La Historia de la Redención

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La traslación de Enoc

Enoc crecía en espiritualidad a medida que se comunicaba con Dios. Su rostro irradiaba un fulgor santo que perduraba mientras instruía a los que escuchaban sus palabras llenas de sabiduría. Su apariencia digna y celestial llenaba de reverencia a la gente. El Señor amaba a Enoc porque éste lo seguía consecuentemente, aborrecía la iniquidad y buscaba con fervor el conocimiento celestial para cumplir a la perfección la voluntad divina. Anhelaba unirse aun más estrechamente a Dios, a quien temía, reverenciaba y adoraba. El Señor no podía permitir que Enoc muriera como los demás hombres; envió pues a sus ángeles para que se lo llevaran al cielo sin que experimentara la muerte. En presencia de los justos e impíos Enoc fue retirado de entre ellos. Los que lo amaban pensaron que Dios podía haberlo dejado en alguno de los lugares donde solía retirarse, pero después de buscarlo diligentemente, en vista de que no lo pudieron encontrar, informaron que no estaba en ninguna parte, pues el Señor se lo había llevado. HR 61.2

Mediante la traslación de Enoc, descendiente del caído Adán, el Altísimo nos enseña una lección de suma importancia: que todos los que por fe confían en el Sacrificio prometido y obedecen fielmente sus mandamientos serán recompensados. Aquí se presentan nuevamente las dos clases que existirían hasta la segunda venida de Cristo: los justos y los malvados, los rebeldes y los leales. Dios recordará a los justos, los que lo temen. Los respetará, honrará y les dará la vida eterna por causa de su amado Hijo. Pero a los malvados, que pisotean su autoridad, los destruirá y los eliminará de la tierra, y serán como si nunca hubieran existido. HR 62.1

Puesto que Adán cayó de su estado de perfecta felicidad al de miseria y pecado, corría el peligro de que se desalentara y se preguntase: “¿Qué aprovecha que guardemos su ley, y que andemos afligidos en presencia de Jehová de los ejércitos” (Malaquías 3:14), puesto que una pesada maldición descansa sobre la raza humana, y la muerte es la suerte de todos nosotros? Pero las instrucciones que Dios dio a Adán, y que fueron repetidas por Set y ejemplificadas por Enoc, eliminaron las tinieblas y la oscuridad, y dieron al hombre la esperanza de que así como por medio de Adán vino la muerte, por medio de Jesús, el Redentor prometido, vendrían la vida y la inmortalidad. HR 62.2

Mediante el caso de Enoc se enseñó a los descorazonados fieles que aunque estaban entre gente corrupta y pecadora, que vivía en abierta y osada rebelión contra Dios, su Creador, si obedecían y tenían fe en el Redentor prometido podrían vivir una vida justa como el fiel Enoc, serían aceptados por el Señor y finalmente llegarían al trono celestial. HR 62.3

Enoc, que se apartó del mundo y dedicó mucho tiempo a la oración y la comunión con Dios, representa a los fieles de los últimos días, que se apartarán del mundo. La injusticia prevalecerá en proporción terrible sobre la tierra. Los hombres se entregarán a toda imaginación de sus corrompidos corazones para llevar a cabo su filosofía engañosa y su rebeldía contra la autoridad del cielo. HR 63.1

El pueblo de Dios se apartará de las costumbres injustas de los que los rodean y buscará la pureza de pensamiento y santa conformidad con la voluntad divina hasta que su excelsa imagen se refleje en él. Como Enoc, se estarán preparando para la traslación al cielo. Mientras se esfuerzan por instruir y amonestar al mundo, no se amoldarán al espíritu y las costumbres de los incrédulos, sino que los condenarán mediante su santa manera de vivir y su ejemplo piadoso. La traslación de Enoc poco antes de la destrucción del mundo por medio del diluvio representa la traslación de todos los justos que vivirán en la tierra antes de la destrucción de ésta por medio del fuego. Los santos serán glorificados en presencia de los que los odiaron por su leal obediencia a los justos mandamientos de Dios. HR 63.2