Testimonios para la Iglesia, Tomo 5

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Nuestras reuniones campestres

Se me ha mostrado que algunas de nuestras reuniones campestres están lejos de ser lo que el Señor esperaba que fuesen. La gente no viene preparada para la visitación del Espíritu Santo de Dios. Generalmente las hermanas dedican demasiado tiempo antes de la reunión a la preparación de la vestimenta para el adorno exterior, olvidando completamente el adorno interior, que es de gran valor ante la vista de Dios. Además, se gasta mucho tiempo en cocinar innecesariamente, en la preparación de ricos pasteles y bizcochos y otras clases de alimentos que positivamente hacen daño a los que los consumen. Si nuestras hermanas proveyesen buen pan y algunas otras clases de alimentos saludables, tanto ellas como sus familias estarían mejor preparadas para apreciar las palabras de vida y serían más susceptibles a la influencia del Espíritu Santo. 5TI 152.1

Con frecuencia el estómago se recarga de comida que por lo regular no es tan corriente ni sencilla como la que se come en la casa donde la cantidad de ejercicio que se hace es dos o tres veces mayor. Esto causa que la mente entre en un estado de letargo que hace dificil apreciar las cosas eternas; y al acabarse la reunión quedan decepcionados, porque no disfrutaron más del Espíritu de Dios. 5TI 152.2

Al prepararse para las reuniones, cada persona debe examinar su corazón de cerca y concienzudamente ante el Señor. Si ha habido sentimientos desagradables, discordia o contienda en la familia, uno de los primeros actos de preparación debiera ser la confesión de las faltas los unos a los otros y la oración los unos por los otros. Humillaos ante Dios, y esforzaos con fervor para echar fuera del templo del alma todo desperdicio: toda envidia, todo celo, toda sospecha, toda crítica. “Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones. Afligíos, y lamentad, y llorad. Que vuestra risa se convierta en llanto, y vuestro gozo en tristeza. Humillaos delante del Señor, y él os exaltará”. Santiago 4:8-10. 5TI 152.3

El Señor habla; entrad en vuestro cuarto y en silencio meditad de corazón; escuchad la voz de la verdad y de la conciencia. Nada producirá más exactas opiniones acerca de uno mismo que la oración secreta. Aquel que ve en secreto y que conoce todas las cosas alumbrará vuestro entendimiento y contestará vuestras peticiones. Deberes claros y sencillos que no deben ser olvidados serán presentados ante vosotros. Haced un pacto con Dios de entregaos a vosotros mismos y todas vuestras fuerzas a su servicio. No vayáis a la reunión campestre sin haber terminado esta obra. Si no se hace en la casa, vuestra propia alma sufrirá, y otros serán seriamente afectados por vuestra frialdad, vuestro estupor y letargo espiritual. 5TI 152.4

He visto la condición del pueblo que profesa la verdad. Las palabras del profeta Ezequiel se aplican a ellos en este tiempo: “Hijo de hombre, estos hombres han puesto sus ídolos en su corazón, y han establecido el tropiezo de su maldad delante de su rostro, ¿Acaso he de ser yo en modo alguno consultado por ellos? Háblales, por tanto, y diles: Así ha dicho Jehová el Señor: Cualquier hombre de la casa de Israel que hubiere puesto sus ídolos en su corazón, y establecido el tropiezo de su maldad delante de su rostro, y viniere al profeta, yo Jehová responderé al que viniere conforme a la multitud de sus ídolos”. Ezequiel 14:3-4. 5TI 153.1

Si amamos las cosas del mundo y nos complacemos en la injusticia o tenemos comunión con las obras infructuosas de las tinieblas, hemos puesto el tropiezo de nuestra iniquidad delante de nuestro rostro y puesto ídolos en nuestro corazón. Y, a menos que mediante un esfuerzo determinado los quitemos de en medio, nunca seremos reconocidos como hijos e hijas de Dios. 5TI 153.2

He ahí la obra que deben llevar a cabo las familias antes de venir a nuestras santas convocaciones. Que los preparativos de alimentos y de vestido sean un asunto secundario, pero que el examen profundo del corazón comience en el hogar. Orad tres veces al día, y, cual Jacob, sed persistentes. El hogar es donde debéis encontrar a Jesús; luego llevadlo con vosotros a la reunión y ¡cuán preciosas serán las horas que paséis allí! Sin embargo, ¿cómo esperaréis sentir la presencia del Señor y contemplar la manifestación de su poder si olvidáis la obra individual de preparación necesaria para esa ocasión? 5TI 153.3

Por amor de vuestras almas, por amor de Cristo, y por amor a los demás, haced vuestra obra en el hogar. Orad como nunca habéis acostumbrado orar. Que vuestro corazón se quebrante ante Dios. Poned en orden vuestra casa. Preparad a vuestros hijos para esa ocasión. Enseñadles que no es de tanta importancia que aparezcan vestidos con ropa fina como lo es que aparezcan ante Dios con manos limpias y corazones puros. Quitad todo obstáculo que estorbe su camino, toda desavenencia que haya habido entre ellos mismos o entre vosotros y ellos. Al hacerlo atraeréis la presencia del Señor a vuestros hogares, los santos ángeles os acompañarán al dirigiros a la reunión, y su luz y presencia repelerán las tinieblas de los ángeles malos. Aun los incrédulos sentirán la atmósfera santa al entrar en el campamento. Oh, ¡cuánto se pierde al descuidarse esta obra importante! Podréis estar satisfechos con la predicación y sentiros animados y avivados, pero el poder de Dios que convierte y reforma no se sentirá en el corazón, y la obra no será tan profunda, cabal y duradera como debiera ser. Crucificad el orgullo y vestid el alma con la inapreciable cota de justicia de Cristo y veréis la clase de reunión que disfrutaréis. Será para vuestras almas como los portales del cielo. 5TI 153.4

