Testimonios para la Iglesia, Tomo 7

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La confianza en Dios

La confianza en Dios es la primera lección que deben aprender los obreros de nuestras instituciones. Antes de tener éxito en cualquier renglón de servicio, deben aceptar individualmente la verdad contenida en las palabras de Cristo: “Sin mí nada podéis hacer”. 7TI 185.1

La rectitud tiene su raíz en la piedad. Ningún ser humano puede ser justo si no tiene fe en Dios ni mantiene una conexión vital con él. Tal como las flores del campo tienen sus raíces en el suelo y tal como deben recibir el aire, el rocío, las lluvias y la luz del sol, así también nosotros debemos recibir de Dios los elementos que sostienen la vida del alma. Sólo recibimos poder para obedecer sus mandamientos cuando nos transformamos en participantes de su naturaleza. Ninguna persona, elevada o humilde, instruida o ignorante, podrá mantener constantemente una vida pura e impresionante delante de sus semejantes a menos que ésta se halle escondida con Cristo en Dios. Mientras mayor sea la actividad que se realice entre los hombres, más estrecha será la comunión del corazón con Dios. 7TI 185.2

El Señor ha indicado que los empleados de las casas editoras deben ser instruidos en asuntos religiosos. Esta obra es infinitamente más importante que las ganancias financieras. La salud espiritual de los obreros debe constituir nuestra primera preocupación. Tomen tiempo para comenzar su trabajo con oración cada mañana. No piensen que esa es una pérdida de tiempo; son momentos que vivirán durante las edades eternas. De este modo se tendrá éxito y se obtendrán victorias espirituales. La maquinaria responderá al toque de la mano del Maestro. Verdaderamente vale la pena solicitar la bendición de Dios, y el trabajo no puede ser bien hecho a menos que se comience bien. Cada obrero debe fortalecer sus manos y purificar su corazón antes que el Señor pueda utilizarlo efectivamente. 7TI 185.3

Si queremos vivir vidas cristianas consecuentes, debemos avivar la conciencia mediante una relación constante con la Palabra de Dios. Todas las preciosas bendiciones que Dios nos ha provisto mediante un precio infinito no nos harán ningún bien, no nos fortalecerán ni producirán en nosotros ningún crecimiento espiritual a menos que nos apropiemos de ellas. Debemos comer la Palabra de Dios: hacerla parte de nosotros mismos. 7TI 185.4

Reúnanse pequeños grupos por las tardes, al mediodía, o temprano en la mañana para estudiar la Biblia. Tengan un momento de oración, para que el Espíritu Santo los fortalezca, ilumine y santifique. Cristo desea que esta obra se realice en el corazón de cada obrero. Cada uno de ustedes obtendrá una gran bendición si tan sólo abre la puerta para recibirla. Los ángeles de Dios están presentes en sus reuniones. Ustedes se alimentarán con las hojas del árbol de la vida. Qué hermoso testimonio podrán dar del amor manifestado entre compañeros de trabajo durante esos preciosos momentos de buscar la bendición de Dios. Que cada uno relate su propia experiencia con palabras sencillas. Esto traerá más consuelo y alegría al alma que todos los instrumentos de música que pudieran reunirse en las iglesias. Cristo entrará en sus corazones. Sólo por este medio podrán ustedes mantener su integridad. 7TI 186.1

Muchos parecen pensar que es tiempo perdido el que se dedica a buscar al Señor. Pero cuando él interviene para colaborar con el esfuerzo humano y los hombres y las mujeres cooperan con él, se observa un cambio marcado en la obra y sus resultados. Cada corazón que ha sido visitado por los radiantes rayos del sol de justicia revelarán la obra del Espíritu de Dios en su voz, mente y carácter. La maquinaria se moverá como si estuviera aceitada y guiada por una mano maestra. Habrá menos fricciones cuando el espíritu del obrero reciba el aceite de las dos ramas de oliva. La santa influencia se impartirá a los demás en forma de palabras bondadosas, ternura, amor y estímulo. 7TI 186.2

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Evangelistas temerosos de Dios deberían realizar esfuerzos fervientes en favor de los aprendices, para que se conviertan. Se los debería instruir cuidadosamente en lo que concierne a la verdad. Debería animárselos a estudiar diariamente la Biblia y un instructor debería leerla y estudiarla con ellos. 7TI 186.3

El conocimiento progresivo de Cristo que se obtiene mediante el estudio de las Escrituras, bajo la dirección del Espíritu Santo, capacita al investigador para distinguir entre el bien y el mal en todos los órdenes de la vida. Si los empleados de nuestras casas editoras obtienen este conocimiento y llegan a arraigarse y fundamentarse en la verdad, guardarán el camino del Señor haciendo justicia y juicio. 7TI 187.1

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Los que manejan las cosas sagradas en las casas publicadoras y en cada ramo de la obra de Dios deben desplegar las mejores energías de sus facultades mentales y morales. Deben estudiar constantemente, no la voluntad del hombre, sino la voluntad de Dios. Se debe revelar su gracia en toda la obra que realizan. 7TI 187.2

Debemos ser “en lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor”. Romanos 12:11. Seamos diligentes en nuestro trabajo; pero con esta energía debe mezclarse otro elemento: un celo viviente en el servicio de Dios. Debemos mezclar devoción, piedad y santidad con nuestro trabajo cotidiano. Si pretenden llevar a cabo sus actividades sin estos elementos cometen el error más grande de sus vidas, y le roban a Dios mientras profesan servirle. 7TI 187.3