Obreros Evangélicos

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El cuidado en la educación de los jóvenes

El Señor me ha mostrado, de muchas maneras y en diversas ocasiones, cuán cuidadosamente debemos obrar con los jóvenes,—que se requiere el discernimiento más sutil para tratar con las mentes. Todo aquel que tenga algo que ver con la educación y preparación de los jóvenes, necesita vivir muy cerca del gran Maestro, para participar de su Espíritu y manera de trabajar. Tiene que dar lecciones que afecten el carácter y la obra de toda la vida de aquellos a quienes instruye. OE 348.2

Debe enseñarles que el Evangelio de Cristo no tolera ningún espíritu de casta, que no da lugar a juicios desfavorables acerca de los demás, lo cual tiende directamente al engreimiento. La religión de Jesús no degrada nunca al que la recibe, ni lo hace grosero y tosco; tampoco lo hace cruel en pensamientos y sentimientos hacia aquellos por quienes murió Cristo. OE 348.3

Siempre existe el peligro de atribuir demasiada importancia al asunto de la etiqueta y de dedicar mucho tiempo a la educación de modales y formas que nunca pueden ser de gran utilidad para muchos jóvenes. Algunos corren el peligro de dar suma importancia a las cosas externas, de estimar en demasía el valor de los convencionalismos. Los resultados no justificarán la pérdida de tiempo y pensamientos dedicados a estos asuntos. Algunos que están acostumbrados a dedicar mucha atención a estas cosas, manifiestan muy poco verdadero respeto o simpatía hacia nada que, por excelente que sea., deje de estar a la altura de la norma convencional que ellos han trazado. OE 349.1

Cualquier cosa que estimule la crítica maligna o la disposición a notar y exponer todo defecto o error, es mala. Fomenta la desconfianza y la sospecha, las cuales son contrarias al carácter de Cristo, y perjudiciales para la mente que las alberga. Los que se dedican a esta obra, se apartan gradualmente del verdadero espíritu del cristianismo. OE 349.2

La educación más esencial y duradera es la que desarrolla las cualidades más nobles, que estimula un espíritu de bondad universal, induciendo a los jóvenes a no pensar mal de nadie, para no juzgar e interpretar mal los motivos, las palabras y acciones. El tiempo dedicado a esta clase de instrucción producirá fruto para vida eterna. OE 349.3

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