La Historia de la Redención

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El regreso a Canaán

En ausencia de Labán, Jacob tomó su familia y todo lo que tenía y partió. Cuando ya se encontraba a tres días de camino, Labán se enteró de que se había ido, y se enojó mucho. Lo persiguió decidido a traerlo de vuelta a la fuerza. Pero el Señor se compadeció de Jacob, y cuando Labán ya estaba por alcanzarlo, le dio un sueño a éste en el cual le dijo que no le hiciera nada a Jacob, es decir, no debía obligarlo a volver ni instarlo a hacerlo mediante declaraciones lisonjeras. Cuando Labán se encontró con Jacob le preguntó por qué se había ido sin avisar llevándose a sus hijas como si fueran prisioneras de guerra. Labán le dijo: “Poder hay en mi mano para haceros mal; mas el Dios de tu padre me habló anoche diciendo: guárdate que no hables a Jacob descomedidamente”. Entonces éste detalló a Labán la conducta egoísta que había tenido hacia él, puesto que sólo había tomado en cuenta su propio beneficio. Llamó la atención de su tío a la rectitud de su conducta mientras estuvo con él y le dijo: “Nunca te traje lo arrebatado por las fieras: yo pagaba el daño; lo hurtado así de día como de noche a mí me lo cobrabas. De día me consumía el calor, y de noche la helada, y el sueño huía de mis ojos. Así he estado veinte años en tu casa; catorce años te serví por tus dos hijas, y seis años por tu ganado, y has cambiado mi salario diez veces. Si el Dios de mi padre, Dios de Abraham y temor de Isaac, no estuviera conmigo, de cierto me enviarías ahora con las manos vacías; pero Dios vio mi aflicción y el trabajo de mis manos, y te reprendió anoche”. HR 93.1

Entonces Labán aseguró a Jacob que tenía interés en sus hijas y en sus nietos, y que no les haría ningún mal. Propuso que formalizaran un pacto. En ese momento dijo Labán: “Ven, pues, ahora y hagamos pacto tú y yo, y sea por testimonio entre tú y yo. Entonces Jacob tomó una piedra, y la levantó por señal. Y dijo Jacob a sus hermanos: Recoged piedras. Y tomaron piedras e hicieron un majano, y comieron allí sobre aquel majano”. HR 94.1

Y Labán dijo: “Atalaye Jehová entre tú y yo, cuando nos apartemos el uno del otro. Si afligieres a mis hijas, o si tomares otras mujeres además de mis hijas, nadie está con nosotros; mira, Dios es testigo entre nosotros dos”. HR 94.2

Jacob hizo un solemne pacto delante del Señor en el sentido de que no tomaría otras esposas. “Dijo más Labán a Jacob: He aquí este majano y he aquí esta señal que he erigido entre tú y yo. Testigo sea este majano, testigo sea esta señal, que ni yo pasaré de este majano contra ti ni tú pasarás de este majano y de esta señal contra mí, para mal. El Dios de Abraham y el Dios de Nacor juzgue entre nosotros, el Dios de sus padres. Y Jacob juró por aquel a quien temía Isaac su padre”. HR 94.3

Cuando prosiguió su camino, ángeles le salieron al encuentro. Y cuando los vio, dijo: “Campamento de Dios es éste”. Vio a los ángeles de Dios en un sueño acampados en torno del de él. Entonces envió un humilde y conciliador mensaje a su hermano Esaú: “Y los mensajeros volvieron a Jacob, diciendo: Vinimos a tu hermano Esaú, y él también viene a recibirte, y cuatrocientos hombres con él. Entonces Jacob tuvo gran temor, y se angustió; y distribuyó el pueblo que tenía consigo, y las ovejas y las vacas y los camellos, en dos campamentos. Y dijo: Si viene Esaú contra un campamento y lo ataca, el otro campamento escapará. HR 94.4

“Y dijo Jacob: Dios de mi padre Abraham, y Dios de mi padre Isaac, Jehová, que me dijiste: Vuélvete a tu tierra y a tu parentela, y yo te haré bien; menor soy que todas las misericordias y que toda la verdad que has usado para con tu siervo; pues con mi cayado pasé este Jordán, y ahora estoy sobre dos campamentos. Líbrame ahora de la mano de mi hermano, de la mano de Esaú, porque le temo; no venga acaso y me hiera la madre con los hijos. Y tú has dicho: Yo te daré bien, y tu descendencia será como la arena del mar, que no se puede contar por la multitud”. HR 95.1