La misma obra de humillación y escudriñamiento de corazón se debería también llevar a cabo en la iglesia para que las desavenencias y enojos entre los hermanos se pongan a un lado antes de comparecer ante el Señor en estas reuniones anuales. Llevad a cabo esta obra con seriedad, y no descanséis hasta que sea terminada; porque si llegáis a la reunión con vuestras dudas, vuestras murmuraciones, vuestras disputas, traéis con vosotros al campamento a los ángeles caídos y lleváis oscuridad adonde quiera que vayáis. 5TI 154.1

Se me ha mostrado que debido a la falta de esta preparación las convocaciones anuales han logrado muy poco. Los ministros casi nunca están preparados para trabajar por, Dios. Hay muchos oradores, de aquellos que pueden decir cosas cortantes y extravagantes, esforzándose por fustigar a otras iglesias y criticar sus creencias; pero hay pocos obreros seriamente dedicados al Señor. Estos oradores zaheridores y vanidosos profesan un conocimiento de la verdad más avanzado que el de todas las demás personas, pero su manera de trabajar y su celo religioso en ninguna manera corresponden a su profesión de fe. 5TI 154.2

Procuré ver la humildad de corazón que debiera siempre asentar como una vestimenta apropiada sobre nuestros ministros, pero no la llevaban. Busqué el amor profundo por las almas que el Maestro dijo que debían poseer, pero no lo tenían. Quise escuchar las oraciones fervorosas ofrecidas con lágrimas y angustia de corazón en favor de los impenitentes e incrédulos en sus propios hogares y en la iglesia, pero no se escuchaba ninguna. Quise escuchar las plegarias hechas en demostración del Espíritu, pero faltaban. Busqué a los portadores de cargas, que en un tiempo como éste debieran estar llorando entre la entrada y el altar, diciendo: Perdona, oh Jehová, a tu pueblo, y no entregues al oprobio tu heredad; pero no escuché semejantes súplicas. Unos pocos que son fervientes y humildes buscaban al Señor. En algunas de estas reuniones, uno o dos ministros sentían su responsabilidad y estaban sobrecargados como carretas bajo el peso de las gavillas; pero la mayoría de los ministros no tenían más conciencia de la santidad de su obra que los niños. 5TI 155.1

Vi lo que estas reuniones anuales pudieran ser y lo que debieran ser: reuniones de asidua labor. Los ministros deben procurar que sus corazones estén preparados antes de emprender la obra de ayudar a otros, porque el pueblo está más adelantado que muchos de los ministros. Debieran infatigablemente luchar en oración hasta que el Señor los bendiga. Cuando el amor de Dios arda sobre el altar de su corazón, no predicarán para exhibir su propio ingenio, sino para presentar a Cristo, quien quita los pecados del mundo. 5TI 155.2

En la iglesia de la primera época se enseñaba el cristianismo puro; sus preceptos fueron dictados por la voz de la inspiración; sus ordenanzas no estaban corrompidas por el artificio de los hombres. La iglesia manifestaba el espíritu de Cristo y aparecía hermosa en su sencillez. Su adorno eran los santos principios y vidas ejemplares de sus feligreses. Multitudes eran ganadas para Cristo, no por medio de la ostentación o el conocimiento, sino mediante el poder de Dios que acompañaba la simple predicación de su palabra; pero la iglesia se ha corrompido y ahora hay más necesidad que nunca de que los ministros sean conductos de luz. 5TI 155.3

Hay muchos presentadores petulantes de la verdad bíblica, cuyas almas están tan vacías del Espíritu de Dios como escasas se hallaban las colinas de Gilboa de rocío y lluvia; pero lo que necesitamos son hombres que estén ellos mismos plenamente convertidos y que puedan enseñar a otros cómo entregar sus corazones a Dios. El poder de la piedad casi ha dejado de existir en nuestras iglesias. ¿A qué se debe esto? El Señor aun espera derramar su gracia; no ha cerrado las ventanas de los cielos. Nosotros nos hemos separado de él. Necesitamos fijar el ojo de la fe sobre la cruz y creer que Jesús es nuestra fuerza, nuestra salvación. 5TI 155.4

Al ver que tan poco del peso de la obra descansa sobre los ministros y el pueblo, preguntamos: Cuando venga el Señor, ¿hallará fe en la tierra? Lo que falta es la fe. Dios posee abundancia de gracia y poder que esperan ser reclamados por nosotros; pero la razón porque no sentimos nuestra gran necesidad es que nos miramos a nosotros mismos y no a Jesús. No exaltamos a Jesús y no confiamos enteramente en sus méritos. 5TI 156.1

Ojalá me fuera posible grabar en la mente de los ministros y del pueblo la necesidad de una obra de gracia más profunda y de una preparación más cabal para entrar de lleno en el espíritu y labor de nuestras reuniones campestres y que puedan recibir el mayor beneficio posible de ellas. Estas reuniones anuales pueden ser temporadas de bendición especial o pueden hacer un gran daño a la espiritualidad. Amado lector, ¿qué serán ellas para ti? Cada cual decidirá por sí mismo. 5TI 156.2

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