto más profundo parece a la vista. Las verdades grandiosas de la historia sagrada poseen una fuerza y una belleza que asombran, y son tan vastas como la eternidad. Ninguna ciencia iguala a la que revela el carácter de Dios. Moisés había sido educado en toda la sabiduría de los egipcios y dijo, no obstante: “Mirad, yo os he enseñado estatutos y derechos, como Jehová mi Dios me mandó, para que hagáis así en medio de la tierra en la cual entráis para poseerla. Guardadlos, pues, y ponedlos por obra: porque ésta es vuestra sabiduría y vuestra inteligencia en ojos de los pueblos los cuales oirán todos estos estatutos, y dirán: Ciertamente pueblo sabio y entendido, gente grande es ésta. Porque ¿qué gente grande hay que tenga los dioses cercanos a sí, como lo está Jehová nuestro Dios en todo cuanto le pedimos? Y ¿qué gente grande hay que tenga estatutos y derechos justos, como es toda esta ley que yo pongo hoy delante de vosotros? Por tanto, guárdate, y guarda tu alma con diligencia, que no te olvides de las cosas que tus ojos han visto, ni se aparten de tu corazón todos los días de tu vida: y enseñarlas has a tus hijos, y a los hijos de tus hijos”. EC 53.1

¿Dónde hallaremos leyes más nobles, puras y justas que las que aparecen en los libros en que se registran las instrucciones dadas a Moisés para los hijos de Israel? Estas leyes deben perpetuarse a través de todos los tiempos para que el carácter del pueblo de Dios pueda formarse a la semejanza divina. La ley es una muralla protectora para los que son obedientes a los preceptos de Dios. ¿De qué otra fuente podemos obtener fuerza semejante o aprender tan noble ciencia? ¿Qué otro libro puede enseñar al hombre a amar, temer y obedecer a Dios como la Biblia? ¿Qué otro libro presenta a los estudiantes ciencia más ennoblecedora, historia más maravillosa? Claramente retrata la justicia, y vaticina la consecuencia de la desobediencia a la ley de Jehová. A nadie se deja en la oscuridad en cuanto a lo que Dios aprueba o desaprueba. Estudiando las Escrituras llegamos a conocer a Dios y somos encaminados hacia la comprensión de nuestra relación con Cristo, quien llevó nuestros pecados, y es el garante, el sustituto de nuestra humanidad caída. Estas verdades atañen a nuestros intereses presentes y eternos. La Biblia descuella entre los libros, y su estudio tiene un valor superior al de otra literatura para dar vigor y expansión a la mente. Pablo dice: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que traza bien la palabra de verdad”. “Empero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido; y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salud por la fe que es en Cristo Jesús. Toda Escritura es inspirada divinamente y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instituir en justicia, para que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente instruido para toda buena obra”. “Porque las cosas que antes fueron escritas, para nuestra enseñanza fueron escritas; para que por la paciencia, y por la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza”. EC 53.2

La Palabra de Dios es el libro de texto más perfecto que exista en nuestro mundo. Sin embargo, en nuestros colegios y escuelas se han presentado para el estudio de nuestros alumnos libros producidos por la inteligencia humana, y el Libro de los libros, el que Dios ha dado a los hombres como guía infalible, ha sido desplazado a un lugar secundario. Se han usado producciones humanas como más esenciales y la Palabra de Dios ha sido estudiada simplemente para dar color a otros estudios. Isaías describe con el lenguaje más vivo las escenas de gloria del cielo que le fueron presentadas. En todo su libro da a conocer cosas gloriosas que han de revelarse a otros. Ezequiel dice: “Fué palabra de Jehová a Ezequiel sacerdote, hijo de Buzi, en la tierra de los caldeos, junto al río de Kebar; fué allí sobre él la mano de Jehová. Y miré, y he aquí un viento tempestuoso venía del aquilón, una gran nube, con un fuego envolvente, y en derredor suyo un resplandor, y en medio del fuego una cosa que parecía como de ámbar, y en medio de ella, figura de cuatro animales. Y éste era su parecer; había en ellos semejanza de hombre. Y cada uno tenía cuatro rostros, y cuatro alas. Y los pies de ellos eran derechos, y la planta de sus pies como la planta de pie de becerro; y centelleaban a manera de bronce muy bruñido. Y debajo de sus alas, a sus cuatro lados, tenían manos de hombres; y sus rostros y sus alas por los cuatro lados. Con las alas se juntaban el uno al otro. No se volvían cuando andaban; cada uno caminaba en derecho de su rostro. Y la figura de sus rostros era rostro de hombre; y rostro de león a la parte derecha en los cuatro; y a la izquierda rostro de buey en los cuatro; asimismo había en los cuatro rostro de águila”. El libro de Ezequiel es profundamente instructivo. EC 54.1

La Biblia ha sido destinada por Dios como el libro disciplinador del entendimiento y rector del alma. El vivir en el mundo y no ser, sin embargo, del mundo, es un problema que muchos profesos cristianos jamás han resuelto en su vida práctica. El engrandecimiento de la mente se verá en una nación sólo a medida que los hombres vuelvan a su lealtad hacia Dios. El mundo está inundado de libros de información general, y los hombres ocupan su mente en el examen de historias no inspiradas; pero hacen caso omiso del Libro más admirable que puede darles las ideas más claras y la comprensión más amplia.—The Review and Herald, 25 de febrero de 1896. Reproducido en Fundamentals of Christian Education, 392-396. EC 55.1