La Historia de la Redención

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El primer congreso de la asociación general

Algunos judíos de Judea produjeron una consternación general entre los creyentes gentiles al agitar el asunto de la circuncisión. Afirmaban con gran seguridad que nadie se salvaría si no era circuncidado ni guardaba toda la ley ceremonial. HR 319.1

Este era un asunto importante que afectaba en gran medida a la iglesia. Pablo y Bernabé lo enfrentaron con prontitud y se opusieron a la introducción del asunto entre los gentiles. Tenían la oposición de los creyentes judíos de Antioquía que estaban de parte de los de Judea. El problema produjo mucha discusión y falta de armonía en la iglesia, hasta que finalmente los hermanos de Antioquía, temerosos de que pudiera producirse una división entre ellos como resultado de discutir más este asunto, decidieron enviar a Pablo y Bernabé, junto con algunos hombres responsables de Antioquía, a Jerusalén, para presentar la situación delante de los apóstoles y ancianos. Allí deberían encontrarse con delegados de diferentes iglesias, y con los que vendrían para asistir a las próximas festividades anuales. Mientras tanto debía cesar toda discusión hasta que los hombres responsables de la iglesia hicieran una decisión final. Esta decisión debía ser aceptada universalmente entonces por todas las iglesias de la comarca. HR 319.2

Al llegar a Jerusalén los delegados de Antioquía relataron a la asamblea de las iglesias el éxito que había acompañado a su ministerio y la confusión resultante del hecho de que ciertos fariseos convertidos afirmaban que los conversos gentiles debían circuncidarse y guardar la ley de Moisés para salvarse. HR 319.3

Los judíos se habían enorgullecido de sus ceremonias divinamente señaladas; y habían llegado a la conclusión de que si Dios en una oportunidad había determinado cómo debía ser el culto hebreo, era imposible que autorizara jamás cambio alguno en cualquiera de sus detalles. Resolvieron que la cristiandad observara las leyes y ceremonias judías. Eran lentos para darse cuenta del fin de lo que había sido abolido por el deceso de Cristo, y para comprender que todos los sacrificios prefiguraban la muerte del Hijo de Dios, en la cual el tipo se había encontrado con su antitipo, quitándole todo valor a las ceremonias divinamente señaladas y a los sacrificios de la religión judía. HR 320.1

Pablo se había enorgullecido de su estrictez farisaica; pero después de la revelación de Cristo en el camino a Damasco la misión del Salvador y su propia obra para la conversión de los gentiles irrumpió con claridad en su mente, y comprendió en su plenitud la diferencia que existe entre una fe viviente y un muerto formalismo. Pablo seguía creyendo que era hijo de Abrahán, y guardaba los Diez Mandamientos, tanto en la letra como en el espíritu, tan fielmente como lo había hecho antes de su conversión al cristianismo. Pero sabía que las ceremonias típicas debían cesar totalmente y bien pronto, puesto que lo que prefiguraban ya había acontecido, y la luz del Evangelio estaba difundiendo su gloria sobre la religión judía, proporcionándole un nuevo significado a sus antiguos ritos. HR 320.2

El asunto sometido a la consideración del concilio parecía presentar dificultades insuperables desde cualquier ángulo que se lo estudiara. Pero el Espíritu Santo en realidad ya había zanjado este problema, y de su decisión dependían la prosperidad y hasta la existencia de la iglesia cristiana. Se dio a los apóstoles gracia, sabiduría y juicio santificado para decidir este asunto tan difícil. HR 321.1