Obreros Evangélicos

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El examen propio

En la conducta de los predicadores hay mucho que puede ser mejorado. Muchos ven y sienten su deficiencia, mas parecen ignorar la influencia que ejercen. Son conscientes de sus acciones al ejecutarlas, pero las olvidan, y por lo tanto no se reforman. OE 292.1

Sometan los predicadores sus acciones de cada día a una reflexión cuidadosa y a una recapitulación minuciosa, con el objeto de conocer mejor sus hábitos de vida. Si escudriñasen detenidamente cada circunstancia de la vida diaria, conocerían mejor sus propios motivos y los principios que los rigen. Esta recapitulación diaria de nuestros hechos, para ver si nuestra conciencia nos aprueba o condena, es necesaria para todos aquellos que quieran alcanzar la perfección del carácter cristiano. El examen detenido de muchos actos que pasan por buenas obras, aun acciones de benevolencia, revelará, cuando se los investiga detenidamente, que ellos han sido impulsados por malos motivos. OE 292.2

Muchos reciben aplausos por virtudes que no poseen. El que escudriña los corazones pesa los motivos, y muchas veces acciones calurosamente aplaudidas por los hombres son registradas por él como provenientes del egoísmo y la baja hipocresía. Cada acto de nuestra vida, ora sea excelente y digno de loor, o merecedor de censura, es juzgado por Aquel que escudriña los corazones según los motivos que lo produjeron. OE 292.3

Muchos descuidan de mirarse en el espejo que revela los defectos del carácter; y, por lo tanto, siguen abrigando deformidades y pecado, que son visibles para otros, aun cuando ellos no los entiendan. El odioso pecado del egoísmo existe en extenso grado, aun en algunos de los que profesan estar consagrados a la obra de Dios. Si ellos quisieran comparar su carácter con los requisitos de él, especialmente con la gran norma de la santa ley de Dios, descubrirían, al investigar con fervor y sinceridad, que son terriblemente faltos. Pero algunos no están dispuestos a mirar bastante lejos ni bastante hondo para ver la depravación de sus propios corazones. Son faltos en muchos respectos, y sin embargo, permanecen en voluntaria ignorancia de su culpa. OE 292.4

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Aquel que conoce bien su propio carácter, que sabe cuál es el pecado que más fácilmente lo asedia, y las tentaciones que tienen más probabilidades de vencerlo, no debe exponerse innecesariamente e invitar la tentación colocándose en el terreno del enemigo. Si el deber lo llama a actuar en circunstancias desfavorables, recibirá ayuda especial de Dios, lo cual lo fortificará especialmente para sostener un conflicto con el enemigo. OE 293.1

El conocimiento propio salvará a muchos de caer en graves tentaciones, y evitará más de una deshonrosa derrota. A fin de conocernos a nosotros mismos, es esencial que investiguemos fielmente los motivos y principios de nuestra conducta, comparando nuestras acciones con la norma de deber revelada en la Palabra de Dios. OE 293.2