Testimonios para la Iglesia, Tomo 2

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Laboriosidad y ahorro

Estimados Hno. y Hna. R,

He tratado de encontrar una oportunidad de escribiros, pero he estado enferma, imposibilitada de escribir a nadie. Pero trataré de escribir unas pocas líneas esta mañana. 2TI 384.2

Cuando se me mostraron los deberes del pueblo de Dios con respecto a los pobres, especialmente las viudas y los huérfanos, se me mostró que mi esposo y yo corríamos el riesgo de tomar sobre nosotros cargas que Dios no nos había asignado, y de ese modo disminuir nuestro vigor y fuerza al aumentar nuestras preocupaciones y afanes. Vi que mi esposo iba más allá en vuestro caso que lo que era su obligación. El interés que puso en vosotros lo llevó a tomar respcnsabilidades que estaban más allá de sus obligaciones, lo que no ha sido beneficioso para vosotros, sino que ha fomentado una tendencia a depender de vuestros hermanos. Esperáis que os ayuden y brinden favores, mientras que no trabajáis tanto como ellos, ni ahorráis en todo momento como ellos consideran que es su obligación. 2TI 384.3

Se me mostró que vosotros, hermano y hermana, tenéis mucho que aprender. No habéis vivido de acuerdo con vuestros recursos. No habéis aprendido a ahorrar. Si ganáis un salario alto, no sabéis cómo hacerlo durar lo más posible. Os dejáis llevar por el gusto o el apetito en lugar de la prudencia. A veces gastáis dinero en alimentos de tal calidad que vuestros hermanos no pueden darse el gusto de pagar. Los dólares se escapan de vuestros bolsillos muy fácilmente. 2TI 384.4

La hermana R tiene una salud delicada. Complace su apetito y recarga demasiado su estómago. Le exige demasiado al comer en exceso e ingerir alimentos de una calidad que no es la más apropiada para nutrir su organismo. Come sin moderación y hace poco ejercicio; de este modo le exige demasiado a su organismo. De acuerdo con la luz que Dios nos ha dado, los alimentos sencillos son los mejores para asegurar una buena salud y vigor. El ejercicio es necesario para su salud. 2TI 385.1

Todavía debéis ambos aprender lo que significa la abnegación. Controle el apetito, hermano R. Dios lo ha dotado de vigor: un capital que vale más que el dinero y que debiera apreciarse mucho más. El vigor no puede comprarse con oro ni plata, propiedades ni tierras. La suya es una gran posesión. Dios requiere que utilice con criterio el capital de vigor con que lo ha bendecido. Usted es tan mayordomo de Dios como el hombre que tiene un capital en dinero. Es tan incorrecto que no aproveche su vigor del mejor modo como que un hombre rico retenga codiciosamente sus riquezas porque así le complace hacerlo. Usted no hace el esfuerzo necesario para mantener a su familia. Puede trabajar y así lo hace si se le presenta un trabajo conveniente a mano, pero no se esfuerza en ponerse a trabajar considerando que es su deber utilizar su tiempo y vigor del modo más provechoso y en el temor de Dios. 2TI 385.2

Sus negocios a veces le brindaron grandes ganancias a corto plazo. Después de reunir un considerable capital, no se preocupó por ahorrar para cuando no fuera tan fácil ganar dinero, sino que invirtió mucho en necesidades imaginarias. Si usted y su esposa hubieran comprendido que Dios les imponía la obligación de negarse los gustos y deseos, y hacer provisión para el futuro en vez de vivir solamente para el presente, podrían ahora haber estado en una buena condición económica y vuestra familia podría haber gozado de las comodidades de la vida. Tenéis que aprender una lección en la que debéis poner todo vuestro empeño: ser ahorrativos. 2TI 385.3

La hermana R ha dependido demasiado de su esposo. Toda su vida ha necesitado la simpatía de los demás, preocupándose por sí misma y colocándose en el centro de atracción. Ha sido mimada demasiado, y no ha aprendido a depender de sí misma. No ha brindado a su esposo la ayuda que podría haberle brindado en las cosas temporales o espirituales. Debe aprender a soportar las enfermedades y no darles la importancia que les da. Debe librar las batallas de la vida por sí misma; tiene una responsabilidad individual. 2TI 385.4

Hermana R, su vida ha sido un error. Ha sentido placer en leer cualquier cosa. Su mente no se ha beneficiado con tanta lectura. Al seguir ávida y apresuradamente el argumento de los relatos excita sus nervios. Si sus hijos interrumpen estas lecturas, les habla irritada e impacientemente. No ejerce el control propio, y por lo tanto no logra sujetar a sus hijos con una mano firme y serena. Se guía por sus impulsos. Los mima y es indulgente con ellos, y luego se irrita y los reprende y se comporta severamente con ellos. Este comportamiento variable es perjudicial para ellos. Necesitan una mano firme y serena porque son díscolos. Necesitan una disciplina constante, sabia y juiciosa. 2TI 386.1

