La Educación Cristiana

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Capítulo 53—El peligro de las diversiones

Incidentes recientemente ocurridos en nuestros colegios y sanatorios me inducen a presentar de nuevo las instrucciones que el Señor me dió para los maestros y los alumnos de nuestro colegio de Cooranbong, Australia. ECR 373.1

Durante abril de 1900, en el colegio de Avondale se decretó un día de asueto para los obreros cristianos. El programa del día requería una reunión en la capilla por la mañana, en la cual varias otras personas y yo nos dirigimos a los alumnos, llamando su atención a lo que Dios había hecho para la edificación de ese colegio y a sus privilegios y oportunidades como alumnos. ECR 373.2

Después de la reunión, los alumnos dedicaron el resto del día a diversos juegos y deportes, algunos de los cuales eran frívolos, rudos y grotescos. ECR 373.3

Durante la noche siguiente, me pareció estar presenciando las actuaciones de la tarde. La escena me fué presentada claramente, y se me dió un mensaje para el administrador y los profesores del colegio. ECR 373.4

Se me mostró que en las diversiones del colegio aquella tarde, el enemigo había ganado una victoria; los profesores habían sido pesados en la balanza y hallados faltos. Sentí mucha angustia y preocupación al pensar que los que ocupaban puestos de responsabilidad hubiesen podido abrir la puerta y, por así decirlo, invitar al enemigo; porque fué lo que hicieron al permitir las diversiones que se realizaron. Como profesores, debieran haberse mantenido firmes y haberse opuesto a dar lugar al enemigo en cualquier manera. Por lo que ellos permitieron, mancillaron su foja de servicios y agraviaron al Espíritu de Dios. Los alumnos fueron estimulados en una conducta cuyos efectos no se iban a borrar fácilmente. No tiene fin la senda de las diversiones vanas, y todo paso dado en ella es un paso en la senda por la cual Cristo no ha viajado. ECR 373.5

Esta introducción de planes erróneos fué la primera cosa contra la cual debieran haberse puesto celosamente en guardia. El colegio de Avondale se estableció, no como los colegios del mundo, sino según Dios lo reveló, para ser un colegio modelo. Y puesto que esto había de ser, los docentes debieran haberlo perfeccionado todo de acuerdo con el plan de Dios, descartando cuanto no estuviese en armonía con su voluntad. Si sus ojos hubieran estado untados con el colirio celestial, se habrían dado cuenta de que no podían permitir, sin deshonrar a Dios, las actividades que se realizaron aquella tarde. ECR 374.1

El miércoles de mañana, cuando dirigí a los alumnos y a los demás que se habían congregado las palabras que el Señor me dió que hablara, no sabía nada de lo que había de realizarse después; porque no se me había comunicado nada de ello. ¿Cómo podían los que dirigían el colegio armonizar con las palabras pronunciadas las cosas que siguieron, que eran de un carácter tal que anulaban las instrucciones que acababan de llegarles de Dios? Si sus percepciones no hubiesen estado tan oscurecidas, habrían comprendido que esas instrucciones reprobaban todo proceder de esa naturaleza. ECR 374.2

Yo sentía profundamente la importancia de las palabras que el Señor me dió en esa ocasión para los profesores y alumnos. Esas instrucciones presentaban a los alumnos deberes del más alto orden; y cuando, por las diversiones a las cuales se dedicaron más tarde, se borraron las buenas impresiones hechas, era decir virtualmente: “No queremos tu camino, oh Dios; queremos el nuestro; queremos seguir nuestra propia sabiduría”. ECR 374.3

Durante la noche fuí testigo de lo que se realizaba en los terrenos del colegio. Cumplieron el propósito del enemigo los alumnos que participaban en la grotesca pantomima que se vió, y algunos de ellos lo hicieron en forma muy inconveniente. Me fué presentada una visión en la cual vi a los alumnos jugando partidas de tennis y cricket. Luego se me instruyó acerca del carácter de esas diversiones. Me fueron presentadas como una especie de idolatría, como los ídolos de las naciones. ECR 374.4

Había más espectadores que los visibles en el terreno. Satanás y sus ángeles estaban allí, haciendo impresiones en las mentes humanas. Los ángeles de Dios, que ministraban a los que han de heredar la salvación, estaban también presentes, no para aprobar, sino para desaprobar. Se avergonzaban de que una exhibición tal fuese presentada por los profesos hijos de Dios. Las fuerzas del enemigo obtuvieron una victoria decidida, y Dios fué deshonrado. El que dió su vida para refinar, ennoblecer y santificar a los seres humanos, quedó agraviado por lo que se realizó. ECR 375.1

Oyendo una voz, me di vuelta para ver quién me hablaba. Entonces con dignidad y solemnidad Alguien dijo: “¿Es ésta la manera de celebrar el aniversario de la apertura del colegio? ¿Es ésta la ofrenda de gratitud que presentáis a Dios por las bendiciones que os ha dado? El mundo podría traer una ofrenda tan aceptable como ésta en esta ocasión memorable. Los maestros están cometiendo el mismo error que se ha cometido vez tras vez. Deben adquirir sabiduría de los incidentes pasados. El mundo negligente y ateo puede ofrecer muchas ofrendas como ésta, de una manera mucho más aceptable”. ECR 375.2

Dirigiéndose a los profesores, dijo: “Habéis cometido un error cuyos efectos será difícil borrar. El Señor de Israel no queda glorificado en el colegio. Si en este momento el Señor permitiese que acabase vuestra vida, muchos se perderían, eternamente separados de Dios y de los justos”. ECR 375.3