Testimonios para la Iglesia, Tomo 7

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Instrucciones para los obreros

La rueda de la providencia se mueve lenta pero seguramente. No sabemos cuán pronto el Señor dirá: “Hecho es”. Su venida se acerca. Pronto se habrán terminado para siempre nuestras oportunidades de trabajar. Sólo se nos permitirá laborar durante un poco más de tiempo. Hermanos míos, ¿no lucharán ustedes con esfuerzos fervientes para establecer monumentos para Dios en todos los estados del sur? Se deberían levantar iglesias; deberían construirse casas de culto; se deberían establecer escuelas y sanatorios pequeños; y se deberían fortalecer los intereses de la obra de publicaciones. 7TI 224.1

Las líneas de trabajo que deben de instituirse en diferentes lugares del Sur requerirán a hombres y mujeres de sabiduría y oración, hombres y mujeres que lleven adelante la obra de etapa en etapa, seguramente, inteligentemente: esforzándose, orando, trabajando económicamente, como colaboradores designados por Dios. La situación requiere un esfuerzo personal, incansable y unificado. 7TI 224.2

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El muro más elevado se construye colocando un ladrillo sobre otro; y un copo sobre otro producen la nieve más profunda. 7TI 224.3

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Una perseverancia ininterrumpida en el bienhacer, debería ser nuestro lema. Deberíamos realizar esfuerzos perseverantes, y avanzar paso a paso hasta que haya sido acabada la carrera y ganada la victoria. 7TI 224.4

Cuando comenzó la obra de publicaciones en Nashville, los obreros se habían prometido solemnemente que nunca se meterían en deudas; pero en su desesperado esfuerzo por fabricar ladrillos sin paja, nuestros hermanos fueron inducidos a abandonar este propósito y, como resultado, la obra se ha visto envuelta en dificultades. Pero los obreros de Dios que trabajan en Nashville no deben desanimarse por esta causa. El trabajo no debe detenerse. Ahora, que todos se preocupen fervientemente por evitar los errores del pasado. Protéjanse contra la inclinación de incurrir en deudas como si se guarecieran detrás de un cerco de alambre de púas. Declaren con firmeza: “De aquí en adelante no avanzaremos más rápidamente de lo que el Señor nos indique y de lo que nos permitan los medios que tengamos a mano, aunque la buena obra tenga que ser postergada durante algún tiempo. Al iniciarnos en lugares nuevos, trabajaremos con incomodidades antes que endeudar la causa del Señor”. 7TI 224.5

Que no se desalienten los hermanos que han laborado tan fervientemente para conducir la obra de las regiones del Sur a su presente estado de desarrollo. Que todos hagan lo mejor que puedan para establecer la obra de Nashville sobre una base sólida. El Señor se responsabiliza de todos los que han luchado valerosamente para realizar lo que necesitaba ser hecho con tanta urgencia. El Señor tiene misericordia de ellos a causa de su piedad, bondad y amor. Todavía los acepta como sus colaboradores. Lo sabe todo con respecto a cada uno de ellos. Al realizar el trabajo de abrir brecha como pioneros, han tenido que pasar por el fuego de la aflicción. Dios será glorificado en la persona de quienes hayan colaborado con él en la tarea de abrir camino en los campos donde nunca antes se había entrado con el mensaje. 7TI 225.1

Hermanos, delante de nosotros hay una gran obra que hacer en los campos del Sur, una tarea que sólo ahora hemos comenzado. No debemos continuar detenidos, como hemos estado por años, teniéndole miedo a la tarea. Hay quienes han realizado un trabajo decidido y difícil, y el Señor reconoce y encomia sus abnegados esfuerzos. El los ha bendecido. Han recibido su recompensa al ver a las personas a quienes han ayudado colocar sus pies sobre la Roca de los Siglos y a su vez ayudar a otros. 7TI 225.2