Usted podría ahorrarse muchas perplejidades si asumiera su rol de mujer y obrara por principio, no por impulso. Supone que su esposo debe estar con usted, que no puede quedarse sola. Debiera comprender que su deber es trabajar para mantener a su familia. Debiera poner voluntad en controlar sus deseos y no hacer que su esposo sienta que debe acomodarse a sus necesidades. Usted tiene que compartir las cargas de la vida. Debe tener valor y ser fuerte. Sea una mujer, no una niña caprichosa. Usted ha sido mimada y otros le han llevado sus cargas demasiado tiempo. Es ahora su deber negarse a complacer sus deseos y actuar por principio, por el bien presente y futuro de su familia. No está bien; pero si cultivara un espíritu contento y alegre, esto la ayudaría a tener un mejor dominio de esta vida y de la vida futura. 2TI 386.2

Hermano R, es su deber utilizar el vigor que Dios le ha dado cuidadosa y juiciosamente. Hermana R, su cerebro está extenuado y sobrecargado por la lectura. No debiera permitirse abarrotar su mente con todo lo que pueda leer. No ha aprovechado su vida del mejor modo. No se ha beneficiado a sí misma, ni a los que la rodean. Ha dependido de su madre más de lo que podría haber sido beneficioso para usted. Si hubiese dependido más de sus propias fuerzas, hubiera sido más feliz. Ahora debiera llevar sus propias cargas del mejor modo posible, y alentar a su esposo para que también lleve las suyas dedicándose animosamente a su trabajo. 2TI 386.3

Si se hubiera rehusado a satisfacer su gusto por la lectura y su necesidad de complacencia propia, hubiera dedicado más tiempo a un prudente ejercicio físico, y se hubiera alimentado cuidadosamente con comida apropiada y sana, se hubiese evitado mucho sufrimiento. Parte de este sufrimiento ha sido imaginario. Si hubiera esforzado la mente para resistir la tendencia a dejarse vencer por sus dolencias, no hubiera tenido ataques de nervios. Debiera olvidarse de usted misma y ocupar la mente en las tareas del hogar, en mantener la casa en orden, con prolijidad y buen gusto. La demasiada lectura y el permitir que su mente se distraiga con cosas pequeñas, la ha llevado a descuidar a sus hijos y sus deberes domésticos. Estas son precisamente las obligaciones que Dios le ha impuesto. 2TI 387.1

Usted se ha compadecido mucho de sí misma. Se ha ocupado de sí misma y ha persistido mucho en sus sentimientos negativos. Hermana mía, coma menos. Haga trabajo físico, y dedique su mente a las cosas espirituales. Evite que su mente se espacie en sus problemas. Cultive un espíritu contento y alegre. Usted habla demasiado de cosas intrascendentes. Con esto no obtiene fuerza espiritual. Si la energía gastada en conversación la dedicara a la oración, recibiría fuerza espiritual y alabaría a Dios en su corazón. 2TI 387.2

Usted se ha regido por los sentimientos, no por deberes y principios. Se ha dejado llevar por un sentimiento de nostalgia por su hogar paterno, y ha perjudicado su salud con un espíritu de desasosiego. Sus hábitos de vida no son sanos. Necesita reformarse. Ninguno de los dos está dispuesto a trabajar como los demás, ni a comer como sus hermanos. Si tienen recursos que gastar, los gastan sin miramientos. Es su deber ahorrar. 2TI 387.3

En contraste con su caso se me mostró el de la hermana S. Ella es débil de salud y tiene dos hijos que mantener con su trabajo de costura, que es muy mal pagado. Por años no recibió prácticamente ninguna ayuda. Sufrió de mala salud, sin embargo llevó sus propias cargas. Ella era realmente digna de ayuda. Ahora fíjese en su caso: Un hombre con una familia pequeña y con un buen capital de fuerza, no obstante constantemente endeudado y dependiendo de otros. Esto está mal. Usted tiene lecciones que aprender. En el caso de la hermana S, el ahorro es su lucha por la vida. Aquí está usted con la vigorosa energía de un hombre, y sin embargo no se mantiene por sí mismo. Hay una tarea que tiene que realizar. Debiera tener una dieta uniforme. Viva siempre tan sencillamente como viven sus hermanos. Viva la reforma pro salud. 2TI 387.4

Jesús hizo un milagro y alimentó a cinco mil, y luego enseñó una importante lección en cuanto al ahorro: “Recoged los pedazos que sobraron, para que no se pierda nada”. Juan 6:12. Usted tiene importantes obligaciones. “No debáis a nadie nada”. Romanos 13:8. Si usted fuera débil, y estuviera incapacitado para trabajar, entonces sus hermanos tendrían la obligación de ayudarlo. En las actuales circunstancias, todo lo que necesitaba de sus hermanos cuando se mudó, fue que lo ayudaran en sus comienzos. Si fuese tan ambicioso como debiera, y usted y su esposa aceptaran vivir de acuerdo con sus recursos, no se sentirían incómodos. Usted tendrá que trabajar tanto por un salario bajo como por uno alto. La laboriosidad y el ahorro hubieran ubicado a su familia, ya con anterioridad, en una situación mucho más favorable. Dios quiere que usted sea un fiel mayordomo de su vigor. Quiere que lo use para colocar a su familia en una posición independiente y libre de necesidades. 2TI 388.1

Battle Creek, Míchigan,

22 de marzo de 1869.

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