Obreros Evangélicos

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Las iglesias madres han de ayudar

Los miembros de las iglesias del país deben llevar en su corazón una preocupación por la obra que se lleva a cabo en las regiones lejanas. Cierto hombre de negocios norteamericano, que era un creyente* fervoroso, expresó, al conversar con un colaborador suyo, que él trabajaba para Cristo veinticuatro horas por día. OE 481.3

—En todos mis asuntos comerciales—dijo,—trato de representar a mi Maestro. En toda oportunidad, trato de ganar a otros para él. Todo el día trabajo para Cristo. Y de noche, mientras duermo, tengo un hombre que trabaja para él en China. OE 482.1

¿Por qué no se habrían de unir los miembros de una iglesia, o de varias iglesias pequeñas, para sostener a un misionero en los campos extranjeros? Si ellos quieren negarse a sí mismos, pueden hacerlo. Mis hermanos y hermanas, ¿no queréis ayudar en esta grande obra? Os ruego que hagáis algo por Cristo, y que lo hagáis ahora. Mediante el maestro a quien vuestro dinero sostendrá en un campo misionero, podrán salvarse almas que resplandecerán como estrellas en la corona del Redentor. Por pequeña que sea vuestra ofrenda, no vaciléis en traerla al Señor. La ofrenda más pequeña, dada con corazón lleno de amor hacia el Salvador, viene a ser un don sin precio, sobre el cual Dios sonríe y pone su bendición. OE 482.2

Cuando Jesús dijo acerca de la viuda: “Echó más que todos,”2 sus palabras eran ciertas, no sólo en cuanto a los motivos de la dadora, sino acerca de los resultados del donativo. Las “dos blancas, que son un maravedí,”3 han aportado a la tesorería de Dios una cantidad de dinero mucho mayor que las contribuciones de los judíos ricos. Como una corriente pequeña en su comienzo, pero que se ensancha y ahonda mientras fluye hacia el océano, la influencia de aquel pequeño donativo se ha ensanchado y ahondado al correr durante los siglos. El ejemplo de abnegación dado por la viuda pobre, obró y reaccionó sobre miles de corazones en todo país y en toda edad. Ha hecho afluir a la tesorería de Dios donativos de los encumbrados y de los humildes, de los ricos y de los pobres. Ha ayudado a sostener misiones, a establecer hospitales, a alimentar a los hambrientos y a predicar el Evangelio a los pobres. Multitudes han sido bendecidas por su acto desinteresado. Y de manera similar, todo donativo otorgado, todo acto ejecutado con el sincero deseo de glorificar a Dios, queda vinculado con los propósitos del Omnipotente, y nadie puede medir el alcance de sus resultados para el bien. OE 482.3