La Educación Cristiana

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Capítulo 4—La ciencia de la salvación: la principal de las ciencias

Los colegios establecidos entre nosotros significan una gran responsabilidad, pues implican importantes intereses. Nuestros colegios, en forma especial, son un espectáculo para los ángeles y los hombres. Hay poder en el conocimiento de las diversas ciencias y Dios quiere que la ciencia avanzada se enseñe en nuestros colegios como preparación para la obra que ha de preceder a las escenas finales de la historia terrestre. La verdad ha de ir a los confines más remotos de la tierra llevada por personas educadas para hacer la obra. Pero, aunque en el conocimiento de la ciencia hay poder, el conocimiento que Jesús vino a impartir personalmente al mundo es el conocimiento del Evangelio. La luz de la verdad debe hacer resplandecer sus brillantes rayos en las partes más lejanas de la tierra; y la aceptación o el rechazo del mensaje de Dios entraña el destino eterno de las almas. EC 47.1

El plan de salvación ocupó su lugar en los consejos del Infinito desde toda la eternidad. El Evangelio es la revelación del amor de Dios hacia los hombres y comprende todo lo que es esencial para la felicidad y el bienestar de la humanidad. La obra de Dios en la tierra es de una importancia inconmensurable, y el objeto especial de Satanás es colocarla fuera del alcance de la vista y de la mente, para hacer que sus engañosos artificios resulten eficaces para la destrucción de aquellos por quienes murió Cristo. Es su propósito hacer que los descubrimientos de los hombres sean exaltados por encima de la sabiduría de Dios. La mente recibe el sello de la idolatría cuando está monopolizada por los conceptos y las teorías de los hombres, con exclusión de la sabiduría de Dios. La ciencia falsamente llamada así, ha sido exaltada por encima de Dios, la naturaleza por encima de su Hacedor; ¿cómo puede considerar Dios tal sabiduría? EC 47.2

En la Biblia está definido todo el deber del hombre. Salomón dice: “Teme a Dios y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre”. La voluntad de Dios está revelada en su Palabra escrita, y éste es el conocimiento esencial. La sabiduría humana, el conocimiento de los idiomas de naciones diferentes, son una ayuda en la obra misionera. Una comprensión de las costumbres de la gente y del lugar y época de los acontecimientos, es un conocimiento práctico, pues ayuda a entender las figuras de la Biblia, a exponer la fuerza de las lecciones de Cristo; pero no es absolutamente necesario saber estas cosas. El peregrino puede hallar el camino aparejado para que anden los redimidos y no habrá excusa para ninguno que se pierda por una falsa interpretación de las Escrituras. EC 48.1

En la Biblia está declarado todo principio vital, explicado todo deber, evidenciada toda obligación. Todo el deber del hombre ha sido resumido por el Salvador en estas palabras: “Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de toda tu mente. ... Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. En la Palabra está claramente delineado el plan de salvación. El don de la vida eterna se promete bajo la condición de la fe salvadora en Cristo. El poder atrayente del Espíritu Santo está señalado como un agente en la obra de la salvación del hombre. La recompensa de los fieles y el castigo de los culpables están expuestos claramente. La Biblia contiene la ciencia de la salvación para todos los que oigan y obedezcan las palabras de Cristo. EC 48.2

El apóstol dice: “Toda Escritura es inspirada divinamente y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instituir en justicia, para que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente instruido para toda buena obra”. La Biblia es su propio exégeta. Un pasaje es la llave para abrir otros pasajes, y de esta manera la luz se derramará sobre el significado oculto de la Palabra. El verdadero significado de las Escrituras se hará evidente al comparar los distintos pasajes que tratan el mismo asunto, y al examinar su relación en todo sentido. EC 48.3

Muchos piensan que deben consultar comentarios de las Escrituras para comprender el significado de la Palabra de Dios, y, por nuestra parte, no diríamos que no deben estudiarlos; pero se requerirá mucho discernimiento para descubrir la verdad de Dios sepultada bajo el montón de las palabras de los hombes. ¡Cuán poco ha hecho la iglesia, como entidad que profesa creer en la Biblia, para reunir las esparcidas joyas de la Palabra de Dios en una perfecta cadena de verdad! Las joyas de verdad no yacen en la superficie, como muchos suponen. La mente maestra de la confederación del mal trabaja siempre para mantener la verdad fuera del alcance de la vista y para poner ante los ojos las opiniones de los grandes hombres. El enemigo está haciendo cuanto puede para oscurecer la luz del cielo en el proceso de la educación, pues no quiere que los hombres oigan la voz del Señor, que dice: “Este es el camino, andad en él”. EC 49.1

