La Educación Cristiana

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Capítulo 56—Palabras de un maestro divino

En sueños de la noche me hallaba yo entre una gran compañía en la que el tema de la educación agitaba la mente de todos los presentes. Muchos presentaban objeciones en cuanto a cambiar el carácter de la educación que había estado en boga por largo tiempo. Uno que desde mucho tiempo había sido nuestro enseñador hablaba a los congregados. Decía: “El asunto de la educación debiera interesar a toda la organización adventista del séptimo día. Las decisiones concernientes al carácter de nuestra obra escolar no debieran dejarse del todo a los directores y maestros”. ECR 388.1

Algunos insistían enérgicamente en que se estudiasen ciertos autores incrédulos y recomendaban los mismos libros condenados por el Señor y que, por lo tanto, no debieran, en manera alguna, sancionarse. Después de mucha conversación y discusión acaloradas, nuestro instructor se adelantó, y tomando en la mano ciertos libros por los cuales se había abogado calurosamente, considerándolos esenciales para una educación superior, dijo: “¿Hallaréis en estos autores sentimientos y principios que permitan colocarlos sin peligro alguno en manos de los alumnos? Las inteligencias humanas quedan con facilidad fascinadas por los engaños de Satanás, y estas obras producen desagrado por el estudio de la Palabra de Dios, la cual, si se la recibe y aprecia, asegura la vida eterna.” Vosotros sois seres sujetos a hábitos, y debéis recordar que los hábitos correctos son bendiciones tanto en sus efectos sobre vuestro carácter como en su influencia benéfica sobre los demás; empero los malos hábitos, una vez establecidos, ejercen un poder despótico y esclavizan las inteligencias. Si nunca hubierais leído una sola palabra en estos libros, seríais hoy mucho más capaces de comprender el Libro más digno de ser estudiado y que da las únicas ideas correctas sobre educación. ECR 388.2

“El hecho de que haya sido costumbre incluir estos autores entre los libros de texto y de que esta costumbre sea muy antigua no es ningún argumento en su favor.” El largo uso no recomienda necesariamente a dichos libros como seguros o esenciales. Han llevado a millares adonde Satanás llevó a Adán y Eva, esto es, al árbol del conocimiento cuyo fruto Dios nos ha prohibido comer. Han inducido a los alumnos a dejar el estudio de las Escrituras por una clase de estudios que no es esencial. A fin de que los alumnos educados de esa manera lleguen alguna vez a ser idóneos para trabajar por las almas, tendrán que desaprender mucho de lo que han aprendido. Encontrarán, empero, que desaprender es un trabajo difícil, por cuanto ideas censurables han echado raíces en sus mentes como la maleza en un jardín, y como resultado, algunos jamás podrán discernir entre lo correcto y lo erróneo. El bien y el mal se han mezclado en su educación. Se han ensalzado, para que las contemplasen, las caras de los hombres y las teorías humanas; de manera que cuando intentan enseñar a otros, la poca verdad que pueden repetir está entretejida con opiniones, dichos y hechos de los hombres. Las palabras de hombres que demuestran no tener un conocimiento práctico de Cristo no debieran encontrar sitio en nuestras escuelas, pues sólo constituirán obstáculos para la debida educación de la juventud. ECR 389.1

“Tenéis la Palabra del Dios vivo y con sólo pedirlo podéis recibir el don del Espíritu Santo para hacer de dicha Palabra un poder para los que creen y obedecen.” La obra del Espíritu Santo es guiar a toda verdad. Cuando dependéis de la Palabra del Dios vivo con el corazón, la mente y el alma, el conducto de comunicación queda expedito. El estudio profundo y ferviente de la Palabra bajo la dirección del Espíritu Santo os suministrará maná fresco, y el mismo Espíritu hará eficaz su empleo. El esfuerzo de los jóvenes para disciplinar la mente para altas y santas aspiraciones será recompensado. Los que hacen esfuerzos perseverantes en esta dirección, aplicando la mente a la tarea de comprender la Palabra de Dios, están preparados para ser obreros juntamente con Dios. ECR 389.2

“El mundo reconoce como maestros a algunos a quienes Dios no puede aprobar como instructores seguros.” Dejan de lado la Biblia y en cambio recomiendan las producciones de autores ateos como si ellas contuviesen aquel sentir que debiera entrelazarse con el carácter. ¿Qué podéis esperar de una siembra tal? En el estudio de estos libros censurables, tanto la mente de los maestros como la de los alumnos se corrompe, y el enemigo siembra su cizaña. No puede ser de otra manera. Al beber de una fuente impura, se introduce veneno en el organismo. Los jóvenes inexpertos a quienes se hace seguir este orden de estudios reciben impresiones que encauzan sus pensamientos por canales fatales para la piedad. Jóvenes enviados a nuestras escuelas han aprendido de libros tenidos por dignos de confianza, debido a que se usaban y favorecían en las escuelas del mundo. Pero de las escuelas mundanas, imitadas de esta manera, han salido muchos alumnos convertidos en ateos por el estudio de estos mismos libros. ECR 390.1

