La Educación Cristiana

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Capítulo 6—La educación esencial

He escrito extensamente con referencia a los estudiantes que dedican un tiempo desproporcionadamente largo a la adquisición de una educación; confío, sin embargo, que no seré mal comprendida en cuanto a lo que es una educación esencial. No quiero dar a entender que debiera hacerse un trabajo superficial, como se ilustra por la manera en que se solía cultivar la tierra en ciertas partes de Australia. Se hacía penetrar el arado en la tierra sólo unas pocas pulgadas y el terreno, que no había quedado bien preparado para la semilla, rendía una cosecha escasa, correspondiente a la preparación superficial de la tierra. EC 56.1

Dios ha dado mentes investigadoras a los jóvenes y niños. Sus facultades de raciocinio les son confiadas como talentos preciosos. Es deber de los padres mantener ante ellos el asunto de su educación en su verdadero significado, pues ella comprende muchos aspectos. Se les debiera enseñar a desarrollar todo talento y órgano, con miras de emplearlos en el servicio de Cristo para la elevación de la humanidad caída. Nuestras escuelas son el medio especial que el Señor tiene para preparar a los niños y jóvenes para la obra misionera. Los padres debieran comprender su responsabilidad y hacer que sus hijos aprecien los grandes privilegios y bendiciones que Dios ha provisto para ellos por medio de las facilidades educacionales. EC 56.2

Pero su educación doméstica debiera correr parejas con su educación de carácter literario. En la infancia y la juventud, debieran combinarse la enseñanza práctica y literaria y nutrirse con conocimiento la mente. Los padres debieran sentir que tienen una obra solemne que hacer, y echar mano de ella con fervor. Han de disciplinar y modelar el carácter de sus hijos. No debieran contentarse con una obra superficial. Ante todo niño se extiende una vida llena de elevadísimos intereses, pues han de ser hechos completos en Cristo por los medios que Dios ha provisto. El terreno del corazón ha de ocuparse con anticipación; las semillas de verdad deberían sembrarse en él en los primeros años. Si los padres son negligentes en este asunto, serán llamados a cuenta por su infiel mayordomía. A los niños se les ha de tratar tierna y amablemente y enseñárseles que Cristo es su Salvador personal y que por el sencillo procedimiento de entregarle su mente y corazón, llegan a ser sus discípulos. EC 56.3

Debiera enseñarse a los niños a cargar con una parte de los deberes domésticos. Se les debiera instruir en la manera de ayudar al papá y la mamá en las cositas que pueden hacer. Debiera educárseles la mente para pensar, la memoria para recordar la tarea señalada; y mientras se les está haciendo adquirir el hábito de ser útiles en el hogar, se les está educando en el cumplimiento de los deberes prácticos adaptados a su edad. Si los niños reciben la debida enseñanza en el hogar, no se les verá en las calles, recibiendo allí, como tantos, la educación que el azar les depare. Los padres que aman con sensatez a sus hijos no los dejarán crecer con hábitos de indolencia e ignorantes de la mejor manera de hacer los trabajos domésticos. La ignorancia no es aceptable a Dios y es desfavorable para la realización de su obra. El ser ignorante no ha de considerarse como señal de humildad o algo por lo que los hombres debieran ser alabados. Empero Dios obra por su pueblo a pesar de su ignorancia. Aquellos que no han tenido oportunidad de educarse, o la han tenido y no la han aprovechado, y se convierten al Señor, pueden ser útiles en su servicio mediante la operación de su Espíritu Santo. Pero los que tienen educación y se consagran al servicio de Dios, pueden prestar servicio en mayor número de maneras diversas y llevar a cabo una obra más extensa en guiar almas al conocimiento de la verdad, que aquellos que carecen de educación. Les aventajan debido a la disciplina mental que han obtenido. No despreciamos la educación en manera alguna, sino que, por el contrario, aconsejamos que se lleve adelante con un concepto cabal de la brevedad del tiempo y la gran obra que hay que llevar a cabo antes de la venida de Cristo. No quisiéramos que los estudiantes creyesen que pueden dedicar muchos años a la adquisición de una educación. Empleen ellos en llevar adelante la obra de Dios la educación que pueden adquirir en un espacio razonable de tiempo. Nuestro Salvador está en el santuario intercediendo en favor nuestro. Es nuestro Sumo Sacerdote intercesor, que hace por nosotros el sacrificio de la expiación, y presenta en favor nuestro los méritos de su sangre. Los padres deberían tratar de presentar este Salvador ante sus hijos, a fin de grabar en sus mentes el plan de la salvación; de cómo, debido a la transgresión de la ley de Dios, Cristo tomó sobre sí nuestros pecados. El hecho de que el unigénito Hijo de Dios dió su vida a causa de la transgresión del hombre para satisfacer la justicia y vindicar el honor de la ley de Dios, debiera mantenerse constantemente ante la mente de niños y jóvenes. El objeto de este gran sacrificio debiera asimismo mantenerse ante ellos, porque fué hecho para levantar al hombre caído y degradado por el pecado. Cristo sufrió para que mediante la fe en él nuestros pecados fuesen perdonados. Vino a ser el sustituto y la seguridad del hombre, tomando sobre sí el castigo que no merecía, para que nosotros que lo merecíamos pudiésemos ser libertados y volver a la lealtad hacia Dios en virtud de los méritos de un Salvador crucificado y resucitado. El es nuestra única esperanza de salvación. En virtud de su sacrificio, los que ahora somos probados, somos prisioneros de esperanza. Hemos de revelar al universo—al mundo caído y a los mundos no caídos—que en Dios hay perdón y que mediante su amor podemos ser reconciliados con él. El hombre que se arrepiente, que experimenta contrición de corazón, que cree en Cristo como sacrificio expiatorio, llega a comprender que Dios se ha reconciliado con él. EC 57.1