Mis hermanos de los campos del Sur, les ruego en el nombre del Señor, Dios de Israel, que se comporten varonilmente. El Señor está en el timón. El les concederá gracia y sabiduría a sus siervos. Es el propósito divino que las personas a quienes se les ha confiado una responsabilidad se consulten y oren juntos en unidad cristiana. En la unidad existe una fuerza vital, un poder que no puede obtenerse de ninguna otra forma. En la iglesia se manifestará un tremendo poder cuando las energías de los miembros se unifiquen bajo el control del Espíritu. Entonces Dios podrá obrar poderosamente a través de su pueblo por la conversión de los pecadores. 7TI 225.3

Dios vive y reina. El abrirá el camino para que los campos abandonados del Sur sean cultivados para él. Que los obreros acudan allí en auxilio del Señor y que proclamen su verdad con regocijo. El Señor viene pronto. Hablen acerca de ello, oren para que así sea y créanlo. Transfórmenlo en una parte de su propia vida. Tendrán que hacerle frente a un espíritu de dudas y objeciones, pero que se disipará ante una confianza en Dios firme y consistente. Cuando se presenten perplejidades y obstáculos eleven el alma a Dios en cánticos de agradecimiento. Colóquense la armadura cristiana, y asegúrense de que sus pies estén “calzados con el apresto del Evangelio de paz”. Prediquen la verdad con intrepidez y fervor. Recuerden que el Señor contempla compasivamente esta región y que conoce su pobreza y destitución. Los esfuerzos que realizan no serán un fracaso. 7TI 226.1

Nuestras iglesias del Sur deben experimentar una resurrección espiritual. Ante los miembros de cada iglesia se extiende una tarea grande y solemne. Deben acercarse a Cristo en su abnegación y sacrificio, teniendo como único objetivo la predicación del mensaje divino de misericordia a sus semejantes. Trabajen con circunspección y humildad, teniendo respeto cada uno por el trabajo de los otros. Algunos podrán trabajar de una manera y otros de otra, según el llamado y la dirección del Señor. Pero que nadie se queje por no poder glorificar a Dios mediante el uso de talentos que él no le ha confiado. El Señor nos responsabiliza solamente por la obra que ha colocado en nuestras manos. Hay algo que todos pueden hacer: evitar que el trabajo de los demás se torne innecesariamente duro por causa de la crítica de sus esfuerzos, o por colocar piedras en el camino del carro que los hermanos se esfuerzan por empujar cerro arriba. Si algunos no están dispuestos a ponerle el hombro al trabajo, al menos que se abstengan de estorbar a los que trabajan. Dios llama a obreros que se nieguen a descorazonar a sus colaboradores. 7TI 226.2

A medida que el pueblo de Dios trabaje ferviente, humilde y denodadamente, obtendrá la rica recompensa de la cual habla Job: “Los oídos que me oían me llamaban bienaventurado,... la bendición del que se iba a perder venía sobre mí, y al corazón de la viuda yo daba alegría... A los menesterosos era padre, y de la causa que no entendía, me informaba con diligencia”. Job 29:11-16. 7TI 226.3

La bendición de las buenas obras acompañará hasta el mundo eterno a los que se nieguen a sí mismos por amor de su Salvador. Cuando los redimidos se encuentren alrededor del trono de Dios, los que hayan sido salvados del pecado y la degradación se acercarán a quienes trabajaron en favor de ellos, con estas palabras de saludo: “Yo me encontraba sin esperanza y sin Dios en el mundo. Me encontraba pereciendo en medio de la confusión y el pecado. Me hallaba muriendo de hambre por falta de alimento material y espiritual. Tú te acercaste a mí con amor y piedad, y me diste de comer y me vestiste. Tú me trajiste a los pies del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. 7TI 227.1

Mis hermanos del Sur, tengan fortaleza; sí, tengan fortaleza. Si ustedes exaltan los principios santos de la ley de Dios, no los afligirá la mano opresora ni el robo. Cuando el enemigo los acose con el ímpetu de la inundación, el Espíritu del Señor plantará su bandera contra él, en favor de ustedes. Ustedes se hallan empeñados en la realización de un trabajo importante, y necesitan prestar atención, velar y orar, y trazar sendas rectas para sus pies, para que el cojo no sea desviado de su camino. Trabajen con el solo propósito de dar gloria a Dios, con un sentido de su responsabilidad individual. Recuerden que el Señor es el único que puede prosperar sus esfuerzos. 7TI 227.2

