Obreros Evangélicos

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Las relaciones sociales

La utilidad de los predicadores jóvenes, casados o no, queda a menudo destruida por el afecto que les profesan las jóvenes. Las tales no se dan cuenta de que otros ojos se fijan en ellas y que su conducta puede perjudicar la influencia del predicador a quien dediquen tanta atención. Sería mucho mejor, tanto para ellas como para el predicador, atenerse estrictamente a las reglas de la dignidad. Por no hacerlo ellas, queda el predicador en situación desagradable, pues a causa de ello, hay quienes lo consideran desfavorablemente por error. OE 135.1

Pero el peso de este asunto incumbe a los predicadores mismos. Ellos deben demostrar disgusto por tales atenciones; y si siguen la conducta que Dios quiere que sigan, no serán molestados mucho tiempo. Deben rehuir toda apariencia de mal; y cuando dan con jóvenes muy sociables es deber suyo dejar ver a las tales jóvenes que esto no les agrada. Deben repeler los avances, aun cuando sean tenidos por groseros, a fin de evitar oprobio a la causa. Las jóvenes que hayan sido convertidas a la verdad y a Dios, escucharán la reprensión, y se reformarán. OE 135.2

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Las bromas, los chistes y la conversación mundana pertenecen al mundo. Los cristianos que tienen la paz de Dios en sus corazones, estarán alegres y felices sin entregarse a la ligereza o frivolidad. Mientras velen en oración, tendrán una serenidad y paz que los elevarán por encima de todas las superfluidades. OE 135.3

El misterio de la piedad, revelado a la mente del ministro de Cristo, le levantará por encima de los goces terrenos y sensuales. Será partícipe de la naturaleza divina, habiendo escapado a la corrupción que reina en el mundo por la concupiscencia. La comunicación abierta entre Dios y su alma lo hará fructífero en el conocimiento de la voluntad de Dios, y abrirá ante él tesoros de temas prácticos que él podrá presentar a la gente, sin que causen ligereza ni la sombra de una sonrisa, sino que serenarán la mente, conmoverán el corazón, y despertarán las sensibilidades morales acerca de los derechos sagrados que tiene Dios sobre los afectos y la vida. Los que trabajan en palabra y doctrina deben ser hombres de Dios, de vida y corazón puros.—Testimonies for the Church 3:241. OE 136.1

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Se levantan, para entrar en la obra de Dios, jóvenes entre quienes hay algunos que tienen escaso sentido del carácter sagrado y la responsabilidad de la obra. Tienen tan sólo poca experiencia en cuanto a ejercer la fe, y poseer el ferviente anhelo del Espíritu de Dios, que siempre produce resultados. Algunos hombres muy capaces, que podrían ocupar puestos importantes, no saben de qué espíritu están animados. Siguen modales joviales tan naturalmente como el agua fluye hacia abajo. Hablan de cosas sin sentido y juegan con niñas, mientras escuchan casi diariamente las verdades más solemnes y conmovedoras. Estos hombres tienen una religión de la cabeza, pero su corazón no está santificado por las verdades que oyen. Los tales no podrán nunca conducir a otros a la Fuente de las aguas vivas antes de haber bebido ellos mismos de la corriente. OE 136.2

No es ahora ocasión de ser ligeros, vanidosos o triviales. Las escenas de la historia de esta tierra han de terminar pronto. Las mentes que han estado entregadas a pensamientos livianos, necesitan cambiar. Dice el apóstol Pedro: “Por lo cual, teniendo los lomos de vuestro entendimiento ceñidos, con templanza, esperad perfectamente en la gracia que os es presentada cuando Jesucristo os es manifestado: como hijos obedientes, no conformándoos con los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; sino como aquel que os ha llamado es santo, sed también vosotros santos en toda conversación: porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.”1 OE 137.1

Los pensamientos vagos deben ceñirse y concentrarse en Dios. Los pensamientos deben obedecer a la voluntad de Dios. No debe tributarse ni esperarse alabanza; porque esto propendería a fomentar la confianza propia más bien que a aumentar la humildad, a corromper más bien que a purificar. Los hombres que están verdaderamente calificados y que sienten que han de hacer una parte en conexión con la obra de Dios, se sentirán oprimidos por un sentimiento del carácter sagrado de la obra, como un carro bajo una carga de gavillas. Ahora es el momento de hacer los esfuerzos más fervientes para vencer los sentimientos naturales del corazón carnal.—Testimonies for the Church 3:473, 474. OE 137.2

Cuando un predicador que lleva el solemne mensaje de amonestación al mundo, recibe las hospitalarias cortesías de amigos y hermanos, y descuida los deberes de pastor del rebaño, demostrando negligencia en su ejemplo y conducta, entregándose con los jóvenes a conversaciones triviales, bromas y chistes, y relatando anécdotas jocosas para hacer reír, es indigno de ser ministro del Evangelio, y necesita convertirse antes de que se le confíe el cuidado de las ovejas y de los corderos. Los predicadores que descuidan los deberes que incumben a un fiel pastor, dan pruebas de que no están santificados por las verdades que presentan a otros, y no deben ser sostenidos como obreros en la viña del Señor antes de tener un alto sentimiento del carácter sagrado de la obra del predicador.—Testimonies for the Church 3:233. OE 137.3