Debiéramos conservar una profunda gratitud todos los días de nuestra vida porque el Señor ha dejado escritas estas palabras: “Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados”. La reconciliación de Dios con el hombre y del hombre con Dios es segura si se llenan ciertas condiciones. El Señor dice: “Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado: al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios”. En otro lugar dice: “Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; y salvará a los contritos de espíritu”. “Porque el alto Jehová atiende al humilde; mas al altivo mira de lejos”. “Jehová dijo así: El cielo es mi solio, y la tierra estrado de mis pies: ¿dónde está la casa que me habréis de edificar, y dónde este lugar de mi reposo? Mi mano hizo todas estas cosas, y así todas estas cosas fueron, dice Jehová: mas a aquel miraré que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra”. “El espíritu del Señor Jehová es sobre mí, porque me ungió Jehová; hame enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos abertura de la cárcel; a promulgar año de la buena voluntad de Jehová, y día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados; a ordenar a Sión a los enlutados, para darles gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar del luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya”. El salmista escribe: “El sana a los quebrantados de corazón, y liga sus heridas”. Aunque es el Restaurador de la humanidad caída, sin embargo, “él cuenta el número de las estrellas; a todas ellas llama por sus nombres. Grande es el Señor nuestro, y de mucha potencia; y de su entendimiento no hay número. Jehová ensalza a los humildes: humilla los impíos hasta la tierra. Cantad a Jehová con alabanza, cantad con arpa a nuestro Dios. ... Complácese Jehová en los que le temen, y en los que esperan en su misericordia. Alaba a Jehová, Jerusalén; alaba a tu Dios, Sión”. EC 58.1

¡Cuán preciosas son las lecciones de este salmo! Bien podríamos estudiar los cuatro últimos salmos de David. También son preciosas las palabras del profeta: “¿Faltará la nieve del Líbano de la piedra del campo? ¿faltarán las aguas frías que corren de lejanas tierras? Porque mi pueblo me ha olvidado, incensando a la vanidad, y hácenles tropezar en sus caminos, en las sendas antiguas, para que caminen por sendas, por camino no hollado”. “Así ha dicho Jehová: Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová. Pues será como la retama en el desierto, y no verá cuando viniere el bien; sino que morará en las securas en el desierto, en tierra despoblada y deshabitada. Bendito el varón que se fía en Jehová, y cuya confianza es Jehová. Porque él será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viniere el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de hacer fruto”.—Special Testimonies on Education, 22 de abril de 1895. EC 59.1

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Los padres, al hacer planes para la educación de sus hijos fuera del hogar, debieran darse cuenta de que el enviarlos a las escuelas públicas ha dejado ya de ser cosa segura y debieran esforzarse por mandarlos a escuelas donde reciban una educación apoyada sobre una base bíblica. Sobre todo padre cristiano descansa la obligación solemne de dar a sus hijos la educación que los conduzca a la adquisición del conocimiento del Señor y a ser participantes de la naturaleza divina por medio de la obediencia a la voluntad y designio de Dios. EC 60.1

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Los alumnos no debieran ser abrumados de estudios a tal extremo que tengan que descuidar el cultivo de los modales; y sobre todo, ellos no debieran permitir que nada estorbe sus momentos de oración, la cual los pone en relación con Cristo. En ningún caso debieran privarse de los privilegios religiosos. EC 60.2