La Historia de la Redención

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La mudanza de los tiempos y la ley

Al eliminar el detector de errores, Satanás obró de acuerdo con su voluntad. La profecía declaraba que el papado pensaría en “cambiar los tiempos y la ley”. Daniel 7:25. No se demoró en intentar esa obra. Para permitir que los paganos se convirtieran y encontraran un sustituto de los ídolos que adoraban, y para promover de ese modo la aceptación nominal del cristianismo, se introdujo gradualmente en el culto cristiano la adoración de imágenes y reliquias. El decreto de un concilio general finalmente confirmó ese sistema de idolatría papal. Para completar su obra impía, Roma pretendió eliminar el segundo mandamiento de la ley de Dios, que prohíbe la adoración de imágenes, y dividió el décimo mandamiento en dos para conservar el número exacto. HR 344.1

Esa actitud de retroceso ante el paganismo abrió el camino para apartarse aún más de la autoridad del cielo. Satanás atacó al cuarto mandamiento también, y trató de poner a un lado el antiguo sábado, que Dios había bendecido y santificado, para exaltar en su lugar la fiesta que guardaban los paganos con el nombre de “venerable día del sol”. Al principio ese cambio no se llevó a cabo abiertamente. En los primeros siglos todos los cristianos guardaban el sábado. Cuidaban celosamente el honor de Dios, y como creían que su ley era inmutable, conservaban religiosamente el carácter sagrado de sus preceptos. Pero con gran sutileza Satanás obró por medio de sus instrumentos para lograr sus propósitos. Para que la atención de la gente se dirigiera al domingo, lo convirtió en una festividad en honor de la resurrección de Cristo. Se celebraban servicios religiosos ese día; no obstante, se lo consideraba aún como un día de recreación, y el sábado seguía siendo guardado religiosamente. HR 345.1

Constantino, pagano aún, promulgó un decreto para apoyar la observancia general del domingo como una festividad pública en todo el Imperio Romano. Después de su conversión siguió siendo un ferviente abogado del domingo, y su edicto pagano fue puesto en vigencia en provecho de su nueva fe. Pero el honor manifestado hacia ese día no era suficiente para impedir que los cristianos consideraran que el sábado era el día santo del Señor. Había que dar otro paso más; el falso día de reposo debía ser exaltado para lograr su igualdad con el verdadero. Pocos años después de la promulgación del decreto de Constantino, los obispos de Roma le confirieron al domingo el título de día del Señor. De ese modo se indujo a la gente gradualmente a que considerara que poseía un cierto grado de santidad. No obstante, se seguía guardando el sábado original. HR 345.2

El archiengañador no había terminado su obra. Estaba resuelto a reunir al mundo cristiano bajo su estandarte, y a ejercer su poder por medio de su representante, el orgulloso pontífice que pretendía ser el representante de Cristo. Logró cumplir sus propósitos por medio de paganos semiconvertidos, prelados ambiciosos y miembros de iglesia mundanos. Se celebraron grandes concilios, de vez en cuando, a los que concurrían dignatarios de la iglesia procedentes de todas partes del mundo. En casi cada uno de ellos se degradaba un poco más el sábado que Dios había instituido, mientras en forma proporcional se exaltaba el domingo. De ese modo la festividad pagana finalmente llegó a ser honrada como una institución divina, mientras al sábado de la Biblia se lo declaró reliquia del judaísmo, y se insistió en que su observancia era maldita. HR 346.1

El gran apóstata logró éxito al exaltarse a sí mismo “contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto”. 2 Tesalonicenses 2:4. Se había atrevido a cambiar el único precepto de la ley divina que en forma inconfundible señala a todas la humanidad al Dios verdadero y viviente. En el cuarto mandamiento el Señor se presenta como Creador de los cielos y la tierra, y por lo tanto como distinto de todos los dioses falsos. El séptimo día fue santificado para que fuera un día de reposo para el hombre, como un monumento de la obra de la creación. Se lo instituyó para que mantuviera al Dios viviente siempre delante de las mentes como la fuente de todo ser y objeto de reverencia y culto. Satanás trató de desviar a los hombres para que no manifestaran lealtad a Dios ni rindieran obediencia a su ley; por lo tanto dirigió sus esfuerzos especialmente contra ese mandamiento que señala a Dios como Creador. HR 346.2

Los protestantes insisten ahora en que la resurrección de Cristo en domingo es el origen del día de reposo cristiano. Pero no hay evidencias bíblicas para esto. Ni Cristo ni los apóstoles le dieron tal honor a ese día. La observancia del domingo como institución cristiana tiene sus orígenes en el “misterio de la iniquidad” que, ya en los días de Pablo, había comenzado a obrar. ¿Dónde y cuándo adoptó el Señor a este hijo del papado? ¿Qué razones valederas se pueden presentar para justificar un cambio acerca del cual las Escrituras guardan silencio? HR 347.1

En el siglo VI el papado ya estaba firmemente establecido. La sede de su poder se hallaba en la ciudad imperial, y se declaró que el obispo de Roma era la cabeza de toda la iglesia. El paganismo había cedido su lugar al papado. El dragón había dado a la bestia “su poder y su trono, y grande autoridad”. Apocalipsis 13:2. Y entonces comenzaron los 1.260 años de opresión papal predichos en las profecías de Daniel y Juan. Daniel 7:25; Apocalipsis 13:5-7. Los cristianos se vieron obligados a elegir entre renunciar a su integridad y aceptar las ceremonias y el culto católico, o pasarse la vida en las mazmorras, o morir en el potro, entre rejas o víctimas del hacha del verdugo. Entonces se cumplieron las palabras de Jesús: “Mas seréis entregados aun por vuestros padres, y hermanos, y parientes, y amigos; y matarán a algunos de vosotros; y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre”. Lucas 21:16, 17. La persecución se desató sobre los fieles con mayor furia que antes, y el mundo se convirtió en un vasto campo de batalla. Por cientos de años la iglesia de Cristo encontró refugio escondiéndose y en la oscuridad. Así dice el profeta: “Y la mujer huyó al desierto, donde tiene lugar preparado por Dios, para que allí la sustenten por mil doscientos sesenta días”. Apocalipsis 12:6. HR 347.2