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Los obreros que trabajan en el Sur deben alcanzar los logros espirituales más elevados, para que tengan buen éxito sus labores en el campo. La oración en privado, la oración en familia y la oración en público para rendir culto a Dios, todas son esenciales. Y debemos vivir nuestras oraciones. Hemos de colaborar con Cristo en su obra. 7TI 227.3

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Nuestra única seguridad consiste en mantenernos unidos con Cristo y con nuestros hermanos. No permitamos que Satanás pueda apuntar con razón hacia nuestras iglesias, diciendo: “Y miren cómo se odian entre ellos estas gentes, aunque se encuentran bajo el estandarte de Cristo. No tenemos nada que temer de ellos mientras gasten más energía peleándose unos con otros que luchando contra mis fuerzas”. 7TI 227.4

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De las experiencias pasadas necesitamos aprender a evitar el fracaso. Oramos a nuestro Padre celestial: “No nos metas en tentación”, y luego, demasiado a menudo, no cuidamos nuestros pies para que no nos conduzcan hacia la tentación. Debemos mantenernos alejados de las tentaciones que nos vencen más fácilmente. Por medio de la gracia de Cristo, nosotros mismos somos responsables de nuestro propio éxito. Debemos quitar de nuestro camino la piedra de tropiezo que ha causado tantas tristezas a otros y a nosotros mismos. 7TI 228.1

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Se debe hacer toda clase de economía al establecer la obra en nuevos lugares. Hay que juntar los fragmentos; que nada se pierda. La tarea de salvar almas debe llevarse a cabo de la manera como lo indicó Cristo. El declara: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo y tome su cruz y sígame”. Mateo 16:24. Podemos ser sus discípulos tan sólo si obedecemos esta orden. Nos acercamos a la culminación de la historia de esta tierra, y los diferentes renglones de la obra de Dios se deben llevar a cabo con mucho más sacrificio personal del que se ha manifestado hasta ahora. 7TI 228.2

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Nos encontramos en este mundo para ayudarnos unos a otros. No había líneas territoriales en la obra de Cristo, y es mejor que los que pretendan trazar tales líneas actualmente en su obra puedan orar: “Señor, concédeme un nuevo corazón”. Cuando posean la mente de Cristo entonces se darán cuenta de los muchos lugares que no han sido trabajados en la viña del Señor. Nunca más dirán: “Nuestros medios se necesitan para llevar a cabo los intereses que ya tenemos entre manos. El que nos pidan dinero a nosotros es una pérdida de tiempo”. 7TI 228.3

A los seres humanos les toca decidir día tras día una cuestión de vida o muerte, decidir si han de participar de la vida eterna o de eterna destrucción. Y sin embargo muchos de los que profesan servir al Señor se contentan con ocupar su tiempo y atención con asuntos de poca importancia. Se hallan conformes con estar en desacuerdo unos con otros. Si estuvieran consagrados al servicio del Maestro, no contenderían unos con otros como si fueran una familia de niños indisciplinados. Cada uno estaría firme en su puesto del deber, trabajando con alma y corazón como misionero de la cruz de Cristo. El Espíritu Santo habitaría en el corazón de los obreros, y se realizarían obras de justicia. Las oraciones y simpatías de una iglesia vigilante acompañarían a los obreros en su servicio. Recibirían sus órdenes de Cristo y no tendrían tiempo para contenciones. Se escucharían mensajes provenientes de labios que han sido tocados por el carbón encendido del altar divino. Se oirían palabras fervientes y puras. Oraciones de fe, humildad y llenas de congoja ascenderían al cielo. Mientras los obreros se mantuvieran asidos con una mano de Cristo, con la otra tomarían ansiosamente a los pecadores para traerlos a él. 7TI 229.1

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“¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso; y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido. Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentimiento. 7TI 229.2

“¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una dracma, no enciende la lámpara y barre la casa, y busca con diligencia hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas, diciendo: gozaos conmigo, porque he encontrado la dracma que había perdido. Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente”. Lucas 15:4-10. 7TI 229.3