Las joyas de verdad yacen esparcidas sobre el terreno de la revelación; pero han quedado sepultadas debajo de las tradiciones humanas, debajo de los dichos y mandamientos de hombres, y la sabiduría del cielo ha sido prácticamente pasada por alto. Y esto porque Satanás ha tenido éxito en hacer que el mundo crea que las palabras y los hechos de los hombres son de gran importancia. El Señor Jehová, el Creador del universo, ha dado el Evangelio al mundo a un costo infinito. Mediante este agente divino, agradables y refrigerantes manantiales de refrigerio celestial y permanente consolación han sido abiertos para aquellos que acudan a la fuente de la vida. Hay vetas de verdad que aún quedan por descubrir; empero, las cosas espirituales se disciernen espiritualmente. Las mentes oscurecidas por el mal no pueden apreciar el valor de la verdad tal cual es en Jesús. Cuando se acaricia la iniquidad, los hombres no sienten la necesidad de hacer esfuerzos diligentes, acompañados de oración y reflexión, para comprender lo que deben saber o de lo contrario perder el cielo. Han estado tanto tiempo bajo la sombra del enemigo, que ven la verdad como se ven los objetos cuando se miran a través de un lente ahumado e imperfecto, pues todas las cosas aparecen oscuras y pervertidas a sus ojos. Su visión espiritual es débil e indigna de confianza, porque fijan la mirada en la sombra y se retiran de la luz. EC 49.2

Pero los que profesan creer en Jesús debieran acercarse siempre a la luz. Debieran orar diariamente para que la luz del Espíritu Santo resplandezca sobre las páginas del Libro sagrado, a fin de ser capacitados para comprender las cosas del Espíritu de Dios. Debemos tener una confianza implícita en la Palabra de Dios, o estamos perdidos. Las palabras de los hombres, por grandes que sean, no son capaces de hacernos perfectos, enteramente instruidos para toda buena obra. “Por haberos escogido Dios, desde el principio, para salvación, en santificación del Espíritu y en creencia de la verdad”. En este versículo se revelan los dos medios que obran en la salvación del hombre: la influencia divina y la fe poderosa y vital de los que siguen a Cristo. Llegamos a ser colaboradores de Dios mediante la santificación del Espíritu y la creencia en la verdad. El Señor espera la cooperación de su iglesia. No se propone añadir un nuevo elemento de eficiencia a su Palabra; ha hecho su gran obra con dar su inspiración al mundo. La sangre de Jesús, el Espíritu Santo, la Palabra divina, son nuestros. El objeto de toda esta provisión del cielo está delante de nosotros: las almas por las cuales Cristo murió; y está en nosotros el echar mano de las promesas que Dios ha dado y llegar a ser colaboradores suyos; pues las agencias divinas y humanas han de cooperar en esta obra. EC 50.1

La razón porque muchos profesos cristianos no tienen una experiencia clara y bien definida es que no creen que es privilegio suyo comprender lo que Dios ha dicho por medio de su Palabra. Después de su resurrección, Jesús se unió a dos de sus discípulos que se dirigían a Emaus. Pero ellos no reconocieron a su Señor y lo creyeron un extranjero, aunque “comenzando desde Moisés, y de todos los profetas, declarábales en todas las Escrituras lo que de él decían. Y llegaron a la aldea a donde iban: y él hizo como que iba más lejos. Mas ellos le detuvieron por fuerza, diciendo: Quédate con nosotros, porque se hace tarde, y el día ya ha declinado. Entró pues a estarse con ellos. Y aconteció, que estando sentado con ellos a la mesa, tomando el pan, bendijo, y partió, y dióles. Entonces fueron abiertos los ojos de ellos, y le conocieron; mas él se desapareció de los ojos de ellos. Y decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras? ... Entonces les abrió el sentido, para que entendiesen las Escrituras”. Esta es la obra que podemos esperar que Cristo haga con nosotros, porque lo que el Señor ha revelado es para nosotros y nuestros hijos para siempre. EC 50.2

Jesús sabía que todo lo que se presentaba en desacuerdo con lo que él había venido a revelar al mundo, era falso y engañoso, y dijo: “Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz”. Habiendo estado en los consejos de Dios y morado en los collados eternos del santuario, todos los elementos de la verdad estaban en él y eran suyos, porque era uno con Dios. “De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio. Si os he dicho cosas terrenas, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales? Y nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo, el hijo del hombre, que está en el cielo”. “Toda palabra de Dios es limpia; es escudo a los que en él esperan. No añadas a sus palabras, porque no te reprenda, y seas hallado mentiroso”.—The Review and Herald, 1 de diciembre de 1891. Reproducido en Fundamentals of Christian Education, 186-190. EC 51.1