Testimonios para la Iglesia, Tomo 9

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Es necesario trabajar de todo corazón

Si nuestros ministros comprendieran cuán pronto los habitantes del mundo tendrán que comparecer ante el tribunal del juicio de Dios, para dar cuenta de las obras realizadas en el cuerpo, ¡con cuánto fervor trabajarían juntamente con Dios para presentar la verdad! Cuán incansablemente trabajarían para hacer avanzar la causa de Dios en el mundo y proclamarían con sus palabras y acciones: “Mas el fin de todas las cosas se acerca”. 1 Pedro 4:7. 9TPI 120.1

“Preparaos para encontraros con vuestro Dios”, es el mensaje que debemos proclamar en todas partes. La trompeta debe emitir un sonido certero. Hay que hacer resonar la advertencia clara y distintamente: “Ha caído, ha caído la gran Babilonia... Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas”. Apocalipsis 18:2-4. Las palabras de este pasaje se cumplirán. Pronto la gran prueba vendrá sobre todos los habitantes del mundo. En ese tiempo se realizarán decisiones rápidas. Los que han sido convencidos por la presentación de la palabra se alinearán bajo el estandarte ensangrentado del Príncipe Emanuel. Verán y comprenderán como nunca antes que han perdido numerosas oportunidades para hacer el bien que debieran haber hecho. Comprenderán que no han trabajado con tanto celo como debieran haberlo hecho para buscar y salvar a los perdidos, para arrancarlos, por decirlo así, del fuego. 9TPI 120.2

Los siervos de Dios deben ser “en lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor”. Romanos 12:11. La dejación y la falta de eficiencia no son piedad. Cuando comprendamos que estamos trabajando para Dios tendremos un sentido más elevado que nunca antes del carácter sagrado del servicio espiritual. Esta comprensión introducirá vida, vigilancia y perseverancia en el cumplimiento de todo deber. 9TPI 120.3

La religión pura y sin contaminación es intensamente práctica. En la salvación de las almas, lo único que produce resultado es el trabajo ferviente y de todo corazón. Debemos convertir nuestros deberes diarios en actos de devoción que aumenten constantemente en utilidad, porque vemos nuestra obra a la luz de la eternidad. 9TPI 121.1

Nuestro Padre celestial nos ha encomendado la obra que debemos hacer. Tenemos que tomar nuestras Biblias y salir a advertir al mundo. Debemos ser las manos ayudadoras de Dios en la salvación de las almas; canales a través de los cuales su amor fluya día a día hacia los que perecen. El acto de llevar a cabo la gran obra en la que tenemos el privilegio de participar, ennoblece y santifica al verdadero obrero. Está lleno de la fe que obra por amor y purifica el alma. Nada es aburrido para el que se somete a la voluntad de Dios. “Como para el Señor” es un pensamiento que llena de encanto cualquier trabajo que Dios nos pide que hagamos. 9TPI 121.2

Llevad a cabo toda vuestra obra sobre principios estrictamente religiosos. Que vuestra ferviente pregunta sea: “¿Qué puedo hacer para agradar al Maestro?” Visitad lugares en los que los creyentes necesiten ánimo y ayuda. Preguntaos a cada paso: “¿Es éste el camino del Señor? ¿Estoy en armonía con su voluntad en espíritu, en palabra y en acción?” Si trabajáis para Dios pensando únicamente en darle gloria, vuestra obra llevará el molde divino, y estaréis llevando a cabo los propósitos del Señor. 9TPI 121.3

En vuestro estudio de la Palabra de Dios, penetrad cada vez más profundamente. Aferraos del poder divino por la fe, y buscad la profundidad de la inspiración. Llevad a vuestro ministerio el poder de Dios y recordad que tenéis su respaldo. Dejad que su amor brille a través de todo lo que hacéis y decís. Dejad que la preciosa y sencilla verdad de la Palabra de Dios brille plenamente. Humillaos delante de Dios. Cristo será vuestra eficiencia. El os ha designado como mayordomos sobre su casa, para que deis alimento a su debido tiempo. Los obreros de Cristo están muy cerca de su corazón. El desea perfeccionar su casa mediante la perfección de sus ministros. 9TPI 121.4

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Cristo es el Redentor amante y compasivo. Los hombres y las mujeres se fortalecen en su poder sustentador para resistir el mal. Cuando el pecador convencido de su culpa considera el pecado, lo ve extremadamente pecaminoso. Se pregunta por qué no acudió antes a Cristo. Comprende que tiene que vencer sus faltas, y que sus apetitos y pasiones deben ser sometidos a la voluntad de Dios, a fin de ser participante de la naturaleza divina, habiendo vencido la corrupción que hay en el mundo por la concupiscencia. Habiéndose arrepentido de su transgresión de la ley de Dios, se esfuerza con fervor para vencer el pecado. Procura revelar el poder de la gracia de Cristo y se pone en contacto personal con el Salvador. Mantiene a Cristo constantemente ante él. Orando, creyendo y recibiendo las bendiciones que necesita, se acerca cada vez más a la norma que Dios le ha fijado. En su carácter se revelan nuevas virtudes a medida que niega el yo y eleva la cruz, siguiendo hacia donde Cristo guía. Ama al Señor Jesús de todo corazón, y Cristo se convierte en su sabiduría, su justicia, su santificación y su redención. 9TPI 121.5

Cristo es nuestro ejemplo, nuestra inspiración y nuestra valiosa recompensa. “Nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios”. 1 Corintios 3:9. Dios es el Constructor principal, pero el hombre tiene una parte a su cargo. Debe cooperar con Dios. “Somos colaboradores de Dios”. Nunca lo olvidéis. “Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad”. Filipenses 2:12-13. El poder milagroso de la gracia de Cristo se manifiesta en la creación en el hombre de un nuevo corazón, de una vida más elevada, de un entusiasmo santo. Dios dice: “Os daré corazón nuevo”. Ezequiel 36:26. ¿No es esto, la renovación del hombre, el mayor milagro que pueda realizarse? ¿Hay algo que el agente humano no pueda hacer cuando por la fe se aferra del poder divino? 9TPI 122.1

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Recordad que vuestro poder y vuestra victoria se encuentran en trabajar con Cristo como vuestro Salvador personal. Esta es la parte que todos debemos llevar a cabo. Cristo es el camino, la verdad y la vida. El declara: “Separados de mí nada podéis hacer”. Juan 15:5. Y el alma arrepentida y creyente responde: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. Filipenses 4:13. Los que hacen esto reciben esta seguridad: “A todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”. Juan 1:12. 9TPI 122.2