Testimonios para la Iglesia, Tomo 1

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Consagración

El pueblo de Dios será probado. Entre los observadores del sábado debe llevarse a cabo una obra profunda y escrutadora. Lo mismo que los israelitas de la antigüedad, ¡cuán pronto olvidamos a Dios y sus obras admirables, y nos rebelamos contra él! Algunos contemplan el mundo y desean seguir sus modas y participar en sus placeres, tal como los hijos de Israel volvían su mirada hacia Egipto y deseaban ardientemente las buenas cosas de las que habían disfrutado en ese país, y que Dios eligió retener de ellos para probarlos en su fidelidad hacia él. Deseaba ver si su pueblo apreciaba el servicio que él le pedía y la libertad que tan milagrosamente les había concedido, más altamente que las complacencias de que habían disfrutado en Egipto mientras se encontraban en servidumbre a un pueblo tirano e idólatra. 1TI 259.2

Todos los verdaderos seguidores de Cristo tendrán que hacer sacrificios. Dios los probará para comprobar si su fe es genuina. Se me ha mostrado que los verdaderos seguidores de Jesús descartarán los picnics,* las reuniones festivas destinadas a obtener donaciones, las representaciones teatrales y otras reuniones para obtener placer. No pueden encontrar a Jesús en ellas y tampoco una influencia que dirigirá su mente hacia el cielo y aumentará su crecimiento en la gracia. La obediencia a la Palabra de Dios nos conduce a abandonar todas esas cosas y apartarnos de ellas. Las cosas del mundo son buscadas y consideradas dignas de admirarse y disfrutarse por los que no aman decididamente la cruz y los que no son adoradores de Jesús crucificado. 1TI 260.1

Hay paja entre nosotros y por eso somos tan débiles. Hay personas triviales que constantemente se inclinan hacia el mundo. Sus conceptos y sentimientos armonizan mucho mejor con el espíritu del mundo que con la disposición abnegada de los seguidores de Cristo. Para ellos es perfectamente natural preferir la compañía de las personas cuyo espíritu concuerda con el suyo propio. Y los tales tienen demasiada influencia entre el pueblo de Dios. Participan con ellos y tienen juntamente con ellos el nombre de cristianos, y son imitados por los incrédulos, los débiles y los no consagrados de la iglesia. Estas personas vacilantes siempre tendrán objeciones contra el testimonio claro y definido que reprueba la conducta individual censurable. En este tiempo de refinamiento estas personas se convertirán plenamente y serán santificadas mediante la obediencia de la verdad, o bien serán dejadas con el mundo, donde pertenecen, para que reciban su recompensa con los mundanos. 1TI 260.2

“Por sus frutos los conoceréis”. Mateo 7:16. Todos los seguidores de Cristo llevan fruto para gloria suya. Sus vidas testifican que el Espíritu de Dios ha efectuado una buena obra dentro de ellos, y sus frutos son para santidad. Sus vidas son elevadas y puras. Los que no llevan fruto carecen de experiencia en las cosas de Dios. No están unidos a la Vid. Leed Juan 15:4-5: “Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer”. Si queremos ser adoradores espirituales de Jesucristo, debemos sacrificar todo y obedecer plenamente los primeros cuatro mandamientos. (Mateo 22:37-38): “Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento”. Los primeros cuatro mandamientos no permiten que exista una separación entre nuestros afectos y Dios. Tampoco permiten que nada divida, o comparta, nuestro supremo deleite en él. Cualquier cosa que divide los afectos, y desarraiga del alma el amor supremo a Dios, adopta la forma de un ídolo. Nuestros corazones carnales se aferrarán a nuestros ídolos y procurarán llevarlos con ellos; pero no podremos avanzar hasta que los desechemos, porque éstos nos separan de Dios. La gran Cabeza de la iglesia ha elegido a su pueblo separándolo del mundo, y requiere que ellos se mantengan alejados del mundo. Ha establecido que el espíritu de sus mandamientos los acerque a él y los separe de los elementos del mundo. Amar a Dios y guardar sus mandamientos dista mucho de amar los placeres y las amistades del mundo. No hay concordia entre Cristo y Belial. El pueblo de Dios puede confiar completa y únicamente en él y avanzar sin temor por el camino de la obediencia. 1TI 260.3

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