Mensajes Selectos Tomo 2

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Los obreros de edad deben ser maestros y consejeros

Dios pide que sus obreros de edad actúen como consejeros, que enseñen a los jóvenes qué deben hacer en caso de emergencia. Los obreros de edad deben dar, tal como Juan, un testimonio viviente originado en una experiencia real. Y cuando estos obreros fieles vayan el descanso, con las palabras: “Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor” (Apocalipsis 14:13), deberían encontrarse en nuestros colegios hombres y mujeres capaces de tomar el estandarte y de desplegarlo en nuevos lugares. 2MS 260.3

Mientras los portaestandartes de edad avanzada permanecen en el campo, los que reciben el beneficio de sus labores deberían atenderlos y respetarlos. No los recarguéis con preocupaciones. Apreciad su consejo y sus palabras de orientación. Tratadlos como padres y madres que han soportado el peso del trabajo. Los obreros que en el pasado se han anticipado a las necesidades de la causa realizan una obra noble cuando, en lugar de llevar ellos mismos todas las cargas, las depositan sobre los hombros de hombres y mujeres jóvenes, y los educan tal como Elías educó a Eliseo. 2MS 260.4

David expresó su gratitud a Dios por la enseñanza y la dirección divinas que había recibido. “Oh Dios, me enseñaste desde mi juventud” (Salmos 71:17), declaró. Los que en la historia de la predicación del mensaje han llevado la carga y han soportado el calor del día, deben recordar que el mismo Señor que les enseñó desde su juventud, extendiéndoles esta invitación: “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí” (Mateo 11:29), y dándoles la luz de la verdad, está igualmente dispuesto a enseñar a los hombres y las mujeres jóvenes de hoy tal como estuvo dispuesto a enseñarles a ellos. 2MS 261.1

Deben ser aliviados de las cargas pesadas

Los que han soportado pesadas cargas actuarían con sabiduría si se retiraran por un tiempo para descansar. Estos fieles obreros deberían ser aliviados de toda carga pesada. Debería apreciarse la obra que pueden realizar como educadores. El Señor mismo colaborará con ellos en sus esfuerzos por enseñar a otros. Deberían dejar la lucha en manos de los que son más jóvenes; la obra futura ha de ser realizada por hombres jóvenes y fuertes. La obra está bajo el control del Autor y Consumador de nuestra fe. El dará habilidad a hombres que sepan aprovechar las oportunidades. Hará surgir a los que puedan pelear sus batallas. Nunca deja su obra librada al azar. Esta obra es grande y solemne, y debe proseguir. 2MS 261.2

No es la voluntad de Dios que los padres de su causa utilicen la vitalidad que les queda para llevar pesadas cargas. Que los hombres jóvenes soporten todas las responsabilidades que puedan, y que peleen virilmente la buena batalla de la fe. El Señor sabe mejor a quiénes elegir para que lleven a cabo su obra, mejor que los hombres más sabios, por mucho interés que manifiesten. Es Dios quien implanta su Espíritu en los corazones de los hombres jóvenes y quien los guía para que luchen por él frente a grandes desventajas. El inspiró a Saulo de Tarso, quien, con todas las capacidades que había recibido por la verdad revelada del cielo, luchó contra apóstatas, que eran quienes deberían haberlo apoyado. Los siervos de Dios de la actualidad tendrán que hacer frente a las mismas dificultades que Pablo enfrentó. Esa misma experiencia la tuvieron algunos que hoy levantan el estandarte de la verdad. Tales hombres son los que pueden permanecer firmes en defensa de la verdad. Si prosiguen aprendiendo, Dios podrá utilizarlos para vindicar su ley. 2MS 261.3

Los jóvenes deben unirse con los obreros experimentados

Que los obreros de edad no piensen que ellos deben llevar todas las responsabilidades y todas las cargas. Constantemente se están abriendo nuevos campos donde podemos trabajar. Que los jóvenes se unan con obreros experimentados que comprenden las Escrituras, que durante mucho tiempo han sido hacedores de la Palabra, que han llevado la verdad a la vida práctica, que han confiado diariamente en Cristo, que buscan al Señor tal como lo buscó Daniel. Daniel oraba a Dios tres veces por día. Sabía que Uno cuyo consejo es poderoso era la fuente de sabiduría y de poder. Su arma de guerra era la verdad tal como se encuentra en Jesús: la espada de dos filos del Espíritu. 2MS 262.1

Los hombres que han puesto su confianza en Dios constituyen un ejemplo, para los jóvenes que se relacionan con ellos, en palabra, en espíritu y en principios. Estos fieles siervos de Dios deben relacionarse con hombres jóvenes y unirse a ellos con el vínculo del amor, porque ellos mismos han sido atraídos hacia los jóvenes por las cuerdas del amor de Cristo.—The Review and Herald, 20 de marzo de 1900. 2MS 262.2