Mensajes Selectos Tomo 1

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Capítulo 34—El verbo hecho carne*

La Encarnación: Naturaleza de Cristo

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella”. “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad”. Juan 1:1-5, 14. 1MS 289.1

Este capítulo bosqueja el carácter y la importancia de la obra de Cristo. Como quien conoce el tema, Juan atribuye todo poder a Cristo y habla de su grandeza y majestad. Hace refulgir rayos divinos de preciosa verdad como la luz del sol. Presenta a Cristo como al único Mediador entre Dios y la humanidad. 1MS 289.2

La doctrina de la encarnación de Cristo en carne humana es un misterio, “el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades”. Colosenses 1:26. Es el grande y profundo misterio de la piedad. “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros”. Juan 1:14. Cristo tomó sobre sí la naturaleza humana, una naturaleza inferior a su naturaleza celestial. No hay nada que demuestre tanto como esto la maravillosa condescendencia de Dios. “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito”. Juan 3:16. Juan presenta este admirable tema con tal sencillez que todos pueden captar las ideas expuestas y ser iluminados. 1MS 289.3

Cristo no tomó la naturaleza humana en forma aparente. La tomó de verdad. En realidad, poseyó la naturaleza humana. “Por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo”. Hebreos 2:14. Era el hijo de María; era de la simiente de David de acuerdo con la ascendencia humana. Se declara de él que era hombre, el hombre Cristo Jesús. Escribe Pablo: “de tanto mayor gloria que Moisés es estimado digno éste [Cristo], cuanto tiene mayor honra que la casa el que la hizo”. Hebreos 3:3. 1MS 290.1