“¿Por qué no habéis ensalzado la Palabra de Dios por encima de toda producción humana? ¿No basta con mantenerse unido al Autor de toda verdad? ¿No estáis satisfechos con sacar agua fresca de las corrientes del Líbano? Dios tiene fuentes vivas con las cuales refrigerar al alma sedienta, y depósitos de precioso alimento con el cual vigorizar la espiritualidad. Aprended de él y él os habilitará para dar a los que la solicitan una razón de la esperanza que hay en vosotros. ¿Habéis pensado que un conocimiento mejor de lo que el Señor ha dicho tendría efecto deletéreo sobre maestros y alumnos?” ECR 390.2

Hubo silencio en la asamblea y la convicción se apoderó de cada corazón. Hombres que se habían creído entendidos y fuertes vieron que eran débiles y carentes del conocimiento de aquel Libro que concierne al eterno destino del alma humana. ECR 390.3

El mensajero de Dios tomó entonces de las manos de varios profesores los libros que habían estado estudiando, algunos de los cuales, escritos por autores incrédulos, contenían sentimientos ateos, y los puso a un lado diciendo: “Jamás ha habido momento alguno en vuestra vida en que el estudio de estos libros haya contribuido a vuestro bien y progreso actuales o a vuestro bien eterno futuro.” ¿Por qué habríais de llenar vuestros anaqueles con libros que apartan de Cristo la inteligencia? ¿Por qué gastáis dinero en aquello que no es pan? Cristo os ruega: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón”. Mateo 11:29. Necesitáis comer del Pan de vida que descendió del cielo. Os es necesario ser estudiantes más diligentes de las Sagradas Escrituras y beber de la Fuente de la vida. Sacad, sacad de Cristo en oración ferviente. Lograd una experiencia diaria con respecto a comer la carne y beber la sangre del Hijo de Dios. Nunca podrán los autores humanos satisfacer vuestra gran necesidad para este tiempo; pero contemplando a Cristo, autor y consumador de vuestra fe, seréis transformados a su semejanza. ECR 391.1

Poniendo la Biblia en manos de ellos, siguió diciendo: “Sabéis poco de este libro.” Ignoráis las Escrituras y el poder de Dios y tampoco comprendéis la profunda importancia del mensaje que ha de proclamarse a un mundo que perece. Lo pasado ha demostrado que tanto los maestros como los alumnos saben muy poco de las imponentes verdades que son asuntos vitales para este tiempo. Si el mensaje del tercer ángel fuera proclamado en todos sus aspectos a muchos de los que ocupan el puesto de profesores, no lo comprenderían. Si tuvieseis el saber que viene de Dios, vuestro ser entero proclamaría la verdad del Dios vivo a un mundo muerto en sus transgresiones y pecados. No obstante, se exaltan libros y periódicos que poco contienen de la verdad presente y los hombres se vuelven demasiado doctos para seguir un “así dice Jehová”. ECR 391.2

“Cada maestro de nuestras escuelas debe ensalzar al único Dios verdadero; pero muchos de los centinelas están durmiendo.” Son como ciegos que guían a otros ciegos. Mas el día del Señor está por sobrecogernos. Como ladrón, viene con paso furtivo y sorprenderá a todos los que no velan. ¿Quiénes, entre los maestros, están despiertos y como fieles dispensadores de la gracia de Dios están dando a la trompeta un sonido inconfundible? ¿Quiénes proclaman el mensaje del tercer ángel e invitan al mundo a prepararse para el gran día de Dios? El mensaje que damos tiene el sello del Dios vivo. ECR 391.3

Señalando la Biblia, añadió: “Las Escrituras del Antiguo Testamento y del Nuevo se han de combinar en la obra de preparar a un pueblo que subsista en el día del Señor. Aprovechad fervorosamente vuestras oportunidades actuales. Haced de la Palabra del Dios viviente vuestro libro de texto. Si siempre se hubiera hecho esto, ciertos alumnos ahora perdidos para la causa de Dios serían misioneros. Jehová es el único Dios verdadero y ha de ser reverenciado y adorado. Los que respetan las palabras de autores incrédulos e inducen a los alumnos a considerar estos libros como esenciales en su educación, menoscaban su fe en Dios. El tono, el espíritu, la influencia de estos libros son deletéreos para los que dependen de ellos para adquirir conocimiento. Los estudiantes han sido hechos el blanco de influencias que los indujeron a apartar los ojos de Cristo, la Luz del mundo, y los malos ángeles se regocijan porque quienes profesan conocer a Dios lo niegan en la forma en que se lo ha negado en nuestros colegios. El Sol de Justicia ha estado resplandeciendo sobre la iglesia, para disipar las tinieblas, y para llamar la atención del pueblo de Dios a la preparación esencial para los que quieren resplandecer como luminares en el mundo. Los que reciban esta luz la comprenderán; los que no la reciban andarán en tinieblas, no sabiendo dónde tropiezan. Nunca está el alma segura a menos que se halle bajo la dirección divina. Entonces será guiada a toda verdad. La palabra de Cristo, caerá con vivo poder sobre los corazones obedientes, y mediante la aplicación de la verdad divina se reproducirá la imagen perfecta de Dios y en el cielo se dirá: ‘En él estáis cumplidos’”. Colosenses 2:10. ECR 392.1

En ningún caso debe permitirse a los alumnos emprender tantos estudios que no puedan asistir a los cultos.—Joyas de los Testimonios 2:429-433. ECR 393.1